Ana y el ratón
Érase una vez una niña llamada Ana, quien siempre deseó tener una mascota y un día llegó a su casa un ratoncito.
Se dedicó a cuidarlo dándole todo su amor, pero inesperadamente el animalito empezó a ponerse muy agresivo. Un día, le hizo pedazos todos sus vestidos, y la agresividad continuó en aumento.
Ella estaba tan indignada con su mascota, que la cólera la invadió, y para deshacerse del animal que ponía su vida en peligro, Ana decidió ingerir dos litros de un veneno letal para eliminar al agresor.
Quizás te preguntes, ¿por qué Ana consumió el veneno en vez de dárselo a la rata? El error que ella cometió, ¡quizás tú también lo has hecho!
Cada vez que conservas rencor contra alguien que te engañó o humilló es como si tomaras ese veneno para así aniquilar al causante de tu ira.
Investigadores de la Universidad del Estado de Ohio en Columbus dicen que las personas que guardan furia y rencor tienen niveles altos de una sustancia química llamada homocisteína, la que puede causar que la sangre se coagule fácilmente, dañando las paredes de las arterias, ocasionando derrames y problemas cardiacos.
Además, la ira y el resentimiento causan migraña, pérdida del cabello y hasta cáncer.
Si guardas ese sentimiento después de que ha cumplido su función natural, se convierte en un veneno letal que se llama rencor y el antídoto es el perdón.
Perdonar no significa que justifiques o excuses el daño que te causaron, más bien es la capacidad de ver con otros ojos a quien te hirió y analizar los hechos desde otro punto de vista más comprensivo y tolerante.
No sigas asi.