June 06 2014, 9:30 PM Por: Alfonso Aguilar

Los varios intentos de La Casa Blanca para aprobar una reforma migratoria a sido imposible hasta el momento.
Al liderato demócrata en el Congreso le interesa más jugar a la política con la reforma que buscar una manera de pasarla
Inmigración
Tanto el presidente Obama como el liderato republicano del Congreso nos dicen que existe una "pequeña ventana" de tiempo para que se apruebe una reforma migratoria en la Cámara de Representantes. Y tienen razón. Si la Cámara no pasa un proyecto de reforma antes del receso del Congreso en agosto, es prácticamente imposible que se apruebe algo este año. Recordemos que a partir de septiembre los miembros de la Cámara estarán enfocados casi exclusivamente en las elecciones de noviembre.
Pero, ¿existe realmente la voluntad política en ambos partidos para hacer algo en estos dos o tres meses que nos quedan, o es esta "ventana" más bien una ilusión creada por los políticos de ambos partidos y la reforma ya está muerta? Como optimista que soy, no me atrevería a decir que la reforma está muerta, pero siendo objetivo, debo decir que definitivamente agoniza.
Basado en mi observación de cómo este tema se ha estado desarrollando en el Congreso durante los pasados meses, he llegado a la conclusión de que en estos momentos no hay un esfuerzo auténtico por parte de demócratas y republicanos para empujar un proyecto de ley de inmigración.
La Casa Blanca continúa estando totalmente ausente de toda negociación. El presidente, como ya es costumbre, sigue dando discursos sobre la importancia de que la Cámara pase una reforma, imponiendo por supuesto toda responsabilidad para que esto suceda en los republicanos, pero no ejerce su liderato como jefe de gobierno para forjar un consenso bipartidista que adelante la discusión.
El liderato demócrata del Congreso tampoco está hablando con los republicanos. Por mucho que digan Nancy Pelosi y comparsa que la reforma migratoria es el tema más importante que enfrenta el Congreso, estos no están abiertos a llegar a un acuerdo con el liderato republicano. No olvidemos que el año pasado el congresista demócrata Xavier Becerra, bajo instrucciones de Pelosi, hizo todo lo que pudo para asegurarse de que no prosperaranlos esfuerzos del grupo bipartidista de ocho congresistas que estaba negociando una reforma. Por la continuas objeciones de Becerra este grupo terminó disolviéndose.
Es evidente que al liderato demócrata en el Congreso le interesa más jugar a la política con la reforma que buscar una manera de pasarla. Prefieren incluso que la administración tome acción ejecutiva para impedir la deportación de los indocumentados a que se apruebe legislación que les dé un status legal.
Muchos demócratas piensan que si la Cámara no pasa un proyecto de inmigración, los votantes latinos culparán solamente a los republicanos y saldrán a votar en grandes números en contra de ellos en noviembre, ayudando a evitar que los republicanos amplíen su mayoría en la Cámara y retomen el Senado. Hasta ahí ha llegado el cinismo y la politiquería barata en Washington.
Los republicanos, sin embargo, no son inmunes a este mal. Aunque el líder de la Cámara de Representantes John Boehner asegura que quiere atender el tema migratorio, la mayoría de la bancada republicana se rehúsa a abordarlo este año porque pudiera antagonizar a su base más conservadora y poner en riesgo sus posibilidades de tomar el Senado de los demócratas. Y la débil excusa que dan para no actuar es que no confían que el presidente vaya a hacer cumplir la ley que pasen. Entonces,¿para qué pasar cualquier ley mientras Obama sea presidente? Cierren el Congreso y váyanse a sus casas.
Boehner, por otra parte, no está haciendo un acercamiento serio a los miembros de su delegación para convencerlos de que es importante discutir el tema este año. No se está reuniendo con ellos individualmente para conseguir su apoyo. Sus esfuerzos, como los de Obama y Pelosi, quedan finalmente en meras declaraciones públicas.
No quiere decir todo esto que no haya ningún tipo de discusión sobre la reforma en el presente. El demócrata Luis Gutiérrez y el republicano Mario Díaz-Balart están dando una batalla campal para mantener el tema vivo y poder concretar legislación que pueda pasar la Cámara. Nadie puede cuestionar su compromiso y liderato. El problema es que sin la participación activa y apoyo consistente de sus respectivos líderes es difícil que puedan tener éxito.
Solo habrá una posibilidad real de que durante esta "pequeña ventana" de tiempo se haga algo,si los líderes de ambos partidos en el Congreso empiezan a hablar entre sí y con los miembros de sus respectivas delegaciones. Para poder legislar hay que conversar, y, hasta el momento, a pesar de todos los discursos públicos de un lado y del otro, las conversaciones y negociaciones que son necesarias para que se pase un proyecto de reforma no están ocurriendo.
Los días pasan y la ventana comienza a cerrase.


March 18 2014, 9:01 PM Por: Alfonso Aguilar

Al igual que el viejo adagio sobre enseñar a un hombre a pescar, la inclusión financiera debe basarse en iniciativas que le den poder a la comunidad.
Casi la mitad de los latinos están económicamente marginados, sin acceso al crédito y a los servicios financieros
Finanzas
La inclusión financiera es fundamental para la integración de los inmigrantes en nuestra sociedad, y productos como las tarjetas de nómina prepagadas pueden ser un primer paso crítico para los trabajadores inmigrantes que no tienen acceso a la corriente principal del sistema bancario .
Desde que dirigí la Oficina de Ciudadanía de los Estados Unidos bajo la Administración del presidente George W. Bush, una de mis prioridades profesionales y personales ha sido conseguir que los inmigrantes participen plenamente de la vida de nuestra nación. La comunidad latina es el grupo minoritario más grande del país, con casi 17% de la población total. La gran mayoría de estas personas son o inmigrantes nacidos en el extranjero o hijos y nietos de inmigrantes que vinieron aquí en busca del sueño americano para progresar en la escala socioeconómica en formas en que no podrían hacerlo en sus países de origen.
Sin embargo, casi la mitad de los latinos en los Estados Unidos están económicamente marginados, viven con dinero en efectivo, sin acceso al crédito y a los servicios financieros que se necesitan para convertir ese sueño en una realidad. Como consecuencia, millones de latinos que trabajan, dependen de servicios financieros alternativos y pagan tarifas excesivas por cambiar cheques por dinero en efectivo, enviar remesas a sus familias en su país de origen y giros para pagar sus cuentas. Al final lo que queda de su cheque de nómina es una reducida cantidad de dinero en efectivo, que es irremplazable si se pierde o se lo roban.
Hay ciertas verdades sobre algunas de las críticas que hemos escuchado sobre las tarjetas de nómina prepagadas. Si no se implementan justa y sabiamente, pueden resultar en cargos excesivos y convertirse en un dolor de cabeza para los empleados que no entienden totalmente cómo funcionan. Pero, si se diseñan y aplican correctamente, las tarjetas prepagadas son un instrumento de autonomía financiera que permite que los trabajadores que no tienen una cuenta bancaria tradicional superen los problemas financieros básicos como, por ejemplo, transferir remesas electrónicamente, pagar las cuentas en línea o por teléfono móvil y experimentar la seguridad del llevar fondos asegurados en una tarjeta en lugar de la vulnerabilidad de llevar dinero en efectivo.
En este sentido, recientemente la compañía MasterCard anunció una serie de principios sobre las tarjetas de nómina pre-pagadas que establecen las mejores prácticas diseñadas para asegurar que las tarjetas de nómina se distribuyen de manera responsable y ofrezcan más servicios con menos recargos. Entre las prácticas recomendadas se encuentran: el permitir retirar dinero efectivo o hacer una transferencia de dinero libre de costo por cada período de pago, algo que para muchos significaría enviar remesas sin pagar cargos adicionales; ofrecer protección del dinero en caso de que se pierda la tarjeta, robo o fraude; brindar acceso móvil gratuito y en línea a información de la cuenta; publicar información sobre todos los costos asociados con el uso de la tarjeta; y llevar a cabo un amplio programa de educación para que los empleados sepan cómo pueden evitar o minimizar el pago de cargos adicionales.
Al igual que el viejo adagio sobre enseñar a un hombre a pescar, la inclusión financiera debe basarse en iniciativas que le den poder a la comunidad, no en programas de ayuda social manejados por el Gobierno. Si los empleadores y los emisores de tarjetas toman las recomendaciones de entidades como MasterCard en serio, las tarjetas de nómina serán reconocidas como la herramienta de poder financiero que se supone que sean. Le ahorrarán dinero y tiempo a los trabajadores y facilitarán la transición del dinero en efectivo a la conveniencia y la seguridad del comercio electrónico, un paso crítico en la ruta hacia la inclusión financiera en la corriente principal.


February 06 2014, 9:45 PM Por: Alfonso Aguilar

El presidente Obama habla del Estado de la Unión. Tras él, el vicepresidente Joe Biden (izq.) y el líder de la Cámara de Representantes John Boehner.
Aunque el discurso fue confrontacional, en cuanto al tema de la inmigración, su tono fue conciliatorio
Inmigración
Con el mensaje del Estado de la Unión del presidente Obama y con el anuncio público por parte del liderato republicano de la Cámara de Representantes de los principios que guiarán sus propuestas legislativas sobre el tema de la inmigración, podemos decir que ya empieza la discusión final entre ambos partidos sobre una posible reforma migratoria que saque a los más de 11 millones de indocumentados de las sombras.
El mensaje del Estado de la Unión es la oportunidad que tiene el Presidente para establecer sus prioridades de política pública para el año legislativo que comienza. Aunque el discurso fue confrontacional —Obama, por ejemplo, advirtió a los republicanos de que buscaría activamente atender los retos que enfrenta el país unilateralmente a través de la acción ejecutiva— en cuanto al tema de la inmigración, su tono fue conciliatorio. En vez de atacar a los republicanos por supuestamente no querer atender el problema migratorio, como tantas veces ha hecho en el pasado, el Presidente reconoció las buenas intenciones de ambos partidos de la Cámara Baja y exhortó con optimismo a pasar un proyecto de reforma este año.
Dos días más tarde, el presidente de la Cámara John Boehner circuló en retiro de la bancada republicana los mencionados principios para resolver los problemas de nuestro sistema migratorio.
La articulación de estos principios es muy importante porque demuestra el compromiso del liderato republicano en abordar el tema. Ya no debemos interpretar declaraciones públicas más o menos favorables de los líderes republicanos; ahora tenemos unos principios claros, en blanco y negro, que los comprometen. Indudablemente, estos últimos desarrollos son causa de optimismo. Sin embargo, todavía nos queda un camino difícil.
En primer lugar, habrá que ver si el presidente John Boehner logrará conseguir la mayoría de los votos de los republicanos para los proyectos de reforma migratoria que quieren aprobar. Boehner desde el año pasado dijo que seguiría la llamada regla "Hastert", una norma interna de la delegación republicana que lleva el nombre del ex presidente de la Cámara Dennis Hastert, que requiere que cualquier proyecto presentado en el pleno para votación cuente con la mayoría de los votos de la mayoría. Hoy los republicanos tienen 232 escaños en la Cámara baja por lo que Boehner necesita 117 votos de sus correligionarios para avanzar estas medidas en el pleno de la Cámara.
Aunque a primera vista esto parece difícil, la realidad es que los principios de inmigración presentados por Boehner han sido bien recibidos por muchos congresistas republicanos y da la impresión que se está creando momentum en la delegación republicana a favor de una reforma.
Por otra parte, también hay que ver si los demócratas de la Cámara van a estar dispuestos a colaborar con la mayoría republicana. Aún si la mayoría de los republicanos decide votar a favor de los proyectos de reforma, para pasar estas piezas de ley se necesitará de 75 a cien votos demócratas.
No pocos, de hecho, ya se han quejado de que la propuesta republicana no incluye un camino especial a la ciudadanía para los indocumentados.
Debe quedar claro que el plan de los republicanos no cierra la puerta a la ciudadanía a aquellos que se legalicen. Lo que propone es que si estos desean hacerse ciudadanos, deben seguir el proceso establecido por la ley actual como cualquier otra persona, lo que es un argumento legítimo. Recordemos que lo que más les importa a los indocumentados es poder regularizar su status, no hacerse ciudadanos. Por eso bajo la última reforma de envergadura que se dio bajo la Administración de Ronald Reagan en 1986, de los que se legalizaron, solo un 39 % se naturalizó.
Más aún, una reciente encuesta del Centro Hispano Pew reveló que, aunque la mayoría de los votantes hispanos favorece un camino a la ciudadanía para los indocumentados, la mayoría de ellos —un 55 %— entiende que el acabar con el riesgo de deportación es aún más importante.
Si Obama y los demócratas tratan de matar un proyecto de legalización en la Cámara porque no tiene un paso especial a la ciudadanía, demostrarían que están más interesados en usar el tema para fines políticos —para ganar nuestro voto— que en resolver el problema y sacar a los indocumentados de las sombras como quiere nuestra comunidad.
Afortunadamente, hay buenos demócratas como Luis Gutiérrez y Henry Cuéllar que están comprometidos en trabajar con los republicanos para lograr una reforma y no le van a prestar a atención a aquellos líderes demócratas que quieran politizar el tema. Si la líder de la minoría Nancy Pelosi decide torpedear caprichosamente la propuesta republicana, Gutiérrez y Cuéllar no la apoyarán y continuaran su trabajo para conseguir suficientes votos demócratas. Es evidente desde ahora que el debate sobre la reforma será un complicado juego de ajedrez político que requerirá mucha paciencia así como un deseo de buscar consenso por parte de políticos de ambos partidos. Esperemos que ambos hagan las movidas correctas.


December 23 2013, 11:00 PM Por: Alfonso Aguilar

Nancy Pelosi.
Inmigración
No soy un admirador de Nancy Pelosi. De hecho, nunca he estado de acuerdo con ella en nada. Pero, curiosamente, hace unos días dijo algo sobre lo cual tengo que darle toda la razón. En un programa dominical de análisis noticioso critico severamente la política de deportaciones masivas del presidente Obama declarándola "injusta" y reafirmando su creencia de que "si alguien esta aquí sin suficientes documentos, eso no es una razón para deportarlo".
Más claro no canta un gallo. La líder de la minoría Demócrata de la Cámara le cantó la verdad al presidente sin rodeos y sin "dorar la píldora" por el estricto régimen de deportaciones de su administración, bajo el cual cientos de miles de personas que no presentan riesgo alguno a la seguridad de nuestras comunidades han sido expulsadas del país. Este presidente, que siempre se nos ha querido vender como el amigo del inmigrante y del latino, es el presidente que más inmigrantes ha deportado desde que se comenzaron a registrar las estadísticas de deportaciones en 1892. La ironía no puede ser más grande.
Solo en el primer cuatrienio de Obama, del 2009 al 2012, se removieron más de 1.5 millones de personas, y el año pasado más de 409,000 personas fueron deportadas.
Pero, peor aún, el presidente, incumplió con su promesa de que su administración se enfocaría prioritariamente en deportar a personas que han cometido delitos graves. Las propias estadísticas del Departamento de Seguridad Interna demuestran que, en los primeros cuatro años de esta administración, más de la mitad de las personas deportadas no tenían antecedentes penales. Y, el año pasado, alrededor de un 45% de los deportados, más de 180,000 personas, no tenían record criminal grave.
El Departamento de Seguridad Interna acaba de hacer públicas las estadísticas para este año y parece que las cosas han mejorado. Aunque el número de deportaciones se mantuvo alto, más de 360,000 fueron deportadas; de las personas sin antecedes penales que fueron removidas, un 84%fueron detenidas tratando de cruzar ilegalmente la frontera. En otras palabras, no son personas que han estado dentro del país por mucho tiempo, trabajando, y que han establecido raíces profundas en el país.
Hay que reconocer que el presidente finalmente está empezando a ajustar el enfoque de las deportaciones, pero hay que admitir al mismo tiempo que el daño ya está hecho. Cientos de miles de personas buenas y honradas que habían hecho de los Estados Unidos su hogar fueron expulsadas del país innecesaria y arbitrariamente durante los pasados cuatro años, separando muchísimas familias a través de la nación.
Al presidente no le gusta que lo critiquen por esto pues quiere que los latinos solo culpen a los Republicanos por los problemas migratorios que muchos en nuestra comunidad experimentan. Es la narrativa simplista y absurda de siempre: los Republicanos son los malos y los Demócratas y yo somos los buenos.
No soy un fanático político partidista. Reconozco que hay muchos Republicanos que consideran que las deportaciones en masa están justificadas. Pero, estos no controlan el Poder Ejecutivo. El presidente es el único responsable, según la ley y nuestro sistema constitucional de gobierno, de administrar la política migratoria, incluyendo la política de deportaciones.
La realidad es que el presidente tenía toda la autoridad en ley para detener estas deportaciones y no lo hizo. La Ley de Inmigración y Nacionalidad le otorga gran discreción al Departamento de Seguridad Interna para determinar cómo proceder con inmigrantes indocumentados que son detenidos.
En el reciente caso de Arizona v. U.S., en el que el Tribunal Supremo consideró la constitucionalidad de varias disposiciones de la controvertible ley anti-inmigrante de Arizona, el Juez Kennedy dejó claro que: "una de las principales características del sistema de remoción es la amplia discreción que ejercen los oficiales de inmigración. Los oficiales federales, como asunto inicial, deben decidir si tiene sentido alguno buscar la remoción" y, más adelante, declaró, que esa "discreción en el ejecutar la ley de inmigración toma en cuenta consideraciones humanas inmediatas. Trabajadores indocumentados que están tratando de mantener a sus familias, por ejemplo, probablemente presentan menos peligro que inmigrantes que son traficantes o han cometido un crimen serio. La equidad de un caso individual dependerá de muchos factores, incluyendo si una persona tiene hijos que han nacido en los Estados Unidos, vínculos de mucho tiempo con la comunidad, o un record de servicio militar distinguido."
El presidente, en efecto, utilizó esta discreción que le da la ley para otorgarle la llamada "acción diferida" a aquellas personas que entraron al país ilegalmente cuando eran menores de edad de manera que no sean deportadas y puedan quedarse en el país a trabajar o estudiar. Si la usó para los "soñadores", la podía haber utilizado para impedir la deportación de gente trabajadora y honesta.
Es hora que el presidente deje de culpar a los Republicanos por todo lo malo que sucede a través del sistema de inmigración. Que no quepa duda: aunque las recientes estadísticas nos deben dar esperanza, el legado de este presidente como un "deportador en jefe" ya ha sido registrado por la historia.


December 12 2013, 9:01 PM Por: Alfonso Aguilar

Boehner ha insistido en las últimas semanas en que apoya la reforma migratoria pero que su bancada prefiere analizarla "por partes".
MIGRACIÓN
Contrario a lo que no pocos pesimistas y cínicos nos han venido diciendo durante los pasados meses, la reforma migratoria no está muerta en el Congreso.
Todo lo contrario, esta sigue vivita y coleando en la Cámara de Representantes y las posibilidades de que veamos acción en los primeros cuatro meses del año entrante son bastante altas.
Y realmente no nos debe sorprender esta situación.
Justo después de las elecciones de noviembre del año pasado, el presidente de la Cámara John Boehner, así como un sinnúmero de importantes líderes republicanos indicaron que el tema de la inmigración seria una prioridad para los republicanos en la Cámara Baja.
Desde entonces, Boehner ha reafirmado su compromiso una y otra vez. Recientemente volvió a hacerlo al nombrar a Rebecca Tallent, una prominente experta en política migratoria, quien fungió como directora de la oficina del senador John McCain y que favorece una reforma, como su asesora paras asuntos migratorios.
El presidente Obama y sus colegas demócratas son en parte responsables de los rumores sobre la muerte de la reforma que tanta ansiedad han causado en nuestra comunidad, ya que desde el principio del año estuvieron diciéndonos que la reforma solo se lograría si se pasaba por ambos cuerpos legislativos este año y en una sola pieza de legislación.
Más aún, los activistas de izquierda y muchos en la prensa activamente contribuyeron a promover esta absurda idea.
Nunca tuvieron en cuenta que quizás los republicanos de la Cámara quisieran abordar el tema de una manera diferente y siguiendo otro calendario.
Tristemente, en la mente de nuestra gente, se grabó la idea de que si no había reforma este año, no la habría en mucho tiempo.
Al pasar los meses sin que la Cámara siguiera la iniciativa del Senado, que aprobó un proyecto en el verano, el pánico y la desesperación sin lugar a dudas se apoderaron de muchos.
Los estrategas demócratas y apologistas liberales cínicamente han querido sacarle ventaja política a esta situación, acusando a los republicanos de darles la espalda a los inmigrantes y a los latinos.
Algunos llegaron a decir, sin evidencia alguna, que Boehner era el principal obstáculo a una reforma y que los miembros afiliados al "Tea Party" habían efectivamente dado un golpe mortal a esta.
Pero, afortunadamente, la realidad es otra.
Si bien Boehner se ha negado a considerar el proyecto del Senado, el liderato republicano de la Cámara Baja se comprometió a abordar el tema de una manera integral, pero en pedazos, procesalmente.
En vez de un proyecto enorme, de miles de páginas, confuso e ininteligible, aprobarían proyectos más pequeños, con lenguaje claro, atendiendo los distintitos aspectos de la problemática migratoria.
Y ese compromiso no quedó en meras palabras. Lo han estado cumpliendo. El Comité Judicial ya ha aprobado cuatro proyectos de inmigración y el Comité de Seguridad Interna, uno. El liderato republicano ya ha dicho que en los próximos meses se presentarán varios proyectos adicionales, incluyendo uno que le de un paso a la ciudadanía a los "soñadores", aquellas personas que entraron al país ilegalmente cuando eran menores de edad, y otro para legalizar al resto de las personas indocumentadas.
El propio presidente Barack Obama, que está sumamente interesado que se apruebe una reforma migratoria para reclamarla como un legado de su presidencia, ha tenido que cambiar su discurso ante los avances de la Cámara y ahora está dispuesto a darle espacio a Boehner y a los republicanos para actuar como mejor ellos crean.
"Si quieren cortar esa cosa [el proyecto de reforma] en cinco pedazos, con tal que se logren los cinco pedazos, a mi no me importa cómo se vea", dijo el Presidente recientemente.
No quiero decir que va a ser fácil lograr pasar una reforma en la Cámara y lograr un acuerdo entre ambos cuerpos.
Pero lo que es innegable es que el debate continúa y que hay una posibilidad real de lograrla en este Congreso. En este sentido hay que reconocer el liderato no solo de Boehner, pero también del líder de la mayoría, el congresista Eric Cantor, el presidente del Comité Judicial, Bob Goodlatte y otros republicanos influyentes como Paul Ryan, Raúl Labrador, Mario Díaz-Balart, Ted Poe, Darrell Issa y muchos otros que están trabajando arduamente a favor de una reforma.
Aquellos que siguen diciendo que a los republicanos no les interesa pasar un proyecto de inmigración, están más interesados en usar este tema para conseguir nuestro voto que en sacar a millones de nuestros paisanos de las sombras.
Y no es para más: ellos saben que si la Cámara republicana pasa una reforma, los republicanos volverán a ser competitivos con el electorado hispano a nivel nacional.
Esperemos que, al final, tanto los demócratas como los republicanos pongan la política a un lado y hagan lo correcto y justo para la gente buena y trabajadora que no tiene aún su estatus legal.


September 10 2013, 9:01 PM Por: Alfonso Aguilar

En medio de una fuerte división partidista en la Cámara Baja, el Congreso debatirá una de las políticas internacionales de mayor consecuencia bajo la Administración Obama.
Siria

El Gobierno sirio acaba de matar a más de 1,400 personas de su propio pueblo utilizando armas químicas, violando así los convenios internacionales que prohíben el uso de armas de destrucción masiva. Tristemente, esta no es la primera vez que el régimen de Bashar al Assad usa armas químicas en contra de su pueblo. Lo hizo en otras dos ocasiones, en diciembre y en marzo pasados.

El presidente Obama le había advertido a Assad el año pasado que si usaba armas químicas, se vería obligado a cambiar su estrategia y tomar acción. Según Obama, esa sería la "línea roja" que cambiaria el juego.

No obstante, a pesar de su grandilocuencia, el Presidente optó por no responder ante los primeros ataques químicos, perdiendo credibilidad ante nuestros enemigos así como nuestros aliados en la comunidad internacional.

Ahora, ante el tercer ataque, daba la impresión de que iba actuar de una manera firme y decisiva para que nadie cuestionara su palabra. Por una semana la Casa Blanca estuvo activamente dando indicaciones de que un ataque era inminente. Como parte de este esfuerzo, la administración también filtró información a la prensa dejando saber que la acción sería limitada, identificando los barcos de guerra que se estaban enviando a la zona e incluso haciendo público que la ventana para el ataque se abriría el jueves de esa semana.

Quizás los dos momentos más significativos de esta dramática semana fueron los dos discursos que dio el Secretario de Estado John Kerry sobre Siria por instrucciones de la misa Casa Blanca. En el primero afirmó que la administración no tenía dudas que Assad usó armas químicas y en el segundo, que ofreció el mismo viernes, dejó claro que "el uso flagrante de armas químicas por parte de un brutal dictador seria penalizado".

En Washington y alrededor del mundo se estaban escuchando ya los tambores militares, pero, a último momento, el Presidente inexplicablemente dio un giro de opinión de 180 grados y anunció en una conferencia de prensa el sábado que aunque entendía que Estados Unidos debía "tomar acción militar en contra de objetivos en Siria", y que no necesitaba la autorización congresional para proceder, de todas maneras buscaría el aval del Congreso. Nuevamente posponía su decisión.

Como era de esperarse, la decisión del Presidente fue interpretada por muchos en Estados Unidos y a través del mundo como un acto de inseguridad y pusilanimidad. Un editorial en un periódico sirio lo describió como "el comienzo del retiro histórico de los Estados Unidos de Siria" y el propio Assad tildó a Obama de "cobarde". El analista de CNN David Gergen que ha asesorado a presidentes demócratas y republicanos, y quien es reconocido por ser un comentarista objetivo, opinó que la decisión del Presidente "ha levantado dudas sobre cuán firme es su control sobre el timón [de estado] como comandante en jefe".

La decisión del presidente es ininteligible si consideramos además que cuando intervino en Libia hace unos años no buscó la autorización del Congreso y cuando, como nos enteramos más tarde, nadie en su equipo de seguridad nacional estuvo de acuerdo en condicionar el ataque al apoyo del Congreso.

Pero esta decisión no tuvo nada que ver con consideraciones de política exterior ni con la importancia de proteger la reputación y la credibilidad de los Estados Unidos a nivel internacional. Fue un cálculo político diseñado para proteger su imagen.

El Presidente sabe que el pueblo estadounidense no tiene apetito para una nueva intervención militar, por necesaria que sea, y no quiere que lo culpen a él solamente por el ataque. Por otra parte, si el Congreso no autoriza el uso de fuerza, él pudiera pasarle la culpa a los republicanos por la falta de acción, como acostumbra a hacer cada vez que algo anda mal.

Lamentablemente, mientras el Presidente se sienta sobre sus manos, el régimen de Siria sigue matando impunemente a su misma gente y continúa colaborando estrechamente con Irán para promover el terrorismo en la región, ayudando a armar a grupos violentos como Hezbollah.

Que quede claro: ordenar un ataque militar en el que pueden morir civiles y miembros de nuestras Fuerzas Armadas debe ser, sin lugar a dudas, la decisión más difícil que tenga que tomar un presidente. Sin embargo, como comandante en jefe, el Presidente no puede rehuir esta decisión, sino enfrentarla con valentía.


August 16 2013, 9:01 PM Por: Alfonso Aguilar

Obama sugirió que si los republicanos realmente están comprometidos con una reforma migratoria deberían considerar y aprobar el proyecto de inmigración que aprobó el Senado.
Inmigración
En su reciente conferencia de prensa, justo antes de salir de vacaciones, el presidente Obama sugirió que si los republicanos realmente están comprometidos con una reforma migratoria deberían considerar y aprobar el proyecto de inmigración que aprobó el Senado en junio. No obstante, según el propio presidente, "el reto ahora mismo no es que no haya una mayoría de miembros de la Cámara, como hay una mayoría de miembros del Senado, que no estén preparados a apoyar este proyecto de ley. El problema es la política interna del caucus republicano".
El presidente tiene razón. La mayoría de los republicanos no apoyan el proyecto del Senado. Pero el tratar de implicar que eso demuestra que los republicanos no quieren atender este importante tema, es sencillamente falso y es otro esfuerzo más por el presidente para usar el tema exclusivamente para fines políticos.
¿Por qué deben lo republicanos de la Cámara considerar el proyecto del Senado? Después de todo, el Senado demócrata continuamente ignora los proyectos que pasa la Cámara republicana.
La Cámara y el Senado son dos cuerpos iguales dentro del poder legislativo. Lo que hace el Senado no obliga a la Cámara y vice versa, y esto es más evidente aún cuando, como hoy, cada cámara está controlada por un partido distinto.
El presidente actúa como si el proceso legislativo hubiera terminado una vez el Senado validó el consenso al que llegó la "pandilla" bipartidista de ocho senadores. Pero nadie puede esperar que el consenso al que llegaron ocho senadores controle todo el debate en un Congreso con 535 miembros.
Para aprobar legislación sobre un tema tan complejo y controvertible como el de la inmigración se necesita negociar un consenso mucho más amplio entre ambos partidos y ambas cámaras, tomando en cuenta la diversidad de puntos de vista de un grupo mayor de miembros. No nos debe sorprender, sin embargo, que el presidente no entienda esto, considerando que desde el comienzo de su administración, este ha demostrado una incapacidad para forjar consensos amplios en Washington para atender el sinnúmero de retos que enfrenta la nación.
Por otra parte, aunque la mayoría republicana de la Cámara ha descartado considerar el proyecto senatorial, la Cámara sí ha estado activamente debatiendo el tema de la inmigración de una manera integral durante los pasados meses. De hecho, los comités de lo Judicial y Seguridad Interna han comenzado a aprobar una serie de proyectos para consideración del pleno de la Cámara. Más aún, el liderato republicano ya ha dicho que cuando regresen del receso de agosto, consideraran medidas que permitan la legalización de los indocumentados.
El presidente también asume —y así nos lo dejo saber en la conferencia de prensa— que el proyecto del Senado es casi perfecto, que trata adecuadamente todos los aspectos del problema que ameritan atención. "El proyecto del Senado", declaró, "realmente mejora la situación en cada uno de los temas que ellos [los republicanos] dicen que les preocupan".
Sin embargo, esto tampoco es cierto. Aunque yo apoyé el proyecto del Senado porque era lo mejor que se podía aprobar en dicho cuerpo, debo admitir que este tiene serias deficiencias que deben ser corregidas.
Quizás el problema más grande del proyecto del Senado es que no atiende seriamente la necesidad que tiene nuestra economía de trabajadores extranjeros. El programa de trabajadores temporales no agrícolas que se incluyo en el proyecto del Senado es tan pequeño que es prácticamente irrelevante. Una vez plenamente implantado, después del 2020, a penas proveería 200,000 visas anualmente para aquellos que quieran venir del extranjero a trabajar y solo 15,000 al año para trabajadores en el sector de la construcción. Estos números no son realistas. Nuestra economía necesita muchos más trabajadores cada año.
Los republicanos de la Cámara entienden que esto es un problema y por eso los congresistas Raúl Labrador de Idaho y Ted Poe de Texas están trabajando en un proyecto de ley que crearía un programa de trabajadores más amplio que el del Senado, que se ajuste a las necesidades del mercado. Es evidente que si no hay suficientes visas para los trabajadores extranjeros que nuestra economía requiere, estos seguirían entrando al país ilegalmente y en breve volveríamos a tener una comunidad de indocumentados.
Si el presidente estuviera tan interesado en que se apruebe una reforma migratoria, le daría espacio a la Cámara republicana para decidir como quiere proceder con este tema. Su insistencia en que se considere el proyecto del Senado no abona en nada a crear un ambiente positivo en el que ambos lados se sientan que sus respectivos puntos de vista están siendo considerados. Todo lo contrario: lo único que logra es antagonizar a los republicanos y poner en riesgo el que se apruebe un proyecto de reforma.


August 09 2013, 9:01 PM Por: Alfonso Aguilar

El senador demócrata por Nueva York Chuck Schumer fue uno de los principales impulsores de la reforma migratoria en el Senado.
Inmigración

Mientras se debate la reforma migratoria en el Congreso, algunos analistas han sugerido que esta depende exclusivamente de los republicanos, ya que entienden que los demócratas están completamente comprometidos con la misma.

Es una narrativa simple, que nosotros los hispanos escuchamos casi todos los días a través de los medios de comunicación: los demócratas están del lado de los hispanos, y los republicanos, ¿quién sabe?

No dudo que los republicanos deben abordar el tema de la inmigración de una manera constructiva, articulando un plan que garantice la seguridad de la frontera, pero que también legalice a la inmensa mayoría de los indocumentados, que son gente buena y trabajadora. Ahora que el Senado a aprobado un proyecto de reforma, le compete a los republicanos que controlan la Cámara dirigir el esfuerzo para que este cuerpo pase su propia legislación.

Pero, al igual que lo demócratas en el Senado necesitaron de los republicanos para pasar su proyecto, ahora los republicanos necesitan de los demócratas para sacar un proyecto de la Cámara. Y, a pesar de la fe incuestionable que algunos tienen en el compromiso migratorio de los Demócratas, yo no estaría tan seguro de que ellos están dispuestos a cooperar con los republicanos.

No nos olvidemos que en el 2007, el líder demócrata del Senado, Harry Reid, y el entonces senador Obama jugaron un papel crucial en la derrota del proyecto bipartidista de la ley de inmigración. Reid, al adelantar el voto sobre el proyecto prematuramente, sabiendo que todavía no contaba con los votos, aunque había muy buenas posibilidades de que se consiguieran, y Obama, al presentar varias "píldoras venenosas", enmiendas que le exigieron los sindicatos para descarrilar el proyecto.

Obama, Harry Reid, y Nancy Pelosi utilizaron este fracaso de la reforma para culpar a los republicanos por ello en la campaña del 2008 y prometieron que aprobarían una reforma integral en el primer año del nuevo cuatrienio. Y ¿qué pasó? Sencillamente no hicieron nada para lograr un proyecto de reforma después de las elecciones, aunque controlaban la Casa Blanca y las dos Cámaras del Congreso.

Como muchos, espero que los demócratas no vuelvan a sus maniobras políticas con el tema de la inmigración. Pero hay que señalar que ya lamentablemente estamos viendo algunas de las mismas jugarretas politiqueras de los pasados años por algunos políticos y grupos demócratas. Al ver que los republicanos en la Cámara están empezando a actuar, aprobando una serie de proyectos que atienden el problema de la inmigración de una manera integral y que ya han dicho que apoyan una legalización de los indocumentados, algunos demócratas temen perder este "issue" como herramienta política para ganar el apoyo de los votantes latinos.

Ante la intención del liderato republicano de la Cámara de aprobar una serie de proyectos de reforma, en vez de uno, el senador Harry Reid recientemente declaró que el Senado no consideraría legislación en pedazos. ¿Qué quiere decir con esto Reid? ¿Que ya le está cerrando la puerta de negociación a los republicanos de la Cámara?

Por otra parte, el grupo de cabildeo liberal, Organizing for Action, que básicamente es coordinado desde la Casa Blanca, ya ha comenzado una campaña de ataques políticos en contra de los republicanos de la Cámara con relación al tema de la inmigración. En una reciente columna, el presidente de esta organización, Jon Carson, acusó "al presidente de la Cámara, John Boehner, y a la Cámara de Representantes [de] obstaculizar el camino del futuro de nuestro país" al optar por no querer copiar la legislación que el Senado aprobó y querer pasar su propia legislación de reforma.

Estos comentarios no pueden ser minimizados o subestimados. Pudieran ser un indicio de que los demócratas están listos para regresar al juego político y sacrificar una reforma migratoria para hipócritamente tratar de ganar puntos políticos con el electorado latino.

El problema con esta estrategia, sin embargo, es que asume que nosotros los latinos somos tontos y que no nos damos cuenta cuando nos tratan de manipular. Actualmente, estamos empezando a ver movimiento por parte del liderato republicano en la Cámara a favor de una reforma migratoria que contenga una legalización de los indocumentados. Si los demócratas torpedean estos esfuerzos por razones políticas, nosotros no los vamos a perdonar. En efecto, se les puede virar la tortilla y el tema que usaban para ganar la mayoría de nuestro voto, pudiera convertirse en la razón para que empiecen a perderlo.

Durante las próximas semanas y meses, veremos si los demócratas realmente están comprometidos con una reforma migratoria. ¿Optarán por trabajar con los republicanos para lograr un consenso amplio que lleve a arreglar nuestro disfuncional sistema de inmigración, sacando a millones de personas de las sombras, o escogerán usar el tema de balón político?

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