Los Tigres del Norte siguen siendo los 'Jefes de jefes'
La agrupación tocó por tres horas en su concierto del sábado
Sin duda alguna Los Tigres del Norte siguen siendo los "Jefes de jefes".
En su presentación del sábado por la noche en el anfiteatro Gibson en Universal City, mostraron que sus temas de hace casi cuatro décadas siguen siendo aplaudidos, cantados y aclamados por sus seguidores.
Por eso cuando los acordes decanciones como Contrabando y traición (Camelia la tejana) (1974), La banda del carro rojo (1975) y Tumba de mojado (1976) se dejaron escuchar, la respuesta de los asistentes fue de un júbilo tremendo.
El poderío en el escenario de los Jefes de Jefes —como se les llama en alusión a uno de sus temas— no se puede medir en términos de calidad de voz —porque varias veces desafinaron y, en otras, sus voces principales, los hermanos Jorge y Hernán, no alcanzaron las notas—, sino en el legado que la agrupación ha dejado en sus 46 años de trayectoria.
Sus historias de amor, de rendición, de narcotráfico y, sobretodo, sus desgarradores melodramas migratorios, los han convertido en una apología de aquellos que son indocumentados.
Quizá ese sea el motivo por el que la gente ni se inmuta al escuchar sus desaciertos musicales en el escenario. Pero, además, hay otros factores que impiden reprochar un aplauso a los cantantes de Sinaloa.
Los hermanos Jorge, Hernán, Eduardo y Luis, y su primo Óscar Lara se desviven en humildad y sencillez hacia su público fiel.
Tratan de complacer a todos y no le quitan tiempo al tiempo en el escenario. Cantan una y otra sin cesar, a pesar de los pesares.
Impecables como siempre, con un saco verde esmeralda, pantalón negro y camisa estampada, los "tigres" dieron inicio con una primera tanda de cinco temas. De ahí en adelante la secuencia la marcaba el público.
"...Ustedes son nuestros jefes hoy y siempre, así que ustedes dicen cuál canción quieren", dijo Jorge, líder de la agrupación.
La afirmación fue literal: desde ese momento las peticiones comenzaron a llegar al escenario de viva voz y en papelitos.
Pero no bastos con eso: también se dieron tiempo de mandar saludos a los que celebraban su cumpleaños o cualquier otra festividad, y hasta a posar con sus fans para una foto desde el tablado.
Ellos saludan a los mexicanos y a los salvadoreños, para luego seguir con los latinos de todo el continente sin olvidar país alguno.
Entre la euforia y los gritos de la gente, fueron desgranando temas como Ni parientes somos, La reina del sur, Golpes en el corazón, La jaula de oro y sus temas más bailables, como La manzanita.
Por momentos, los pasillos del Gibson eran el escaso espacio libre para bailar, aunque el personal de seguridad llegaba a cortar la inspiración de los más atrevidos. Los otros, como podían, marcaban el paso entre los asientos.
Los Tigres de Norte se despidieron, pero los aplausos y la presencia del público impidieron que desaparecieran del escenario.
Se quedaron para cantar siete temas más, entre ellos el que arranca el orgullo latino, especialmente el de los mexicanos: Somos más americanos, la cual Jorge dedicó "a todos los gringos".
La despedida llegó con América, un tema que redefine la identidad al mencionar que no sólo los "gringos" son americanos.
Por eso Los Tigres del Norte siguen siendo aclamados por un público que los venera: simplemente porque nadie como ellos enlaza el orgullo y, en muchos casos, ser Tres veces mojado.
















