Los ‘blues’ navideños

Fui a una fiesta de Navidad y mientras socializaba divisé a tres damas que conversaban seriamente; ninguna parecía estar disfrutando del evento.

Como soy motivadora de nacimiento, me acerqué para ver si podía animarlas, y al conversar con ellas me comentaron que habían perdido el espíritu navideño.

Una de ellas dijo: “Esta época me deprime porque todos mis familiares están lejos de este país”.

Otra indicó: “A mí me trae una soledad abrumadora porque no tengo un amor con quién compartir”. La última de ellas, con lágrimas en los ojos, expresó: “A mí me llena de tristeza porque mi padre murió recientemente y no estará conmigo para celebrar”.

Me identifiqué con su melancolía porque la madre de mi esposo murió en el mes de diciembre hace siete años y desde entonces él espera con ansia el 1 de enero. Después de esa fecha suspira aliviado y da gracias porque ya terminó esta época y con ella una profunda nostalgia.

Así como mi marido y estas tres damas existen muchos a quienes les afecta este tiempo de fiestas. Hay quienes recuerdan rupturas sentimentales o extrañan las navidades con sus hijos cuando eran niños ahora que han dejado el “nido”, o simplemente épocas pasadas donde han sido felices. El común denominador pa-ra los que experimentan los “blues navideños” es la ausencia o la pérdida.

La Navidad es para celebrar con nuestros seres queridos y, cuando nos falta alguien importante con quien compartirla, irremediablemente nos llega la tristeza y podemos sentir cierto grado de depresión. Podemos aliviar esta melancolía que asalta siguiendo estos consejos:

Aunque te falten ánimos, sal de la casa y no te quedes encerrada. Rodéate de personas cuya compañía disfrutes. No esperes a que te inviten, toma la iniciativa de convidar a tus amistades a salir. Si estás afligida, en vez de descuidar tu apariencia física, maquíllate, péinate y ponte tu vestido favorito. Cuando nos vemos bien nos sentimos mejor.

Antes de irte a dormir escribe en un papel cinco cosas de tu vida por las cuales debes estar agradecida. Puede ser al-go que otros más desafortunados quizás anhelarían tener (una cama cómoda, salud, hijos, etc.).

Haz trabajo voluntario para los menos afortunados; por ejemplo: visita un hogar de ancianos, un hospital de niños, etc.

A las tres damas que conocí en la fiesta les expliqué que de estas sugerencias anteriores la más importante es la última, porque la manera más efectiva de olvidarnos de nuestras penas es hacer sentir bien a otra persona. Concluí diciendo: “El verdadero espíritu navideño está en dar y no en recibir”.

www.MariaMarin.com

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