Fortaleza ante una muerte

En estos días recibí una dolorosa noticia que me hizo reflexionar sobre mi fe en Dios. Yesenia, la hija de mis grandes amigos Elizabeth y Miguel Orozco, falleció en un accidente automovilístico el pasado 16 de diciembre, cuatro días antes de cumplir 27 años.

Cuando me enteré, no podía creerlo. ¿Por qué le pasa esto a una familia tan amorosa, generosa y creyente en Dios? Yesenia era una joven que iluminaba el lugar con su presencia, constantemente alegre y con una hermosa sonrisa. Era líder por naturaleza y siempre estaba disponible para quien la necesitara, bien fuera una amiga, un primo o un desconocido. Su pasión más grande eran los niños. Recientemente había visitado la ciudad de Ambato, Ecuador, para llevar regalos y alimentos a los niñitos y viejitos de esta población. Al regresar a su casa en California manifestó a sus padres su determinación de continuar ayudando a los menos favorecidos de este país, natal de su padre.

Me pregunté: ¿Por qué tiene que terminar la vida de una muchacha tan joven, llena de vida y que apenas empezaba a expandir sus alas? Cuando una muerte inesperada sucede o una enfermedad grave ocurre en nuestras vidas, todo el mundo trata de buscar una explicación que nos consuele. Algunos dicen: “Esto es una prueba que Dios ha enviado para probar tu fe”. Otros expresan: “Dios sabe lo que hace y no debes cuestionarlo”. Muchos aseguran: “De este sufrimiento, algo bueno saldrá y aprenderás a ser más fuerte”. Hay quienes declaran: “Dios tiene un propósito, todo sucede por una razón”.

Estas respuestas tienen algo en común: ninguna aplaca la pena ni provee satisfacción. Entonces, al no encontrar una explicación que calme el sufrimiento, desesperadamente buscamos un culpable. Hay quienes culpan a Dios por permitir esta tragedia, otros se condenan ellos mismos porque piensan que de alguna forma pudieron evitarlo. En el caso de Yesenia, habrá los que culpen al conductor del auto en el que ella iba. Sin embargo, buscar a un responsable jamás aliviará el dolor y albergarás sentimientos de ira. Tratar de hallar un razonamiento válido sólo lleva al abatimiento y la depresión. La paz emerge dejando a un lado los sentimientos de rabia o culpabilidad que nos separan de nuestra espiritualidad. Mi amiga tendría todo el derecho de reprochar por la muerte de su hija; no obstante, ella me enseñó que lo importante no es entender por qué sucedió, sino reconocer que puedes encontrar refugio en Dios. En medio de su agobio y tristeza me dijo: “María, si no fuera por mi fe, no podría sobrellevar este sufrimiento, Dios es quien me da la fuerza”. Admiro a Elizabeth por su fe incondicional, con ella aprendí que no importa cuán destrozado esté nuestro corazón, siempre encontraremos fortaleza en nuestro creador.

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Comments

  1. Noelia
    Enero 9th, 2008 | 12:40

    Holla Maria,

    Me da gusto que tu amiga haya encontrado la fortaleza y el refujio que necesita para poder sobrevivir la muerte de su hija. Yo estoy mas que convencida de que solo con mucha fe en Dios se puede soportar las catastrofes como esta. Quisiera tomar esta oportunidad para hacer conciencia en las madres jovenes principalmente que nos estamos olvidando de inculcar en nuestros hijos la fe en Dios, y cada dia les hablamos menos de el. Que van a ser nuestros hijos cuando se les presenten situaciones tan trajicas como la de perder un hijo o un padre? o la de recuperarse de una adiccion? Como la van a poder superar? y los suicidios? por que estan occuriendo mas y mas suicidios entre nuestros jovenes?
    Saludos.

  2. Enero 11th, 2008 | 19:48

    Querida Noelia,
    Gracias por visitarme y te agradezco mucho el consejo tan sabio que has compartido aqui en mi blog.
    un fuerte abrazo
    Maria Marin

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