Guatemala en una batalla por Belice

Guatemala está en una batalla cuesta arriba con su reclamación de territorio a Belice

El presidente de Guatemala, Otto Perez Molina (i), con el  secretario general de la OEA, José Miguel Insulza.

El presidente de Guatemala, Otto Perez Molina (i), con el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza.

Foto: Archivo/EFE
PUBLICADO: EST Mar 8, 2013 3:00 pm EST

La insistencia de Guatemala por reclamar 4 mil millas cuadradas de Belice (la mitad de ese país, más los cayos) parece motivada por la obsesión de ganar un pulso político. No se puede entender por qué el Estado de Guatemala pretende hacerse de más territorio cuando apenas puede hacerse cargo del que ya tiene—algunos (¿muchos?) dirían que ni tiene control sobre algunas áreas de Guatemala. El pulso político ya lo perdió con Inglaterra, cuando esta incumplió con construir una carretera que conectara la costa del Atlántico de Belice con Petén, a cambio de que Guatemala cediera parte del territorio que hoy es Belice.Cuando Belice obtuvo su independencia de Inglaterra, en septiembre de 1981, Guatemala mantuvo el pleito. Esta vez, con el Estado de Belice.

Pero, ¿qué pelea Guatemala? Podrían ser los yacimientos de petróleo inexplorados en las aguas beliceñas, o los beneficios económicos del turismo que Belice recibe por tener uno de los mayores arrecifes del mundo, paradisíacas playas, y exóticos bosques tropicales. Sin embargo, está visto que el Estado de Guatemala ha sido incapaz de administrar efectivamente los recursos naturales y turísticos en Guatemala. La atención que el Estado ofrece al turismo en el país es patética. En algunas ocasiones, la atención del sector privado también deja que desear. Entonces, ¿quiere Guatemala extender la mala atención al turista en Belice?

En materia de seguridad, Guatemala pelea por una papa caliente. Porque eso es Belice con una tasa de 44 homicidios por cada 100 mil habitantes (más alta que la de Guatemala). Además, tiene los mismos problemas que sus vecinos en Centroamérica: pandillas, narcotráfico, pobreza, desempleo y un Estado débil y en bancarrota, incapaz de atender las necesidades básicas de sus habitantes (que suman cerca de 327 mil). El 90 porciento del crimen, especialmente los homicidios, se concentra en el distrito de Belice, que tiene la cuarta parte de la población y abarca Belice City (la ciudad más peligrosa del país) y los cayos más grandes (Ambergris Caye y Caye Caulker). Además, algunas de las zonas menos pobladas y mortales han sido escenario de la llegada de narco-submarinos o narco vuelos, o lugar de paso para migrantes indocumentados. Por esto pelea Guatemala.

En octubre próximo se realizarán las consultas populares simultáneas en Belice y Guatemala, para decidir si el caso llega a la Corte de Justicia Internacional (CJI), que decidiría dónde se situará la frontera oficial. Desde 2012, la sociedad civil beliceña hace campaña para que la población vote "no". En Guatemala, un nacionalismo trasnochado (o la errónea ilusión de que Belice tiene mejores condiciones de vida que Guatemala) hace que algunos insistan en que "Belice es nuestro" (de los guatemaltecos), cuando hace mucho tiempo que dejó de serlo.

Hoy, Guatemala tiene una tasa de homicidios estimada de 38 por cada 100 mil habitantes, con una población de 14 millones de personas. El gobierno se abroga los méritos por la disminución de la tasa, aunque ese descenso comenzó en el gobierno anterior, y la oposición política sostiene que los homicidios ya aumentaron y el oficial Partido Patriota no reporta las cifras reales. En Belice, en cambio, la tasa de homicidios aumentó, aunque su población es 43 veces menor que la guatemalteca. Mientras tanto, Guatemala emplea tiempo y recursos (que hacen falta en salud y seguridad) en un pulso político inútil.

¿Quiere abarcar más territorio y población de la que puede proteger? Aunque ya lo hace, parece ser que quiere abarcar todavía más, y apretar mucho menos—como dice el refrán popular. Parece que así lo indica su empecinamiento en pelear por Belice y en, como dicen en inglés, "save face" (salvar su honor ante la comunidad internacional). Un absurdo total.

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