
Rivelino se desmayó, Tostao fue desnudado y Pelé perdió los zapatos
MÉXICO D.F., 21 de junio de 1970.- Rivelino se desmayó, Tostao fue desnudado, Pelé perdió los zapatos, Gerson lloró, Zagalo fue paseado en hombros y todos gritaron, bailaron corrieron, se abrazaron, al terminar el partido con que Brasil se llevó para siempre la Copa Jules Rimet a su tierra.
Todavía el árbitro alemán Rudi Gloeckner no daba el pitazo final cuando ya centenares de "torcedores", que saltaron al campo de juego, abrazaban a sus ídolos.
El entusiasmo delirante se prolongó por más de 30 minutos, mientras por los altavoces del estadio se pedía tranquilidad para poder hacer entrega de la Copa Jules Rimet al capitán brasileño Carlos Alberto.
Las graderías se convirtieron como milagro en un inmensa pista de baile, con los brasileños bailando la samba que los ha hecho tan famosos como el fútbol.
Los jugadores brasileños aún permanecían en el campo; no podían escapar a las muestras de entusiasmo de los aficionados.
Como último adiós a Inglaterra, el campeón destronado, un flemático inglés portando la bandera británica y una réplica del Bull Dog "Churchill" ‹la mascota del equipo inglés‹ se despidió por todo el estadio, pero ni aún su broma pudo conquistar los aplausos, que también le fueron negados a su equipo durante la competencia.
Calmada un poco la euforia, los miembros del servicio de intendencia naval tomaron el centro del campo, portando cada uno las banderas de los 132 países miembros de la FIFA teniendo al medio a las de las 16 naciones que compitieron en el Noveno Campeonato Mundial de Fútbol.
Por fin se hizo el silencio, indicador de que la Copa Jules Rimet iba a ser entregada. Las 108,000 personas seguían en sus asientos esperando el momento culminante en que el trofeo pasaría definitivamente de manos de la FIFA a las de Brasil, el tri-campeón mundial.