
El país enloquece con el triunfo
ROMA, 11 de julio de 1982.- Gritaron hasta reventar, formaron grandes filas bailando la conga, cargaban antorchas y se metieron en todas las fuentes cantando y enarbolando la bandera nacional. Las campanas de las iglesias tocaban celebrando.
Los italianos se volvieron locos cuando su equipo nacional ganó la Copa del Mundo.
La fiesta empezó incluso mucho antes del pitazo final del árbitro Arnaldo César Coelho en Madrid, que dio a los italianos la victoria por 3-1 contra los alemanes y devolvió a Italia la Copa Mundial después de 44 años.
Era la tercera victoria de Italia después de las de 1934 y 1938, una marca solo igualada por Brasil.
La fuente de Trevi de Roma, escenario de muchas películas durante años, se volvió una vez más un lugar para celebraciones, con cientos de delirantes aficionadas saltando dentro de sus aguas gritando de alegría.
Los caballos de mármol del siglo XVII, que son los más valiosos de la fuente, fueron disfrazados con banderas que les ponían los mojados aficionados, mientras a la vez tiraban agua a la gente que los miraba.
Procesiones de antorchas empezar a surgir por toda la ciudad para acabar en la Piazza del Popolo donde más de 300,000 personas estaban ondeando la bandera roja, blanca y verde debajo de un obelisco egipcio de 3,000 años de antiguedad.
Escenas similares se desarrollaban en la ciudad de Nápoles y en el norte en las ciudades de Milán y Bolonia, donde muchas iglesias tocaban sus campanas celebrando el triunfo.
En casi todas las bocas estaba el nombre de Paolo Rossi, el delantero italiano que anotó seis goles en este campeonato del mundo, más que ningún otro jugador.
Fue el gol que metió Rossi en el minuto 11 de la segunda mitad contra Alemania Occidental en Madrid el que empezó la fiesta, sacando gritos de júbilo en barrios normalmente tranquilos en toda la ciudad.