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Mujeres insurgentes
Algunas no solo brindaron apoyo económico y moral en el proceso independentista de las Américas, también fueron espías, informantes o empuñaron las armas decididamente arriesgando su propia vida
Luis Arritola
Especial para La Opinión
No llegaron a tener un nombre genérico, una canción propia, ni una imagen emblemática que las simbolice, como Las Adelitas, quienes lucharon durante la Revolución Mexicana con carabina en mano y catana cruzada en el pecho. Estas valientes mujeres fueron inmortalizadas por la icónica fotografía atribuida a Agustín Casasola y Jerónimo Hernández, donde se ve a una soldadera enrollada en un rebozo que asoma la cabeza montada en un tren militar.
Sin embargo, las mujeres insurgentes alcanzaron un protagonismo tal que la independencia de Latinoamérica entera habría sido imposible sin su decisiva participación. Desde Chile y Argentina al sur del continente, hasta el norte de México, pasando por Perú, Ecuador, Venezuela, Colombia y Centroamérica, las insurgentes pusieron sus recursos, propiedades, fortunas, hijos, esposos y las vidas de ellas mismas para hacer triunfar la causa independentista. En el proceso fueron perseguidas, enclaustradas, exiliadas, hechas presas, desterradas, convertidas en botín de guerra, y en ocasiones, fusiladas o asesinadas.
Jornada femenina en medio de un régimen patriarcal
América del sur
La lista es tremenda: Francisca Xaviera Eudocia Rudecinda de los Dolores Carrera y Verdugo, mejor conocida como Xaviera Carrera, nacida en Santiago de Chile, fue considerada por sus contemporáneos la madre de la Patria Chilena. De ella se ha dicho: “Inteligente y ambiciosa, fue la ideóloga de los planes de lucha para libertar a Chile. Era una mujer de no perdonar, sagaz y hábil”.
Hermana mayor de los Carrera, incluido José Miguel, presidente de la Junta Chilena de 1811 a 1814, vivió entre 1810 y 1824, una vida azarosa de guerra, conspiraciones y exilio por largos años en Argentina, encarnando el dolor del bando de los vencidos sin claudicar en sus ideales.
Por otro lado, Doña Remedios Escalada de San Martín, esposa del general San Martín, libertador de Argentina, colaboró en las tareas de organización del ejército de los Andes en la población de Mendoza, entregando sus joyas personales para contribuir al equipamiento de las fuerzas libertadoras, gesto en el que la acompañaron las damas mendocinas el 10 de octubre de 1815.
Episodio aparte es el de Manuela Sáenz, quien se separa de su marido para irse a la guerra de independencia. Peleó al lado de Sucre y fue ascendida por San Martín a coronel. Vestida de capitana conoció al libertador de los países andinos, Simón Bolívar, de quien fue su mujer y compañera de armas.
Manuela Sáenz es un personaje tan complejo y fascinante como el mismo Bolívar. Fue una mujer de espíritu libre, digna representante de la belleza quiteña que empuñó las armas, salvó de la muerte en repetidas ocasiones al libertador, coordinó acciones de guerra y fue la primera en declararse americana: "Lo que sé es que mi país es el continente de la América y he nacido bajo la línea del Ecuador''.
En Chile destacaron también los nombres de Paula Jaraquemada, la chillaneja Cornelia Olivares. En Cuba Gertrudis Gómez de Avellaneda, poeta y andariega autoapodada ‘La Peregrina’, fue precursora en las letras del espíritu independentista cubano.
La boliviana Juana Azurduy, coordinó acciones en batalla siendo ascendida a coronela luego de perder a sus cuatro hijos en la guerra anticolonial. Bautizada por un poeta con el nombre de ‘Santa Juana de América’, un historiador boliviano, Mariano Baptista Gumucio, cuenta que cuando Bolívar llegó con Sucre a La Paz, lo primero que hizo fue solicitar una entrevista con Juana Azurduy, antes que con cualquier general.
Otras mujeres independentistas fueron Cesárea de la Corte de Romero González, nacida en Jujuy, Argentina, que vestida de hombre luchó contra los españoles y luego contra la hegemonía porteña.
Por su parte, la colombiana Polonia Salvatierra y Ríos, conocida como ‘Policarpa’, actuó como enlace de los revolucionarios en el período de la reconquista española. Era una costurera de Bogotá, oriunda del Valle del Cauca; trasladaba los mensajes anticoloniales camuflados en naranjas. Descubierta su actividad de espionaje y contraespionaje, fue fusilada el 10 de noviembre de 1817, poco antes de la llegada del Ejército Libertador comandado por Bolívar.
América Central
Por lo que toca a Centroamérica, la agitación del pueblo, organizada por María Dolores Bedoya, ayudó a que se proclamara la independencia centroamericana en medio de explosiones festivas de fuegos artificiales y jarana.
El 15 de septiembre de 1821, reunidos en el Palacio de Gobierno de la Ciudad de Guatemala, las autoridades representativas de las provincias centroamericanas, de la Universidad, la Iglesia y de autoridades civiles, en total 56 personas, habrían de decidir si Centroamérica se adhería a la proclama independentista anunciada en la Ciudad de México y por tanto si oficialmente se separaba de España.
Entre esos notables se encontraba Pedro Molina, esposo de María Dolores, un importante personaje guatemalteco que apoyó decididamente las aspiraciones independentistas de toda América. María Dolores Bedoya, visitó el día anterior los barrios más poblados de la ciudad para convocar a una reunión frente al Palacio de Gobierno, y hacer participar al pueblo de la decisión y llenar la plaza en apoyo a la independencia. María Dolores llevó música y fuegos artificiales para armar gran alboroto con cohetes y bombas tronadoras, y festejar a lo grande la proclama de independencia.
En tanto los miembros de la Junta argumentaban a favor y en contra de la declaración de independencia, Dolores Bedoya arengaba al pueblo en la plaza mayor con gritos a favor de la libertad. Mientras esto sucedía afuera, dentro del Palacio de Gobierno algunos intentaban retrasar la proclama de independencia, los opositores estaban encabezados por otro influyente notable de Guatemala.
Pero cuando el estruendo de la pólvora y de la música se escuchó en el recinto, los opositores a la independencia temerosos de que hubiera estallado una rebelión independentista, rápidamente se decidieron a aprobar la proclama de liberación de Centroamérica.
México
En México, junto a mujeres más reconocidas por el recuerdo histórico -como doña Josefa Ortiz de Domínguez y doña Leona Vicario- entre las heroínas insurgentes cuya participación independentista es menos conocida y poco difundida en las efemérides patrias, está Mariana Rodríguez del Toro de Lazarín, principal organizadora de la conspiración del mes de abril de 1811 registrada en la Ciudad de México.
Mariana, que se encontraba con unos amigos en una tertulia organizada en su casa, al enterarse de la detención del cura Miguel Hidalgo, apela a los allí reunidos a aprehender al virrey. Delatada por uno de sus invitados, es hecha prisionera por casi 10 años junto con su esposo y sujeta a grilletes hasta el 20 de diciembre de 1820 cuando es liberada. Doña Mariana Rodríguez, devastada por el prolongado encarcelamiento, murió al año siguiente, precisamente en 1821, año de la consumación de la independencia.
Otra destacada independentista fue María Ignacia Rodríguez de Velasco y Osorio Barba, conocida como “La Güera Rodríguez”. Aristócrata criolla casada en tres ocasiones y viuda dos veces, conoció al joven Simón Bolívar, al viajero Alexander von Humboldt y era amiga de Agustín de Iturbide. Fue una de las personas que conspiró para lograr la independencia de México en el corazón mismo del virreinato de la Nueva España, razón por la cual fue llevada ante el Tribunal de la Inquisición y desterrada por el virrey por un tiempo en Querétaro, sin saber que, irónicamente, la enviaban a otra de las sedes de la conspiración independentista.
En la lista también se encuentran Manuela Medina, María Fermina Rivera, llamada ‘La Capitana’; María Herrera que quemó su hacienda para no proporcionar recursos al enemigo y fue protectora de Francisco Javier Mina.
Heroínas mártires
La guerra de independencia tuvo innumerables heroínas mártires por todo el continente. Los insurgentes nunca fusilaron a mujeres del bando realista; en cambio éste último ensució sus armas con sangre de valientes mujeres.
Tras una cruenta batalla contra las tropas de Agustín de Iturbide en agosto de 1814, los prisioneros fueron pasados por las armas, incluida María Tomasa Esteves, de quien el propio Iturbide refirió: "Se fusiló al mismo tiempo a María Tomasa Esteves, comisionada para seducir a la tropa, y habría sacado mucho fruto por su bella figura, a no ser tan escuchado el patriotismo de estos soldados".
Otra heroína, de origen humilde, fue Luisa Martínez, la cual tenía un tendajón en el pueblo de Erongarícuaro, por los años de 1815 a 1816. Independentista convencida, servía a los guerrilleros insurgentes proporcionando noticias oportunas, víveres, recursos, y era correo de comunicaciones de los jefes superiores.
Sorprendido el correo de la Martínez, portador de cartas dirigidas a los guerrilleros, ella huyó; pero perseguida, hecha prisionera y encerrada en una capilla, hubo necesidad de que pagara dos mil pesos de multa y prometiese no volver a comunicarse con los libertadores.
No escarmentó. Tres veces más se le persiguió, encarceló y multó hasta que no pudo pagar los cuatro mil pesos que se le exigían y fue fusilada en uno de los ángulos del cementerio de la parroquia de Erongarícuaro, el año de 1817.
Antes de morir, inquirió a sus captores: "¿Por qué tan obstinada persecución contra mí? Tengo derecho a hacer cuanto pueda en favor de mi patria, porque soy mexicana. No creo cometer ninguna falta con mi conducta, sino cumplir con mi deber". Luisa Martínez cayó atravesada por las balas de los realistas.
Doña Gertrudis Bocanegra de Lazo de la Vega, entró a la lucha por la liberación de su patria. Sacrificó por esta causa a su esposo y sus intereses. Mina y otros caudillos le debieron que les salvara la vida en más de una ocasión. Ningún historiador consagra más datos sobre su vida. Sólo sabemos que murió fusilada en la plaza de Pátzcuaro el 10 de Octubre de 1817.
Algunas de esas mujeres insurgentes han sido homenajeadas de distintas maneras. Leona Vicario es la única mujer cuyos restos descansan en el mausoleo de la Columna de la Independencia. Así mismo, por decreto del 9 de noviembre de 1948, fueron inscritos con letras doradas los nombres de las insurgentes mexicanas Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario, Mariana Rodríguez del Toro de Lazarín y Antonia Nava, en los muros del viejo recinto del Honorable Congreso de la Unión, que actualmente ocupa la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.
Unas tomando parte activa en los hechos de batalla, otras haciéndose cargo del sostenimiento de sus casas e hijos ante la ausencia de los que se fueron a la Guerra de independencia; las mujeres insurgentes pusieron su parte para que la América entera se liberara del dominio extranjero, ayudando a parir las naciones que hoy día forman la América Latina. |
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