Mi mejor momento
Un día leí un anuncio en una revista: “Como en la vida, en los negocios, no obtienes lo que mereces, sino lo que negocias”. Era una publicidad de una prestigiosa empresa en Beverly Hills que presenta seminarios de negociación a nivel mundial. Pensé en cuánto me gustaría hacer un trabajo como ese, que me permitiera realizar mi sueño de ser oradora frente a un público.
Cerré los ojos y me visualicé muy bien vestida enseñando el arte de negociar. Pero luego me invadió la desilusión: “No tengo los requisitos para este trabajo”, pensé. Un año después, en el mismo periódico hallé un anuncio de la misma empresa en busca de un conferencista. Y pensé: “¡Es una señal divina!”
Leí los requisitos: experiencia en negociaciones internacionales, consultoría empresarial y otra docena de facultades. Me dije: “¡Ni lo sueñes!”, pero continué leyendo: “El solicitante debe ser dinámico y estar dispuesto a viajar”. Así que algún requerimiento tenía. Llamé a una amiga para contarle de mi “futuro empleo”, pero burlonamente comentó: “¡Tú ni te atreves a negociar! Cada vez que pido un descuento, me mandas a callar y te mueres de la vergüenza”.
No dejé que sus palabras me desanimaran y decidí ir a la entrevista. Ese día, antes de salir de la casa, me paré frente al espejo con la espalda derecha, me miré de arriba abajo y de repente dije: “¿Te volviste loca? ¡Vas a hacer el ridículo!”
Aun así, mi inseguridad no me detuvo. Pasé la primera entrevista y tuve que asistir a varias más. Había fuerte competencia, más de 50 personas para sólo una plaza disponible. Me concentré en aprender el material. Estudiaba sin descanso y practicaba largas horas frente al espejo. Después de muchos exámenes y un largo escrutinio que duró tres meses, el presidente de la compañía me dijo: “Eres muy dinámica y buena presentadora, pero tu falta de experiencia en este campo me preocupa”. Aunque sus palabras me desilusionaron, me fui satisfecha porque di lo mejor de mí.
Una semana después recibí una llamada sorpresiva del mismo presidente para informarme que era la elegida. En ese momento brinqué a la cama y como niña empecé a dar saltos mientras gritaba: ¡Yes, sí, sí, sííí!”. La emoción me hizo bailar sin música y el regocijo era mi melodía. Este logro fue mi mejor momento y el que cambió mi vida para siempre. Los años que trabajé para esta empresa fueron el trampolín que lanzó mi fascinante carrera como autora, columnista, motivadora y conductora de mi propio programa de radio. Aprendí que para alcanzar un sueño es más importante atreverse a intentarlo que tener conocimientos o experiencia.
www.mariamarin.com
Gracias, María, por compartir con todos tus más importantes logros y las técnicas para alcanzarlos.
Recibe un abrazo muy fuerte… de verdad.
TODOS TUS PENSAMIENTOS TIENEN UNA GRAN LOGICA.
Y ME IMPULSAN A PONERLOS EN PRACTICA QUE DIOS TE BENDIGA MUCHO MARIA MARIN
RECIBE UN CALUROSO ABRASO QUERIDA AMIGA
ERES UNA GRAN MUJER, HOY TE VI EN EL CONGRESO DE RETOS DE LA MUJER EN JALISCO
DE VERDAD QUE FUE MUY MOTIVADOR ESCUCHARTE ESCUCHARTE CAMBIOMI VIDA