Untitled Document laopinion.com          

 

 

 

     

Ejemplo para la Familia y la Comunidad

Una mujer de Long Beach se convierte en modelo para otros

Gilma Campos conoce bien la importancia de controlar la diabetes – no sólo como promotora (educadora comunitaria de salud) para el Departamento de Salud y Servicios Humanos de la Ciudad de Long Beach, ni como madre de un hijo con diabetes, sino como mujer viviendo con la enfermedad.

Hace veinticinco años, Campos, que ahora tiene 55 años, fue diagnosticada con diabetes tipo 2. En ese momento no tenía seguro de salud y recibía tratamiento en una clínica pequeña. Porque hace dos décadas la diabetes no se entendía como se entiende hoy, lo único que le dijeron a Campos fue que simplemente eliminara los carbohidratos de su dieta. Esto significaba un cambio de estilo de vida no sólo para ella sino también para su familia.

“La diabetes tiene un impacto enorme en la vida de uno; nadie quiere aceptar que tiene una enfermedad como ésta”, dijo Campos.

Con el paso del tiempo, y a medida que fue aprendiendo más sobre la diabetes, Campos se dio cuenta de que debe trabajar con su médico para controlar la enfermedad. Su doctor la derivó a clases de control de enfermedades, donde ella aprendió que reconocer los síntomas, mantener una dieta sana y balanceada y hacer ejercicio es importante para cuidarse.

La diabetes ha afectado la vida de Campos de muchas formas. Lo más visi-ble ha sido su cambio de mentalidad.

“Perdí 50 libras en un año, simplemente por comer sensatamente”, dijo.

Perder peso ha tenido un impacto tremendo en su vida diaria; todavía le gustaría perder 10 o 15 libras, pero definitivamente ha visto una mejora en su vida de todos los días desde que logró llegar a un peso saludable.

Otro cambio ha sido cómo ve la enfermedad y cómo se ve a si misma. “Ser una persona con diabetes, y no una diabética, me ha ayudado a elevar mi autoestima”, dijo.

Cuando Campos fue diagnosticada, dos de sus hijos y una hija todavía vivían con ella. Tuvo que cambiar los hábitos diarios de ellos para asegurarse de que comieran correctamente. Lo más difícil fue lograr que su hija de 15 años enten-diera que necesitaba controlar su propia diabetes.

Cuando era adolescente, la hija de Campos terminó en el hospital varias veces después que su nivel de glucosa en la sangre alcanzó puntos peligrosos en más de una ocasión. Cuando era obvio que su hija no entendía la gravedad de su enfermedad y la importancia de controlarla, Campos decidió llevarla a las mismas clases de control de enfermedades a las que ella había asistido. A través de la experiencia de su hija, Campos se dio cuenta también de la importancia de cuidarse a si misma.

“Yo he aprendido que la diabetes no es algo que uno puede curar, pero algo que se puede controlar”, dijo Campos.

Luego de su triunfo en controlar la enfermedad con pérdida de peso, ejercicio y comida sana, y luego de ayudar a su hija a manejar su propia diabetes, Campos empezó a trabajar en el Departamento de Salud y Servicios Humanos de la Ciudad de Long Beach como promotora. Su hermana también es promotora y las dos van a la casa de la gente y les enseñan la importancia del ejercicio y la nutrición para controlar su diabetes.

Ahora la meta de Campos es enseñar a otros cómo vivir una vida sana con diabetes, mientras sigue trabajando con su familia para lograr cambios que puedan prevenir que sus nietos tengan diabetes algún día.

 
 
 

©2007 La Opinión. All rights reserved.