Tribuna del público: No es nuestra casa
Soy mexicano obtuve a finales de noviembre de 1988 un permiso de trabajo, bajo la ley Simpson-Rodino, (amnistía), aplique por el campo. Empecé a trabajar en enero de 1989, y hasta la fecha no he dejado de hacerlo. Tiempo después recibí una carta de inmigración (2001) en la que me decían que mi caso estaba cerrado y que no iba a poder legalizar mi status.
Sí desde el 2001 soy ilegal, pero tengo mi licencia de manejo de camionero, tengo mi número de Seguro Social y mis hijos también. Mis hijos viven en México y yo aquí en L.A. Ya no puedo ir y volver, bueno, que se le hace.
Nunca recibí orden de deportación y estoy seguro que mi expediente fue destruido en el caso que pasó en la oficina de inmigración en Laguna Nigel. Mis papeles estaban ahí.
Sin embargo no me quejo. Mis hijos son profesionistas y viven bien gracias a mi trabajo, en ocasiones —y muchas más— hasta 100 horas por semana como camionero.
Lo que pretendo hacer notar es que EE.UU. no es mi casa y no puede ni debo exigir nada.
Lo que yo no comprendo es como existe gente que están aquí, que no es su casa, y exigen papeles para ellos y su familia.
Esto no es nuestra casa, y yo no le puedo decir al dueño que hacer. Si el dueño quiere pintar su casa de azul con bolas blancas, poner bardas altas, tener perros, poner alambre de púas, tiene todo el derecho.
Todo mundo quiere vivir aquí, pagan mucho dinero por lograrlo. Algunos lo consiguen, trabajan duro, se casan, tienen hijos y derecho al WIC, derecho a las iglesias por comida y ropa. Algunos hasta estampillas y sección 8. Y en ocasiones manejan carros nuevos, de lujo, levantando comida y ropa gratis. ¿Cuándo hemos hecho eso en nuestros países?
Pero exigimos papeles legales, y decimos que los gabachos son malos. Pero si en nuestra casa no hay nada, aquí sí.
Este es mi punto. Estados Unidos no es nuestra casa y todavía tenemos la desvergüenza de querer poner reglas.
















