Relato de Isabel Allende florece como ópera
Lee Holdridge y Richard Sparks son los autores de la ópera 'Dulce Rosa', inspirada en el relato 'Una venganza', de Isabel Allende, y que dirigirá en su debut mundial en Los Ángeles Plácido Domingo.
Un relato breve, Una venganza, se transforma en una oda musical en Dulce Rosa, una ópera que conocerá su estreno mundial este viernes en Santa Mónica y que —como hace poco sucedió con Camelia la Tejana, inspirada en la canción de Los Tigres del Norte— refuerza la aportación latina a la cultura local.
El libretista Richard Sparks, también director de la ópera, empezó a hablar del proyecto de adaptar Una venganza hace poco más de una década, cuando le sugirió al cantante y director Plácido Domingo la posibilidad de convertirla en una ópera.
Tras obtener los derechos, se unió al proyecto el compositor Lee Holdridge, autor de bandas sonoras de películas como Splash (1984) u Old Gringo (1989), y de series de televisión como Moonlighting y Beauty and the Beast.
Nacido en Haití, pero de ascendencia latina —de hecho creció en diversos países latinoamericanos y habla perfecto español, aunque la entrevista se llevó a cabo en inglés—, Holdridge se enfrascó junto a Sparks en la composición musical de Dulce Rosa, la historia de una mujer (interpretada por la soprano uruguaya María Antúnez) que planea una venganza contra la guerrilla que mató a su padre.
¿Qué elementos de la composición para cine se pueden usar para componer una ópera... y cuáles no?
El elemento que sí se puede usar es el drama. Una ópera no es distinta a una película porque hay que contar una historia. Cómo la cuentas es distinta. El cine es un arte y cuando escribes música para una película, te adaptas a lo que ésta es y cómo se ha hecho. En una ópera es todo acerca del compositor. Él está en el centro de la escena, con el canto, la música [...]. En el cine, a veces no quieres que se oiga la música, debe ser sutil... Pero las líneas están cada vez más difuminadas en la actualidad. La belleza de la ópera son las voces maravillosas, las expresiones vocales.
Hacer una ópera de un relato corto parece un proyecto imposible...
Hablé con [el libretista y director] Richard Sparks para hacer una ópera completa. Hemos hecho varias óperas de un solo acto. Hablamos de ello y le comenté que uno de los problemas de la ópera es que ralentiza la narrativa, cuando el cine la acelera. En una hora y media de película puedes contar mucho, pero en una ópera no tanto. Le dije: '¿qué tal si extendemos un relato corto?'. Él encontró la historia Una venganza. La leí y pensé que era fantástica. Fuimos a ver a Isabel Allende cuando la acabamos. Estábamos muy nerviosos, porque cambiamos algunas cosas, como el final. Pero entendió lo que hicimos y lo aceptó.Nos ha apoyado mucho.
¿Qué cuenta 'Una venganza' desde una perspectiva emocional?
Es una historia de amor trágica. Las palabras de Isabel fueron: "no te vas a creer que es una historia de amor... pero lo es". Hay elementos de tragedia griega, porque todo el mundo tiene un defecto... y todo se cruza causando problemas a todos los personajes. Es sobre la obsesión de un hombre que se siente culpable por lo que hizo [violar a la protagonista]... Me recordó mucho a cuando crecí en Latinoamérica: cada país era abusado por gente de poder. "Los dictadores" [dice en español]. Es algo de lo que hablé mucho con mi madre, que era puertorriqueña: las mujeres no eran tratadas bien para nada. Y ahora ha cambiado tanto.. hay mujeres presidentes. Pero en los años 50 y 60 todo era muy diferente. Vi todos estos elementos en la historia y pensé que daban pie a una historia de amor enmarcada en un ambiente político que no es lo más importante, pero que no permite [a los protagonistas] disfrutar de sus vidas.
Son elementos de telenovela que pueden caer en lo cursi a veces...
¡Oh sí! Es la gran duda. [Dulce Rosa] es muy dramática, muy intensa, pero no cursi. La veo más como una tragedia griega: es elegante, he trabajado mucho en dar a la música una unidad sinfónica... Creo que funciona muy bien. Hemos hecho tres versiones durante los ensayos... en los que Plácido Domingo participó. Al ver el tercero dijo: "ok, ahora funciona. Ahora estamos listos".
Plácido Domingo habrá sido de gran ayuda.
Conozco a Plácido desde hace mucho tiempo. Es un artista increíble. Su energía es... Me acuerdo cuando empezamos a trabajar juntos: ese álbum en el que colaboró con John Denver que los críticos [atacaron]. Pero la gente se preguntó quién era él. Y así es como sus conciertos empezaron a llenarse. Lo maravilloso de él es que nunca ha abandonado su arte: tanto da que cante Otelo o una canción pop. Todo debe ser siempre perfecto.
Son cuatro años de escribir, ensayar... El día del estreno, ¿hay espacio para la sorpresa, para la novedad?
Sí, lo hay. Es una experiencia nueva. Hemos presentado breves obras en escuelas en el condado de Los Ángeles. Y gracias a ello ahora puedo decir cuando la audiencia lo siente. Hace un par de años presentamos una ópera en South Gate. Habían 500 estudiantes en el auditorio, muy nerviosos: 'Ay, vamos a ver una ópera. ¿Qué es esto? [dice en español]. Cuando empezó, se hizo el silencio más absoluto. Y al acabar, estallaron en aplausos. Eso es lo que a mí me importa: que el espectador se emocione.
Esta nueva generación parece conectar con el arte de una forma distinta, al estar más acostumbrados a la frialdad de los video juegos o el internet.
Así es. Pero también tienen una mente más abierta. Y el hecho de que todo es vivo... están acostumbrados a lo digital. Y cuando ven una ópera ven a actores cantando en directo. Recuerdo cuando una niña me preguntó si iban a ver músicos en directo. Cuando le respondí que sí, se quedó maravillada. Fue una experiencia para ella. Lo que ella vaya a hacer en el futuro, quién sabe. Pero una vez ven algo así, siempre se les quedará grabado.
¿Qué le diría al público latino que no está acostumbrado a la ópera para que fueran a ver 'Dulce Rosa'?
Hace unos diez años hicimos esta ópera llamada Journey to Cordoba basado en la leyenda mexicana La mulata de Córdoba. Nos fue muy bien, con unas cien actuaciones en escuelas por toda California. En esa época había un grupo llamado Hispanos por la Ópera, y creo que eran cinco miembros. Ahora son varios cientos. Suramérica es aún un lugar nuevo, exótico. Todo el mundo ha visto óperas ambientadas en Europa. Pero si se presenta una ópera ambientada en Suramérica, la gente se sorprende [...]. Es una mina de oro y hay muchas historias qué contar. Y luego está Isabel Allende, una escritora única. Lea más en www.laopinion.com
















