Idioma del migrante

Mis estudiantes también relatan cómo los primeros años de su vida transcurren en un mundo en el que el español predomina y cómo el aprendizaje del inglés realmente comienza con el ingreso a la escuela

El español es el idioma de la clase trabajadora e inmigrante en Los Ángeles y buena parte del suroeste de los Estados Unidos.

El español es el idioma de la clase trabajadora e inmigrante en Los Ángeles y buena parte del suroeste de los Estados Unidos.

Foto: Archivo/Aurelia Ventura/La Opinión
PUBLICADO: EST Apr 10, 2014 12:15 am EST

MIGRACIÓN

Una vez al año tengo el gusto de impartir un seminario sobre la migración de México a Estados Unidos en español. Al seminario se inscriben principalmente hijos de inmigrantes latinoamericanos —mexicanos, salvadoreños, guatemaltecos y de otras nacionalidades— que cursan sus estudios de licenciatura y posgrado en la UCLA. Para poder participar en este seminario, los estudiantes tienen que hablar y entender el español en su modalidad oral, pero también tienen que leerlo y escribirlo.

Este alto nivel de retención y competencia en el español siempre despierta mi curiosidad, por lo que la primera pregunta que les hago a estos alumnos es ¿cómo es que hablan tan bien el idioma de sus padres?

Sus respuestas son fascinantes y reveladoras de las diversas experiencias que los inmigrantes y sus hijos viven en torno al asunto del idioma. Hay dos constantes en esas respuestas. La primera es el papel clave que juega la familia en la retención y transmisión de la lengua. Los padres enfatizan el uso del español de muchas maneras y por distintas razones.

Una de las estudiantes de este curso describió cómo su mamá la ponía a escribir cartas en español a su abuela todas las tardes. Mis alumnos afirman que, durante su infancia, sus padres frecuentemente les prohibían dirigirse a sus mayores en inglés y los hacían hablar en español. Parece algo extraño, pero se trata de un comportamiento explicable. No es que mamás y papás estén en contra de que sus hijos aprendan inglés. Estos padres reclaman el uso exclusivo del español, el idioma que dominan, porque intuitivamente comprenden que esta es la lengua en la que mejor pueden cumplir su papel como figura moral y de autoridad en la familia.

Mis estudiantes también relatan cómo los primeros años de su vida transcurren en un mundo en el que el español predomina y cómo el aprendizaje del inglés realmente comienza con el ingreso a la escuela. Desde un punto de vista experiencial, es como si estos jóvenes, casi todos nacidos en Estados Unidos, hubieran emigrado a este país a los 5 ó 6 años de edad.

El segundo elemento que aparece constantemente en las respuestas de mis alumnos es la estigmatización que perciben y sufren por usar el español en público, es decir, más allá del ambiente familiar o de su comunidad hispanoparlante. Esta estigmatización probablemente comienza en la escuela pública, institución que, ciertamente en California, castiga a todos aquellos que hablan un segundo idioma, especialmente si ese idioma es el español. El castigo consiste en ser segregado en programas que tratan de "remediar" la falta de inglés. Esa segregación es una forma de estigmatizar, de marcar de manera negativa, a quien habla español.

¿Por qué la saña contra el español en particular? Porque el español es el idioma de la clase trabajadora e inmigrante en Los Ángeles y buena parte del suroeste de los Estados Unidos. Hablar español en público es percibido como una señal de que la persona no habla inglés —asunto sobre el que volveré la próxima semana—.

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