¡Decídete a perdonar!
Mi prima me preguntó: “¿Cómo puedo salir de esta tortura emocional?: No sólo lloraba por el sufrimiento que le había causado su ex pareja, sino también toda su familia.
Resulta que la infidelidad de su prometido había sido “encubierta” y “fomentada” tanto por la madre de él como por sus hermanas.
Esa traición la destrozó y dejó un vivo rencor que envenenaba su corazón. El resentimiento y la furia ocupaban su mente y le impedían vivir; aunque pasaba el tiempo, no salía de ese estancamiento emocional.
Lo que mi prima no comprendía es que el odio la inmovilizaba sólo a ella, porque tanto él como su familia seguían sus vidas felices. En la distancia y el tiempo mi prima les permitía que continuaran hiriéndola y controlando sus emociones y ellos ni siquiera se acordaban de ella.
Por eso, le dije: “¡Decídete a perdonar!”, y respondió: “¿Acaso pretendes que consienta todo lo que me hicieron?”. Yo le respondí: “¡Claro que no!, tu perdón no significa que estás excusando sus acciones, el propósito de perdonar es curar tus heridas y liberarte del abatimiento. Lo estás haciendo por ti, no por ellos”.
Si al igual que ella, alguien te lesionó, te abandonó o se burló de ti y crees que si perdonas estás aceptando lo que te hizo, estás equivocada. Perdonar significa que te estimas y valoras lo suficiente para no permitir que otro controle tus emociones.
Quien no es capaz de perdonar abriga un rencor que le afecta física, mental y espiritualmente. Muchos estudios muestran que las personas que guardan ira y coraje desarrollan cáncer, sufren ataques al corazón y otras enfermedades. Tú vales demasiado para enfermarte por alguien que no te merece. Toma la decisión de perdonar a quien te hirió, sé que no es fácil, pero no imposible.
Comienza por compartir tu dolor con alguien, sea un amigo, sacerdote o terapeuta. Cuando alguien siente empatía por ti, te ayuda a sanar más rápido.
Busca una nueva opinión acerca de la persona que te hizo daño. Los que hieren a otros es porque ellos también han sido heridos y actúan reflejando su propio dolor.
Para concluir tu proceso de curación, redacta una carta en la que descargues tu ira y decepción. Mientras la escribes enójate y déjale saber tu sufrimiento, si es necesario, llora.
Tras desahogarte, escribe tu decisión de perdonar. Esta carta no la vas a enviar, quémala. Te aseguro que si lo haces de corazón, sentirás un gran alivio, y ante tus ojos verás cerrarse este capítulo de tu vida.
Toma el control de tu vida y no le des a otro el poder de dominar tus sentimientos. Cuando perdonas, sanas tu cuerpo, tu corazón, tus relaciones y, liberas tu espíritu. Mi prima dice que cuando decidió perdonar, ¡también decidió vivir!
he leido tu texto de forma rapida y estas en total razon,lo dificil no es hayar a el culpable o una victma, lo dificil es hay alguna tipo de salida a la cris,adios.