April 22 2014, 9:01 PM Por: Jorge Ramos

Rinden homenaje a García Márquez en el Palacio de Bellas Artes.
Crecí, como millones, con él. Leyéndolo, analizándolo, tratando de llegar hasta el hueso de cada una de sus frases perfectas
Sociedad
La verdad nunca le llame Gabo o Gabito. Hubiera querido.Pero nunca fui parte de ese privilegiado círculo de amigos y escritores que se reunían frecuentemente con el novelista más importante de nuestros tiempos. Es más, ni siquiera lo conocía en persona.
Crecí, como millones, con él. Leyéndolo, analizándolo, tratando de llegar hasta el hueso de cada una de sus frases perfectas. Su carpintería era única; siempre parecía encontrar la palabra exacta para decir lo que quería. Y eso requería mucho trabajo, mucho talento y muchas páginas en la basura. (Se nos olvida ya que la computadora es posterior a Aureliano Buendía y su descubrimiento del hielo.)
En mi época universitaria García Márquez ya era García Márquez, el genio de Cien Años de Soledad y el mejor exponente del realismo mágico —esa manera tan nuestra de ver el mundo. Macondo es América Latina. Y en este rincón del planeta donde todo es posible —dictadores que no mueren, niños con colas, mujeres que flotan, amores eternos y fantasmas más vivos que los vivos— García Márquez fue el primero en darle voz y legitimidad.
Así que cuando un colega periodista, Elías Freig, me invitó en el 2004 a un evento en Los Cabos, México, donde García Márquez iba a dar un discurso, acepté con una condición: preséntamelo. Ese día me levanté emocionado, me encontré con Elías dispuesto, como siempre, a cumplir su promesa y, de pronto, ahí estaba el escritor: desayunando con su esposa Mercedes en la esquina del restaurante de un enorme hotel y saludando a tanta gente con la mano que parecía que espantaba moscas.
Me mordí la vergüenza de molestarlo y me acerqué mientras él le metía el tenedor, creo, a unos huevos estrellados. Me presenté y, para mi sorpresa, me dijo: "Ven, siéntate aquí, a ver si así dejan de molestar". Y me apartó una silla junto a él. Elías se sentó a mi lado y durante años guardó celosamente el contenido de esa conversación.
Lo que unos días antes hubiera sido absoluta ficción, estaba ocurriendo, desayunaba con García Márquez. Para Mercedes, sospecho, yo era una peste más y me lo hizo saber con su mirada de aguijón. Pero aguanté los picotazos y me quedé a conversar. Había que matar dos horas y tenía a García Márquez a mi lado. No lo iba a desaprovechar.
Pero el primero en preguntar fue él. Quería saberlo todo sobre Univision, la cadena de televisión donde trabajo, y sobre los cubanos en Miami. Le conté, pero yo lo que quería era oírlo a él. Busqué la pausa y le dije: no entiendo su amistad y apoyo a Fidel Castro. Y ahí brincó Mercedes, como hablando por los dos.
"Lo conocemos hace mucho tiempo, es nuestro amigo y ya es muy tarde para cambiar", me dijo ella. El asintió. Para él la amistad y la lealtad iban antes que la política. "Los que hablan de política son Mercedes y Fidel", apuntó él. Pero no es ningún secreto que García Márquez intercedió con Fidel para liberar a algunos presos políticos cubanos y, quizás, algo más.
El escritor mexicano Carlos Fuentes me contó sobre una cena en septiembre de 1994 junto con García Márquez y el entonces presidente Bill Clinton en Martha's Vineyard. ¿Le pidió Clinton a García Márquez que hablara con Fidel para buscar un acercamiento entre los dos líderes?
El propio Clinton, el año pasado, me dijo que nunca le pidió en esa cena a García Márquez que actuara como mediador con Fidel. Pero cualquier posibilidad posterior de un acercamiento entre Estados Unidos y Cuba a través del escritor colombiano quedó destruida tras el derribo por parte de la fuerza aérea cubana de dos avionetas del grupo Hermanos Al Rescate en 1996.
Nuestro desayuno, sin embargo, lidió más con literatura y periodismo que con política. García Márquez, en ese momento, estaba concentrado en la creación de una nueva generación de reporteros a través de la Fundación Nuevo Periodismo. Pero, reconozco, había momentos en que García Márquez perdía el interés y se iba de la conversación, quien sabe a dónde.
Le pude decir, casi como confesión, que para mí su mejor novela era El otoño del patriarca y, como respuesta, su bigote espumoso subió como ola. Y no, él nunca había dicho que Cien años de soledad no podría haberse escrito en ese momento en que los lectores buscaban novelas más cortas.
El desayuno concluyó cuando nos llamaron al evento. Me tomó del brazo, caminamos juntos y luego lo perdí en un mar de alabanzas y seguidores. Nunca nos dijimos adiós. Así fue mejor.
Para mí, por mucho tiempo, ese fue el realismo mágico: sentarme a desayunar con Gabriel García Márquez. Imposible, impensable y sin embargo ahí estuvimos.


April 15 2014, 9:15 PM Por: Jorge Ramos

Pero la magia de Las Vegas está en haberse inventado un lugar en la mitad de la nada donde todo se vale.
Las dos ciudades, muy distintas entre ellas, son producto de la imaginación
Sociedad
Venecia y Las Vegas son dos ciudades imposibles. No deberían existir y, sin embargo, ahí están. Una amenaza con hundirse y no se hunde, y la otra sobrevive impune al viento, la arena y el calor en la mitad del desierto.
Por uno de esos extraños itinerarios que solo aterrizan en las agendas de periodistas desorganizados, hace unos días estaba en Venecia y hoy amenecí en la ciudad donde un gran hotel se inventó en el lobby una grotesca réplica de Venecia, con gondolas y gellato. Imposible compararlas.
Pero si algo tienen en común Venecia y Vegas es que ambas desafían la imaginación y la arquitectura. Sus edificios se alzan como un reto al mar y al desierto, como niños berrinchudos que se resistieron a aceptar los obstáculos de la naturaleza y jugando construyeron sus castillos de arena.
Venecia es hermosa y sublime (aunque sus aguas se mezclen con excremento y apesten en el verano). En uno de sus laberínticos canales cayó mi celular, durante una visita previa, y es lo mejor que me pudo haber pasado; dejé de tomar fotos y el mundo exterior desapareció.
En este último viaje me adentré a las zonas donde viven los venecianos, donde el turista se siente perdido y donde la ropa sucia cuelga entre canales. Los jóvenes venecianos tienden a irse por falta de trabajo y porque están hartos de nosotros los viajeros. Pero hay tantos momentos en Venecia en que uno piensa ¿cómo alguien se va a querer ir de aquí?
La magia en Venecia ocurre cuando, de pronto, estás solo y apenas oyes el agua rebotar suavemente contra las paredes de ladrillo que hace siglos perdieron el rojo. En cada viaje busco esa magia y siempre me he despedido con ese silencio tan veneciano incrustado entre mis orejas.
Venecia, en sus días de gloria como ciudad-estado, hasta se daba el lujo de ser vulgar, con más prostitutas por habitante que muchos imperios y particularmente en carnaval. Pero nada como Las Vegas.
Vegas (el Las se perdió en 1848) es artificial y parece siempre recién hecha. En las mañanas se le ven todas las costuras. Pero en la noche —¡ay la noche!- sus clubes, casinos, suites, tiendas, restaurantes y bares llevan la vida al límite, exprimiéndola, el exceso es la norma, como empujados por un dios rebelde que nos acaba de confesar que esto se acabó y el sol no saldrá más.
Pero la magia de Las Vegas está en haberse inventado un lugar en la mitad de la nada donde todo se vale. Y eso requirió —requiere— un ejército de ingenieros, vestuaristas, trabajadores, croupiers y magos que mantienen vivo el sueño de la inmortalidad y la riqueza.
A veces uno se queda con la impresión de que Las Vegas está hecha de cartón, que es un escenario removible y pintado con el color de moda. Sin embargo, lo realmente sorprendente es lo que ocurre detrás de esa máscara de fiesta. Las Vegas está llena de trabajadores-magos que tienen por objetivo hacerle creer a sus visitantes que lo mejor aún está por venir.
Mis despedidas de Venecia y Las Vegas fueron totalmente distintas. En Venecia es una promesa de que, pase lo que pase, regresarás pronto. La Bienal es una excusa. Esta ciudad-museo es inagotable. De Las Vegas me fui pensando que, ojalá, pasara mucho tiempo antes de regresar. En Venecia me faltó tiempo mientras que las horas que pasé en Las Vegas se sintieron como sobredosis.
Las Vegas y Venecia son producto de la imaginación, de esa marvillosa resistencia a aceptar lo que tenemos. Venecia y Las Vegas no deberían de existir, son ciudades imposibles, y por eso no las podemos sacar de nuestra cabeza.


April 08 2014, 9:01 PM Por: Jorge Ramos

Manifestantes despliegan una bandera de Rusia en la ciudad de Donetsk, Ucrania. Los protestantes piden un referéndum similar al de Crimea, ahora en las regiones de Donetsk y Lugansk.
La bravuconería de Putin al amenazar a sus vecinos radica en la poca comprensión de cómo funciona hoy el mundo
Mundo
Los rusos están por todos lados.Dos delante y una familia de cuatro detrás de mí, en la fila para mostrar el pasaporte en el aeropuerto de Venecia. El único funcionario italiano que nos atiende habla ruso.
Seis damas rusas, con bolsas y bolsas de compras, se apoderan de una mesa en un restaurante de moda cerca de Via Spiga en Milán. Hablan fuerte y, contrario a los comensales que las rodean, deciden no apagar sus teléfonos celulares. Afuera, en un hermoso patio interior, un padre ruso llega con sus tres hijos perfectamente uniformados con chaquetas fosforescentes, verde y naranja. Pide una mesa en ruso y el mesero italiano inmediatamente se la da.
El cuarto de mi hotel ofrece seis canales en ruso y solo tres en español. En el de Londres, unos días antes, fue la misma historia. Un diario local describía cómo los inversionistas rusos, temerosos de guardar su capital en Moscú, han invadido el mercado de valores londinense y disparado los precios de las propiedades en la que ya es, sin duda, la ciudad más cara del mundo.
No es algo nuevo para mí. Vivo en Miami donde los rusos veranean todo el año sus blancas pieles y donde su presencia en clubes, malls y restaurantes de lujo ha dejado de llamar la atención. Miami Beach puede ser una Pequeña Moscú.
Y los rusos están por todos lados porque pueden. Antes de la desintegración de la Unión Soviética —el 25 de diciembre de 1991 a las 7:32 p.m.— muy pocos podían salir. Luego, las 15 naciones independientes que surgieron (incluyendo Rusia) se tardaron años en hacer una dolorosísima transición a una economía de mercado. Hace menos de una década que los rusos —que se beneficiaron con las privatizaciones de las empresas estatales— empezaron a salir en masa a comprar y conquistar el mundo.
No fue fácil dejar de ser una gran potencia. Todavía en el 2006 una encuesta del All-Russian Center for the Study of Public Opinion concluyó que el 66% de los rusos resentía la desaparición de la Unión Soviética. Por supuesto, eran una poderosa potencia militar, con miles de bombas nucleares, y el mundo los trataba con respeto y miedo. Pasar del socialismo con un solo partido político a un sistema relativamente democrático y capitalista fue una verdadera terapia de shock.
Pero el shock ya pasó y ahora es, de nuevo, la época de la expansión. Los rusos quieren más. Y aquí es donde entra el presidente Vladimir Putin, quien ha maniobrado hábilmente para quedarse en el poder, y quien no deja pasar ninguna oportunidad de quitarse la camisa en público.
Las olimpíadas de Sochi se realizaron con éxito y ya se preparan para el Mundial de futbol del 2018. Todo en grande. Además, Putin no quiere lecciones de democracia de Estados Unidos, un país que invadió Irak sin razón, que tiene decenas de prisioneros sin cargos en Guantánamo y que ha espiado las llamadas o correos de millones en el mundo.
Rusia tiene 143 millones de habitantes y solo la mitad de los soldados que Estados Unidos. Pero Putin ha reinterpretado esa nostalgia de grandeza de sus conciudadanos y ha decidido enfrentar a Estados Unidos y a los países europeos de la OTAN. Primero bloqueando una acción colectiva de Naciones Unidas contra la dictadura en Siria y, ahora, invadiendo Crimea y promoviendo su ilegal anexión a Rusia.
Rusia no es la Unión Soviética pero sus 12 mil cabezas nucleares hacen impensable cualquier opción militar. Es decir, aunque Putin invada Crimea y amenace Ucrania, Estados Unidos y la OTAN nunca atacarían. Por eso lo único que le queda al presidente Barack Obama y a sus aliados son sanciones, aislar a Rusia y esperar eso le baje el poder de la cabeza a Putin.
La bravuconería de Putin al amenazar a sus vecinos radica, según lo dijo Obama, "más que en la fuerza, en la debilidad". Y, añadiría, en la poca comprensión de cómo funciona hoy el mundo.
Mientras Putin flexiona absurdamente su poderío militar, son los rusos con su nuevo poder adquisitivo los que realmente están conquistando los lugares más hermosos e importantes del mundo, rublo por rublo.
México
Lo más sorprendente de la detención el viernes pasado de Jesús Reyna, secretario de gobierno de Michoacán y ex gobernador interino, es que no hubiera sido antes. Por largo tiempo dijo que la situación en Michoacán estaba en paz, con lo que evitó una temprana intervención federal en el estado que provocó el surgimiento de las autodefensas. Durante meses operó desde las sombras en contra del comisionado federal Alfredo Castillo y sometió al Congreso local para impedir el restablecimiento del orden político. Acusado por la ex candidata a gobernadora, Luisa María Calderón, de estar vinculado a Los Caballeros Templarios, nadie lo tocó hasta hace unos días, cuando el lugarteniente de un jefe del cártel lo señaló.
Es inusual que cuando un delincuente señala a un político, este sea detenido por la autoridad federal, interrogado y, para profundizar la investigación, que lo arraiguen durante 40 días, como procedió la PGR en contra de Reyna este fin de semana. Lo normal es que cuando un delincuente nombra a un alto funcionario, las autoridades federales lo investigan con sigilo, sin lanzarlo a la hoguera por haber sido indiciado. La PGR sentenció políticamente a Reyna, y el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, sin cuidado del Pacto Federal lo convirtió en "ex secretario" de gobierno. Si las formas se violaron y los tiempos se alteraron, la pregunta es porqué.
En todo caso, Reyna es la llave a una puerta que puede develar detalles de la protección institucional a Los Caballeros Templarios. Dentro del gobierno federal se sabía de sus oscuras vinculaciones con el bajo mundo criminal pero, como otros políticos en el pasado, sus nexos fueron funcionales para el nuevo gobierno. "Reyna se maneja en las cañerías, pero es necesario para ir resolviendo los problemas de seguridad", dijo un alto funcionario federal el año pasado, cuando no se esperaba que Fausto Vallejo, tras una crisis de salud, regresara al gobierno michoacano.
Osorio Chong trabajó con él para buscar restaurar el orden en Michoacán, pero lo que hizo Reyna fue mantener el status quo que favorecía a Los Caballeros Templarios. La PGR deberá determinar si las consecuencias de su política fueron deliberadas o circunstanciales, pero el hecho concreto es que así sucedió. El ejemplo más claro fue el del ex alcalde de Tepalcaltepec, Guillermo Valencia, quien solicitó licencia definitiva en febrero después de nueve meses, afirmó, de ser hostigado por los hermanos Juan José y Uriel Farías, señalados en expedientes judiciales como jefes de plaza del Cártel Jalisco Nueva Generación.
Valencia es una hechura de Reyna, y durante 10 meses despachó como alcalde desde Morelia. El cabildo de Tepalcaltepec pidió al Congreso local que nombrara un nuevo alcalde, pero por presiones de Reyna, respondió que no tenía facultades para hacerlo, congeló la petición, y exacerbó el conflicto en esa zona. Cuando Reyna perdió poder, el Congreso agilizó el trámite y Valencia se convirtió en su instrumento para atacar al comisionado Castillo.
Los dos fueron señalados públicamente de tener vínculos con el fallecido líder de La Familia Michoacana/Los Caballeros Templarios, Nazario Moreno, "El Chayo", y Servando Gómez, "La Tuta", que es una de las razones por las que Reyna está arraigado. Es el primer hilo de una madeja que llega al corazón del gobierno de Leonel Godoy, que por su intermediación se convirtió en aliado político de Vallejo. La extraña alianza del priista Vallejo con su predecesor perredista –que dejó una deuda galopante y un estado gobernado parcialmente por el narcotráfico-, provocó la profunda crisis política en Michoacán y profundizó la de seguridad.
Si el fenómeno del narcotráfico creció durante el gobierno de Lázaro Cárdenas Batel en el primer lustro de este siglo, se entreveró sólidamente con el poder durante el de Godoy, amigo de Reyna desde la juventud. La alianza permitió mantener, por omisión o comisión, el apoyo al cártel templario, roto por la ofensiva paramilitar de las autodefensas y su alianza con el gobierno federal. Cuando Vallejo regresó a la gubernatura en octubre, Reyna se rebeló y quiso sabotearlo. No pudo y comenzó su propia batalla de desgaste y descrédito contra Castillo y la intervención federal. El forcejeo terminó este fin de semana, donde el velo de protección de Los Caballeros Templarios –una vez más, por omisión o comisión- va a la par del descabezamiento del cártel. Líderes, finanzas, milicias, negocios han sido afectados en los últimos meses. Faltaba golpear al corazón de la protección institucional, que todo indica ha empezado.


March 25 2014, 9:01 PM Por: Jorge Ramos

El pasado 19 de marzo, Luna tuvo el honor de acudir a la Casa Blanca para presentar el largometraje basado en la vida del líder campesino.
Hay que ver la película de Cesar Chávez mostrada en la residencia presidencial
Sociedad
César Chavez, el líder histórico de la comunidad latina, nunca fue invitado a la Casa Blanca.
Al menos ocho presidentes pudieron invitarlo —Kennedy, LBJ, Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush Sr. y Clinton— pero no lo hicieron. Quizás porque Cesar hacía sentir muy incómodos a los poderosos. O tal vez porque le tenían miedo a alguien que había nombrado a sus perros "Boycott" y "Huelga".
Una de las mejores cosas de Estados Unidos es esa voluntad de disculparse públicamente y de corregir errores. Por ejemplo, estoy seguro que, tarde o temprano, este país rectificará el gravísimo error de haber deportado a dos millones de personas en seis años y el haber esperado casi tres décadas para legalizar a la mayoría de los 11 millones de indocumentados. Eso vendrá. Pero lo que ya ocurrió fue la invitación de César Chávez a la Casa Blanca.
Hemos visto el futuro, y el futuro es nuestro.
Hace unos días el presidente Barack Obama invitó a los actores de la nueva película César Chávez —Michael Peña, America Ferrera y Rosario Dawson— y a su director, Diego Luna, a la Casa Blanca. Junto a ellos estaban Dolores Huerta —la principal aliada de Chávez en el sindicato de campesinos UFW—, Paul Chávez —el sexto de los ocho hijos del líder— y una docena de familiares. Yo estaba de testigo y aquello fue una fiesta. Cesar Chávez, por fin (y aunque de manera simbólica, en un filme), había llegado a la Casa Blanca.
Esta es, curiosamente, la primera película que se hace de este héroe hispano. Alguna vez, en los años 70, Robert Redford se acercó a Chávez para hablar de un posible proyecto pero no se concretó nada. Qué bueno; esa podría haber sido una caricatura de Hollywood.
El Chávez – de carne y hueso, pragmático, inspirador pero lleno de defectos, estudioso del poder, casi Ghandi, terco, celoso y visionario- que nos presenta Diego Luna es el de verdad. Así se lo dijo Dolores Huerta a Rosario Dawson, y su esposa Helen Chávez a America Ferrera y Paul Chávez a mí. A Paul casi se le salen las lágrimas mientras me lo decía; debe ser muy duro ver en una pantalla a tu papá y no poder tocarlo y abrazarlo.
La magia de Chávez radica en haber defendido y organizado a los más discriminados y vulnerables de Estados Unidos: los campesinos. El les llamaba "los menos". Y al hacerlo abrió el camino para la creciente comunidad latina que tendrá 150 millones de habitantes en el 2050. "Hemos visto el futuro", dijo Chávez en un discurso en 1984, "y el futuro es nuestro".
No recomiendo muchas cosas pero hay que ver la película sobre Chávez y leerse la extraordinaria y minuciosa biografía que acaba de publicar Miriam Pawell The Crusades of Cesar Chavez. Son dos maravillosas miradas hacia atrás pero, también, una hoja de ruta.
Creo que nuestra presente fascinación con César Chávez radica en en que los latinos somos cada vez más y tenemos urgentes problemas por resolver pero no existen suficientes líderes que hablen por nosostros. Hay, por ejemplo, solo tres senadores hispanos.
Pero aún sin Chávez se puede luchar como él. El "sí se puede" de Chávez y de Dolores Huerta –y que luego usó Barack Obama para su compaña electoral- es, en tres palabras, una filosofía para el éxito. Es el sueño americano condensado a su mínima expresión.
¿Qué haría hoy César Chávez? muchos se preguntan, si no hubiera muerto prematuramente a los 66 años. Bueno, mágicamente se ha multiplicado en miles. Ese Chávez y su movimiento son la inspiración para los Dreamers de hoy en día, para los hispanos que rompen las barreras y tienen éxito en política, abriendo negocios y en el arte, y también para quien pronto será el primer presidente latino o presidenta.
Algo curioso ha pasado con César Chávez. Nos ha hecho tanta falta por tanto tiempo que, de alguna manera, ahora ya es parte de todos nosotros.


March 15 2014, 9:01 PM Por: Jorge Ramos

El Chapo Guzman Loera fue capturado por marinos de la Armada de México, en Sinaloa.
El arresto de El Chapo no afectará en nada al negocio de traficar con drogas.
La buena noticia es que el Chapo Guzmán todavía no se ha escapado. La última vez, en el 2001, sus carceleros se quedaron enojados porque se salió sin avisarles. No volverán a cometer el mismo error.
Pero la mala noticia es que ya hay competencia para reemplazar a El Chapo y que aquí en Estados Unidos hay más mariguaneros que nunca.
No es para lloverle a la fiesta del presidente de México, Enrique Peña Nieto: Capturar a uno de los hombres más buscados del mundo es un triunfo, y se logró sin disparar una sola vez cuando las autoridades irrumpieron en el condominio donde Guzmán se escondía, en Mazatlán. Pero la captura ocasional de un importante jefe del narcotráfico no reducirá la violencia en México ni pondrá fin a la guerra contra las drogas.
El arresto de El Chapo no afectará en nada al negocio de traficar con drogas. ¿Por qué? Muy sencillo, porque aquí, en Estados Unidos, están comprando y consumiendo drogas con singular alegría.
En los estados de Colorado y Washington, cualquier mayor de 21 años puede comprar legalmente mariguana . Y mientras tanto, miles de mexicanos, centro y sudamericanos están muriendo absurdamente para que esa mariguana y otras drogas no lleguen a Estados Unidos.
Es una guerra perdida.
En el 2012 había 18.9 millones de estadounidenses que usaban mariguana, según el "National Survey on Drug Use and Health." Esto es un considerable aumento de los 14.5 millones que fumaban mariguana en el 2007. Y lo peor es que, con las nuevas leyes en Colorado y Washington - más otros 18 estados que permiten el uso medicinal de la mariguana - el consumo para el 2014 se va a disparar.
Bueno, ya hay tanta gente que fuma mariguana en Estados Unidos que a nadie le extrañó que el propio Presidente Barack Obama reconociera públicamente, frente a un grupo de jóvenes, que cuando él era adolescente también la usó.
 
Pero es precisamente esta demanda de mariguana y otras drogas en Estados Unidos lo que está matando a tanta gente en América Latina. No tiene ningún sentido morirse al sur de la frontera para impedir que pasen las drogas cuando al norte, lejos de detener su consumo, las toleran, las legalizan y hasta cobran impuestos.
Si a los que fuman mariguana en Estados Unidos le sumamos los que se meten cocaína, heroína y otras sustancias ilícitas, llegamos a la cifra de 23.9 millones de norteamericanos que se drogan habitualmente (de acuerdo con los últimos datos del 2012).
Debido a esos consumidores de drogas en Estados Unidos surgió El Chapo. Por eso hay una guerra de carteles en México. Por eso más de 18 mil mexicanos fueron asesinados el año pasado y más de 60 mil perdieron la vida en el sexenio anterior.
Si la mariguana fuera legal en todo el continente es posible que El Chapo, en lugar de estar en la cárcel, hubiera sido el multimillonario CEO de una corporación transnacional. Y miles, también, no hubieran muerto en esta guerra absurda.
Pero esto, lo reconozco, es ficción.
La realidad es que El Chapo es un criminal, nos seguiremos muriendo en América Latina tratando inútilmente de parar a los narcos, y los estadounidenses continuarán drogándose. Pero no me dejen echarles a perder su día.


March 11 2014, 9:30 PM Por: Jorge Ramos

'El Chapo' cuando fue capturado.
MÉXICO
La buena noticia es que el Chapo Guzmán todavía no se ha escapado. La última vez, en el 2001, sus carceleros se quedaron enojados porque se salió sin avisarles. No volverán a cometer el mismo error La mala noticia es que ya hay competencia para reemplazar a "El Chapo" y que aquí en Estados Unidos existen más mariguaneros que nunca.
No es para lloverle a la fiesta del presidente de México, Enrique Peña Nieto, pero su gran éxito al detener a "El Chapo" tendrá un efecto mínimo —o quizás contraproducente— en la guerra contra los narcos. La estrategia de perseguir a los líderes de los cárteles de las drogas no genera paz ni seguridad. Se arresta a un "Chapo" y, al rato, aparecen más "Chapitos". Esa es la regla del este mortal juego.
Los globos de la fiesta están a punto de desinflarse. En enero de este 2014 fueron asesinadas 1,366 personas en México (según cifras oficiales) y hubo 132 secuestros. Son casi las mismas que las de enero del año pasado y, para nuestra desgracia, serán casi iguales en este marzo, abril, mayo…
Es decir, el arresto de "El Chapo" no afectará en nada el negocio de traficar con drogas. ¿Por qué? Muy sencillo, porque aquí en Estados Unidos están comprando y consumiendo drogas con singular alegría.
Colorado y Washington son un carnaval. Cualquier mayor de 21 años puede comprar legalmente marihuana para ponerse high. Y mientras tanto miles de mexicanos, centro y sudamericanos mueren absurdamente para que esa marihuana y otras drogas no lleguen a Estados Unidos. Es una guerra perdida.
En el 2012, 18.9 millones de estadounidenses usaban marihuana, según el National Survey on Drug Use and Health. Esto es un considerable aumento de los 14.4 millones que fumaban marihuana en el 2007. Lo peor es que, con las nuevas leyes en Colorado y Washington —más otros 18 estados que permiten el uso medicinal de la marihuana— el consumo para el 2014 se va a disparar.
Ya hay tanta gente que fuma mariguana en Estados Unidos que a nadie le extrañó que el propio presidente Barack Obama reconociera públicamente, frente a un grupo de jóvenes afroamericanos, que cuando él era adolescente también uso drogas. "I got high", dijo.
Hay tanta gente aquí que usa marihuana que, pronto, el término "marihuanero" dejará de ser peyorativo. "Mariguanero" será una palabra más cercana al catador de vinos que al delincuente. Es algo cada vez más común y aceptado socialmente.
Es justo esta demanda de marihuana y otras drogas en Estados Unidos lo que mata a tanta gente en América Latina. No tiene sentido morirse al sur de la frontera para impedir que pasen las drogas, cuando el norte, lejos de detener su consumo, lo tolera, lo legaliza y hasta cobran impuestos.
Si a los que fuman marihuana en Estados Unidos le sumamos los que se meten cocaína, heroína y otras sustancias ilícitas, llegamos a la cifra de 23.9 millones de norteamericanos que, regularmente, se drogan (de acuerdo con los últimos datos del 2012).
Debido a esos consumidores de drogas en Estados Unidos surgió "El Chapo". Por eso hay una guerra de carteles en México. Por eso más de 18 mil mexicanos fueron asesinados el año pasado y más de 60 mil perdieron la vida en el sexenio anterior.
Si la marihuana fuera legal en todo el continente es posible que "El Chapo", en lugar de estar en la cárcel, hubiera sido el billonario CEO de una transnacional. Y miles, también, no hubieran muerto en esta guerra absurda. Pero esto, lo reconozco, es ficción.
La realidad es que El Chapo es un criminal, nos seguiremos muriendo en América Latina tratando inútilmente de parar a los narcos, y los estadounidenses continuarán drogándose. Pero no me dejen echarles a perder su día. Como canta Pitbull, "que no pare la fiesta" y que sigan las celebraciones por la captura de "El Chapo".


February 25 2014, 9:01 PM Por: Jorge Ramos

INNACIONAL
¿Quién puede apoyar a un régimen que mata estudiantes, encarcela opositores, arma a grupos paramilitares y luego, para esconder la pedrada, censura a la television y a los medios de comunicación? Esta es la pregunta en Venezuela.
Cuando los venezolanos hablan de "una salida" se refieren, fundamentalmente, a dos cosas.
Una, cómo salir de la peor inflación del continente —más del 60%—, de la constante devaluación de su moneda, de una escasez generada por una inútil burocracia, y de una de las más altas cifras de criminalidad en el mundo —más de 24 mil asesinatos en el 2013. Y dos, cómo salir del Gobierno autoritario y represivo de Nicolás Maduro.
Esto último es lo más difícil.
Una de las más altas cifras de criminalidad en el mundo —más de 24 mil asesinatos en el 2013.
Ningún demócrata puede apoyar un golpe de estado ni la violencia. En casi todo el mundo lo condenarían.Y el mandato de Maduro es hasta el 2019, aunque haya ganado con trampa las elecciones. La oposición venezolana lo sabe y no quiere cometer el mismo error del golpe militar del 2002 contra Chávez. Un golpe es un golpe.
Maduro —que no es Chávez aunque copie su forma de hablar, sus gritos, sus insultos y hasta lo vea en forma de "pajarito"— puso el dilema legal de la siguiente manera: "Si la oposición quiere salir de mí, que junten las firmas para el plebiscito revocatorio del 2016".
El ex candidato presidencial, Henrique Capriles, de alguna manera, aceptó las reglas del juego impuestas por los chavistas. "Nuestro foco es que los problemas del país se resuelvan", dijo en una entrevista con CNN en Español. "Esto no es un 'Maduro vete ya'". Él no cree que los sectores populares apoyen una salida de Maduro.
Pero los líderes opositores, Leopoldo López y la asambleísta María Corina Machado, sí quieren que Maduro se vaya. Ya. "Tenemos que construir una salida a este desastre", dijo Leopoldo minutos antes que lo arrestaran soldados de Maduro, acusado absurdamente de incitar a la violencia durante las protestas del 12 de febrero.
Las armas las tiene solo el Gobierno.
Leopoldo y María Corina nunca estuvieron de acuerdo con Capriles cuando él suspendió una marcha tres días después del fraude electoral en abril del 2013.
Capriles tenía información fidedigna de que en esa marcha habría muertos. Pero Leopoldo y María Corina creían que había que defender su triunfo electoral y ganar la calle. Ganó la prudencia… y Maduro.
Hasta que el pasado 12 de febrero, Maduro cometió un gravísimo error, que le puede costar el puesto: le ordenó (o al menos, le permitió) a la Guardia Nacional bolivariana, a la policía y a grupos paramilatres que dispararan contra una manifestación pacífica de estudiantes. Tres personas murieron ese día y unas 60 resultaron heridas. Muchos más han sido asesinados y heridos en protestas posteriores.
A pesar de la censura oficial de los medios, a través de Twitter se han difundido cientos de videos donde se ve a uniformados disparando a jóvenes y estudiantes desarmados. Twitter es la nueva television.
Maduro lo controla todo. Pero no al pajarito azul símbolo de Twitter.
Con ese hecho surgió la razón legal para destituir a Maduro: no puede ser presidente alguien que mata a sus jóvenes, que reprime violentamente manifestaciones, que arma y financia grupos fuera de la ley, y que censura y calla a los medios de comunicación. No puede ser presidente alguien que viola los derechos humanos y asesina a quienes debería proteger.
Maduro ha entrado al club de Pinochet y los Castro.
América Latina se ha portado muy mal con Venezuela. Casi todos sus líderes mantienen un cómplice silencio. Un triste ejemplo: el presidente de México, Enrique Peña Nieto, que llamó "líder moral" a Fidel Castro en Cuba, no se atrevió a condenar junto a Barack Obama los violentos abusos de Maduro durante la pasada reunión cumbre trilateral en Toluca.
Peña Nieto se quedó calladito. Y la OEA duerme o se esconde.
Esto, lo que quiere decir es que los venezolanos, sin ayuda de afuera, tendrán que buscar una salida para Venezuela.
El cambio viene de dentro. Lo viejo y podrido está muriendo pero lo nuevo no acaba de nacer. Y si sirve de consuelo, basta que sepan en Venezuela que no están tan solos como creen. Están a un click de distancia.


February 18 2014, 9:01 PM Por: Jorge Ramos

El papa Francisco besa a una niña mientras saluda a los fieles congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano para recibir la bedición papal.
El mensaje de los católicos es claro: me gusta el Papa pero cambien la iglesia
Sociedad
Fenómeno raro. El papa Francisco es, sin duda, uno de los personajes más populares del mundo, igual sale en la portada de Time que en Rolling Stone.
Pero la Iglesia que dirige está bajo ataque y muchos de sus miembros quieren que cambie. El mensaje de los católicos es claro: me gusta el Papa pero cambien la Iglesia.
A finales del año pasado el Papa había ordenado que se enviara un cuestionario de 39 preguntas a los católicos del mundo para saber qué pensaban sobre su religión y su Iglesia. Pero la cadena de noticias Univision se le adelantó al Vaticano: le pidió a la empresa Bendixen y Amandi que hiciera una encuesta con 12 mil personas en 12 países, representando cuatro continentes, y los resultados son contundentes. Hay mucho que cambiar.
El 58% de los católicos no está de acuerdo con la prohibición de la Iglesia al divorcio; 65% cree que el aborto debe ser aceptado en ciertos casos; 78%aprueba el uso de anticonceptivos; 50% quiere que los sacerdotes se casen; 45% desearía que las mujeres pudieran ordenarse como sacerdotes; y el 30% apoya el matrimonio entre personas del mismo sexo (en España y en Estados Unidos el apoyo es mucho mayor: 64% y 54% respectivamente). Cambio, cambio, cambio. (La encuesta la puedes ver en www.univisionnoticias.com)
"Esta encuesta mundial es una derrota para la ideología de la fortaleza", dijo en una entrevista el vaticanista, Marco Politi. "Pero no estamos en tránsito de una revolución." Politi está claro. La iglesia católica es una institución vertical, se gobierna de arriba para abajo. Y si el Papa y el Vaticano no están dispuestos a cambiar algunos preceptos, no va a pasar nada.
Lo más interesante de todo es que los católicos no quieren cambiar a su papa: el 87% tiene una opinión buena o excelente respecto a Jorge Mario Bergoglio. ¿Cómo no apreciar a un papa que no quiere juzgar a los gays, que acepta que se le acerquen los niños y que besa públicamente a enfermos? Son, todos, grandes gestos populistas y funcionan.
Pero más allá de su sobria personalidad, de su estilo relajado y de su actitud generosa, el papa Francisco sigue amarrado a viejos dogmas de la Iglesia. Los gays son oficialmente rechazados, las mujeres no pueden ser ordenadas, se mantiene la absurda prohibición al matrimonio de los sacerdotes, es más, ni siquiera ha cedido en el uso de condones para controlar el sida en Africa.
Lo peor de todo es que el papa Francisco no se ha atrevido a enfrentar la peor crisis dentro de su Iglesia: el abuso sexual de sacerdotes a niños. No ha dicho nada importante ni valioso. Pero Naciones Unidas sí.
El Comité de la ONU sobre los Derechos del Niño reportó, después de una larga y exhaustiva investigación, que el Vaticano no ha reconocido "la magnitud de los crímenes sexuales" de sus miembros, que "los abusos se siguen cometiendo de forma sistemática" y le ha pedido al Papa que entregue a los pederastas a la policía.
No lo vamos a hacer, contestó el Vaticano. Dijeron, como excusa, que el reporte era una interferencia en el "ejercicio de la libertad religiosa" y, una vez más, engavetaron el asunto.
A mi el papa Francisco me cae muy bien. Estuve en Roma cuando lo nombraron pontífice. Es maravilloso que sea el primer argentino. Me encanta que hable a la prensa y no use zapatos rojos. Me gusta su personalidad y lenguaje sencillo. Pero esto no sirve de nada si sigue protegiendo a pederastas, en lugar de ponerse del lado de los niños abusados sexualmente.
La encuesta de Univision dice, incuestionablemente, que la iglesia tiene mucho que cambiar y que hay un Papa que puede promover ese cambio. Pero todavía no estoy muy seguro que se atreva.


February 15 2014, 9:01 PM Por: Jorge Ramos

Boehner, cediendo a la presión, dijo que tenía serias dudas de que el 2014 fuera el año de la reforma inmigratoria.
Por unos momentos, el Partido Republicano hizo creer a los hispanos y a los inmigrantes que realmente quería una reforma migratoria para este año. Pero, la verdad, todo parece indicar que no va a pasar nada.
El final del cuento es que los inmigrantes indocumentados se quedarán sin legalización por mucho tiempo más y los republicanos se volverán a quedar sin la Casa Blanca en el 2016.
Es todo un juego político. El año pasado, el Senado (con mayoría demócrata) aprobó una propuesta de reforma inmigratoria. El punto central era legalizar a la mayoría de los indocumentados y darle un camino a la ciudadanía. Llegó, entonces, el turno de la Cámara de Representantes, dominada por los republicanos, y ahí todo se echó a perder.
Después de muchos titubeos y consultas internas, el Partido Republicano dio a conocer hace unos días una "lista de principios" sobre inmigración. La lista incluía, como era suponerse, más seguridad en la frontera, más visas, más verificación en los empleos, más registros de entradas y salidas de visitantes. Pero lo importante es que le daría un estatus legal a la mayoría de los indocumentados.
Después de hacerse pública la lista, muchos comentaristas y analistas, incluido yo, nos sentimos optimistas de que el progreso en cuanto a la reforma inmigratoria finalmente ocurriría. Después de todo, los republicanos habían llegado a lo que parecía una solución intermedia en lo que, hasta entonces, había sido un punto crítico en el debate.
Pero de pronto, todo se paró: Mitch McConnell, el líder republicano en el Senado dijo que el asunto migratorio no se podía resolver este año; el congresista del Tea Party, Raúl Labrador dijo que si el líder en la Cámara de Representantes, John Boehner, llevaba el tema a votación debería perder su puesto; y Boehner, cediendo a la presión, dijo que tenía serias dudas de que el 2014 fuera el año de la reforma inmigratoria.
Inmediatamente, todos los republicanos empezaron a culpar al presidente Obama por el fracaso de la reforma. Sí, efectivamente, Obama no cumplió su promesa migratoria en el 2009. Pero que no quede duda: la culpa de que no haya reforma migratoria en el 2014 es del Partido Republicano y de Boehner. Ni siquiera se atrevieron a llevar el tema a votación.
Su cálculo político es que en el 2015 podrían revivir el tema. Pero se equivocan. Estaremos en la mitad de una brutal campaña por la presidencia. Nadie va a querer lidiar con migración ese año.
Lo más grave para los republicanos es que en el 2016 van a perder a la mayoría de los 16 millones de votantes hispanos y, seguramente, también perderán la Casa Blanca. Este tema los va a perseguir como un fantasma.
Sin embargo, el presidente Obama también pierde por la falta de acción de los republicanos. En los próximos meses va a crecer enormemente la presión para que detenga las deportaciones de miles de indocumentados que no han cometido crímenes. Hay una grave contradicción en la postura del presidente Obama. Dice que quiere una reforma migratoria pero, al mismo tiempo, ya ha deportado a casi dos millones de inmigrantes que se hubieran beneficiado de esa medida. Mientras, la situación de los indocumentados se vuelve desesperante. Un presidente los quiere deportar mientras el único partido que puede hacer algo para legalizarlos les da la espalda.


February 11 2014, 9:01 PM Por: Jorge Ramos

Los republicanos aseguran que no existe confianza sobre Obama y la reforma migratoria.
El presidente Barack Obama también pierde por la falta de acción de los republicanos
POLÍTICA
Esto ha sido un gran cuento. El Partido Republicano le hizo creer, por un momento, a los hispanos y a los inmigrantes que realmente quería que se aprobara una reforma migratoria para este año. Sin embargo, la verdad, es que todo parece indicar que no va a pasar nada.
El final del cuento es que los inmigrantes indocumentados se quedarán sin legalización por mucho tiempo más y los republicanos se volverán a quedar sin la Casa Blanca en el 2016.
Es todo un juego político.
El año pasado, el Senado (con mayoría demócrata) aprobó una propuesta de reforma migratoria.
El punto central era legalizar a la mayoría de los indocumentados y darles un camino a la ciudadanía. Llegó, entonces, el turno de la Cámara de Representantes, dominada por los republicanos, y ahí todo se echó a perder.
Después de muchos titubeos y consultas internas, el Partido Republicano dio a conocer hace unos días una "lista de principios" sobre inmigración.
La lista incluía, como era de suponer, más seguridad en la frontera, más visas, más verificación en los empleos, más registros de entradas y salidas de visitantes.
Pero lo importante es que le daría un "estatus legal" a la mayoría de los indocumentados.
Muchos creímos que el debate había, por fin, comenzado.
Por todos lados se hablaba de una solución intermedia, es decir, darle a los indocumentados la legalización sin un camino para lograr la ciudadanía.
Bueno, hasta el mismo presidente Barack Obama dijo en una entrevista a CNN que él no vetaría esa opción.
Pero de pronto, todo se paró: Mitch McConnell, el líder republicano en el Senado, dijo que el asunto migratorio no se podía resolver este año; por su parte, el congresista del Tea Party Raúl Labrador dijo que si el líder en la Cámara de Representantes, John Boehner, llevaba el tema a votación debería perder su puesto; y Boehner, cediendo a la presión, dijo que tenía serias dudas de que el 2014 fuera el año de la reforma migratoria.
Inmediatamente, todos los republicanos (entrenados en sus talking points) empezaron a culpar al presidente Obama por el fracaso de la reforma migratoria.
Sí, efectivamente, Obama no cumplió con su promesa sobre la reforma migratoria en el 2009.
Pero que no quede duda: la culpa de que no haya reforma migratoria en el 2014 es del partido Republicano y de su líder John Boehner. Así, ni siquiera se atrevieron a llevar el tema a votación.
Su cálculo político es que en el 2015 podrían revivir el tema. Pero se equivocan.
Estaremos en la mitad de una brutal campaña por la presidencia. Nadie va a querer lidiar con migración ese año.
Lo más grave para los republicanos es que en las elecciones del 2016 van a perder a la mayoría de los 16 millones de votantes hispanos y, seguramente, también perderán la Casa Blanca.
Este tema, sin duda, los va a perseguir como un fantasma.
Ahora, el presidente Barack Obama también pierde por la falta de acción de los republicanos.
En los próximos meses va a crecer enormemente la presión para que detenga las deportaciones de miles de indocumentados que no hayan cometido crímenes.
Él dice que no tiene la autoridad para hacerlo. Pero muchos abogados, como él, creen que sí la tiene.
El argumento es el siguiente: si pudo detener las deportaciones de los dreamers —con la llamada acción diferida— también lo puede hacer con sus padres, hermanos, vecinos y compañeros de escuela y trabajo.
Así que hay una grave contradicción en la postura del presidente Barack Obama.
Él dice que quiere una reforma migratoria pero, al mismo tiempo, ya ha deportado a casi dos millones de inmigrantes que se hubieran beneficiado de esa medida.
No puede decir: "Te quiero en este país" y luego enviar a unos agentes migratorios a deportarte. Sus acciones contradicen sus palabras.
Mientras, la situación de los indocumentados se vuelve desesperante.
Un presidente los quiere deportar mientras el único partido que puede hacer algo para legalizarlos les da la espalda.
Este no es el sueño americano que ellos se imaginaron al venir. es un gran cuento.

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