'Total Recall': muchas explosiones, nada de originalidad (video)
El nuevo Total Recall, con Colin Farrell y Kate Beckinsale, tiene mucha acción y poco de la ironía de la versión de 1990 con Arnold Schwarzenegger
Foto: @ Columbia Pictures
Resulta más que curioso —e irónico— que Total Recall no tenga nada de original.
Y no solo porque se trate de una nueva versión del relato We Can Remember It for You Wholesale, de Philip K. Dick, el mismo autor de las historias que dieron pie a Blade Runner o Minority Report, y que dio pie al clásico de ciencia ficción Total Recall (1990), dirigido por Paul Verhoeven y protagonizado por Arnold Schwarzenegger y Sharon Stone.
También por el hecho de que, visualmente, las referencias a producciones previas (desde las citadas Blade Runner y Minority Report, hasta títulos como Star Wars: Episode II — Attack of the Clones o I Robot) son constantes y apabullantes.
Afortunadamente para el espectador, el conjunto está en las manos precisas, aunque asépticas e impersonales, de Len Wiseman, el mismo director que se hizo cargo de Live Free or Die Hard, la cuarta entrega de la saga protagonizada por Bruce Willis, y que convirtió a su esposa, la actriz Kate Beckinsale, en una heroína del cine de acción gracias a la franquicia de Underworld, de la que él ha realizado dos capítulos.
Así, Farrell es Douglas Quaid —¿o no?— un mero empleado de una compañía con sede en The Colony, una de las dos áreas supervivientes en el planeta tras una contienda nuclear. La otra es la United Federation of Britain (UFB), dirigida con mano férrea por Cohaagen (Cranston), quien tiene como objetivo la eliminación de The Colony —algo así como el vertedero social del planeta, en su opinión—, cuya resistencia cuenta con el liderazgo del misterioso Matthias (Bill Nighy), a quien Cohaagen culpa de numerosos ataques terroristas en la UFB.
Cierto día, Quaid, aburrido ante una vida monótona —a pesar de su aparentemente feliz matrimonio con Lori (Beckinsale)— decide visitar Rekall, un establecimiento donde implantan memorias en el cerebro del cliente con el fin de hacerlo... más feliz.
Pero la situación da un giro dramático, y Quaid descubre que quizás él no es Quaid, sino un agente doble al servicio de... ¿Cohaagen o Matthias?
En Total Recall la pantalla se llena de imágenes espectaculares —fruto de un diseño de producción y unos efectos visuales excelentes—, paisajes futuristas y apocalípticos que sumergen al espectador en un mundo ciertamente fascinante —aunque, como apuntaba antes, referencial a otros filmes de ciencia ficción—.
De lo que no se llena es de la ironía que populaba la película de Verhoeven. El sentido del humor, la crítica social y la sátira política que tan bien se le daban al cineasta holandés (también inundó su Robocop de guiños similares), es sustituida en esta versión por una narrativa mucho más blandengue y tímida.
El Total Recall del siglo XXI no ha avanzado en el tiempo, más bien al contrario: se ha adaptado a una generación que no busca desafíos intelectuales o cinematográficos, y que se contenta con persecuciones, peleas y explosiones sin fin.
De eso, este filme —clasificado PG-13— sí tiene, y mucho. Demasiado.
















