
En Buenos Aires la gente se lanza a las calles a celebrar
BUENOS AIRES, 25 de junio de 1978 (UPI).‹ Millones de personas ganaron hoy las calles de esta capital para celebrar la conquista del Campeonato Mundial de Fútbol y decir que Argentina, la magia del balompié de por medio, es hoy un pueblo feliz.
Aún antes de que comenzara el partido, la gente comenzó a reunirse en el centro de la capital para gritar el nombre de su país, escuchar las incidencias del encuentro en radios portátiles o asomarse a las vidrieras donde se transmitía por televisión.
Carnaval en Buenos Aires
Cuando los maratónicos 120 minutos finalizaron comenzó el carnaval que no se detendría, y que en la práctica se prolongará en el espíritu de los aficionados hasta dentro de cuatro años, cuando Argentina acuda a defender su título en España.
Cada partido anterior de Argentina había sido un ensayo para la gran fiesta de esta noche.
Pero nada superó el colorido, la alegría incontenible de hombres y mujeres, ancianos y niños, unidos todos en la confraternidad que inspiran las grandes ocasiones.
En las anchas avenidas y calles de Buenos Aires, en sus plazas y paseos públicos era difícil que nadie pudiera hacerse oír.
Cada automovilista hacía sonar la bocina de sus vehículos, cada persona trataba de tocar más alto sus cornetas y pitos.
Las orquestas improvisadas aparecieron por doquier y los saltos de la multitud se hicieron más acompasados, con un mar de banderas argentinas ondeando en cada metro.
En la alegría se olvidaron los rivales del torneo que tan felizmente acaba de culminar para tener presente sólo el hecho de que Argentina era el nuevo campeón.
Argentina demoró 48 años
El país organizador de la copa demoró 48 años en llegar a una final de fútbol, pero como si los jugadores de ahora, con menos nombre que los del pasado, hubieran aprendido la lección de aquellos, no permitieron que esta vez se les escapara el título como ocurrió en el primer Campeonato Mundial, en 1930 en Montevideo.
Eso hizo la fiesta aún más estruendosa.
De cada sector de Buenos Aires, de la pintoresca Boca y del elegante Barrio Norte, de Caballito y Palermo, de Avellaneda, de los cien barrios de la gran capital, de Mendoza, de Mar del Plata, de Rosario y de Córdoba ‹ciudades éstas que también vivieron las emociones del mundial en su calidad de subsedes‹ se informó que los festejos se repetían, que la alegría era la misma, que el orgulloso sentimiento de compartir la satisfacción del deber cumplido se contagiaba a todos.
En Buenos Aires el centro de los festejos estuvo en el monumento del obelisco en la Avenida 9 de Julio y Corrientes. Pero en la Avenida de Mayo, en la elegante calle Florida y en Lavalle, el paseo que nunca duerme, la escena era la misma, risas, cantos abrazos, bailes, pitos, cornetas y repetición hasta el cansancio por los altoparlantes de los goles argentinos en las voces de los más famosos relatores, esos que alargarán el grito de: "¡Goooooool!", como saboreando el instante.
Muy pocas personas durmieron esta noche en Buenos Aires, y es que muy pocas querían hacerlo.