El desorden de la democracia

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Un cómico estadounidense llamado Will Rogers dijo una vez una frase que aún hoy repiten muchos: “No pertenezco a ningún partido político organizado, soy demócrata”. Se refería al partido demócrata, que siempre ha estado caracterizado por una cualidad un poco desordenada, llena de cambios y divisiones.

Desde que se realizó la última votación en las primarias presidenciales ha pasado más de un mes. Un mes!!! Parece una eternidad. Y no habrá otra votación hasta el 22 de abril, cuando se realizen las cruciales -hasta ahora todas han sido cruciales ¿no?, ¿a quien le creemos?

Ah…pero no es que la campaña ha estado estática, todo lo contrario. No han dejado de pasar cosas.

Por mencionar unas cuantas: varios estados han ajustado sus resultados y el número de delegados.

Obama ha seguido apuntándose superdelegados y ahora, entre delegados ganados y los otros, tiene un total de 1636 sobre Hillary, con 1502.

Michigan y Florida siguen que si que no que si que no, sin decidir definitivamente si repiten las votaciones fallidas o distribuyen la cosa de otra manera.

Obama pasó su peor crisis con el reverendo Wright, dio un histórico discurso sobre los problemas raciales del país y pasó la página. Tanto, que el día del aniversario de Martin Luther King Jr. este viernes 4 de abril, mientras los otros candidatos andaban presentándose ante la comunidad afroamericana -hasta Mc Cain-, Obama hablaba en Indiana ante una audiencia blanca. ¿Para qué cortejar a los afroamericanos si los tiene en el bolsillo no?

Hillary ha seguido firme, cada vez más mientras más dificil se ve que pueda llegar a ganar la nominación sin crear una revolución en su partido. Su campaña ha venido sufriendo, sin embargo, de problemas de imagen. No se ya cuanta gente que conozco me ha dicho cosas como… “Y yo que admiraba tanto a los Clinton….”. La ferocidad de los asesores de la senadora, la insistencia en darle la vuela a las reglas, no ha sentado bien entre muchos demócratas que antes bebían los vientos por la pareja presidencial. Ell, sin embargo, afirma que es la firmeza necesaria para ganar la elección en noviembre y enfrentar la crisis en la que se está sumiendo este país, en particular la económica.

Los republicanos, por su parte, están poco a poco coalesciendo en torno a su candidato John Mc Cain, quien la pasada semana andaba haciendo gira con su carta más fuerte en la campaña: su servicio militar en Vietnam y su cualidad de prisionero de guerra durante 5 años.  Puede que esa experiencia no sea una garantía de que sería un buen presidente, pero contribuye enormemente a crear una imagen positiva de el.  Si no creen que una cosa nada tiene que ver con la otra, Bill Clinton es considerado un buen presidente y el escapó como el rayo cuando se le presentó la posibilidad de que lo reclutaran para ir a Vietnam.  Pero lo contrario también es cierto, George W. Bush usó sus influencias -su papá, su abuelo, ambos tipos poderosos- para que en vez de Vietnam le permitieran servir en la Guardia Nacional de Texas, donde volaba avioncitos entre copa y copa (y no precisamente de los árboles).

Las encuestas parecen decir que Mc Cain empataría con cualquiera de los demócratas. En mi opinión, las encuestas de ahora sirven para limpiar el piso con ellas. La competencia verdadera no ha empezado aún y es poco lo que la gente sabe realmente de Mc Cain, aparte de que fue heroe de guerra y su fama de “independiente”. Eso va a cambiar cuando empiecen los cacharrazos entre los partidos.

Por lo pronto, Hillary y Obama siguen en la pelea. Obama lleva la ventaja y probablemente se alce con el premio, pero uno nunca sabe…El que descuente a Hillary estará pecando de inocente.

De razas y géneros

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Antes era muy fácil: los candidatos con posibilidades reales para competir por la presidencia eran siempre hombres de raza blanca. No había mucho que discutir sobre raza y género. Se sabía, por ejemplo, que los afroamericanos votan siempre demócrata, los hispanos casi siempre y las mujeres tienen la misma tendencia, mientras que el género masculino suele decantarse por los republicanos.  Esto se ha visto en sondeos a lo largo de la historia política moderna estadounidense y nadie lo discutía.

Hasta ahí íbamos bien organizados.

Pero esta campaña ha pulverizado todos los viejos parámetros y ahora tenemos nuevos problemas y oportunidades.

Por ejemplo, ahora tenemos a una mujer y a un afroamericano -que también es mitad blanco por parte de madre pero eso nadie lo recuerda- compitiendo por la presidencia.  Este sólo hecho es histórico, pero también crea potenciales conflictos que, antes de resolverse, van a dar mucho de qué hablar.

Hay muchos que creen, por ejemplo, que Hillary Clinton ha tenido que aguantarse más de un comentario sexista de parte de los medios de comunicación y se cree que muchas mujeres apoyan a la senadora por el hecho simple de que, como ella, también han “pasado lo suyo” en la vida laboral, personal y etcétera, en una sociedad que a pesar de estar mucho más avanzada que otras, sigue siendo bastante patriarcal y machista.  Buscan, sencillamente, romper “el techo de vidrio” que no se ve pero que existe y que pone un tope a las aspiraciones de las mujeres en muchos campos de la vida laboral.

El tema de la raza es aún más complicado que el de género.  Barack Obama es mitad negro y mitad blanco. Es lo que llamaríamos en mi país un mulato claro. Pero su campaña, curiosamente, no ha jugado la carta racial como sí lo hizo en su momento Jesse Jackson, el único otro candidato afroamericano a la presidencia que ha resonado en la historia estadounidente. Eso fue en los ochenta. Hoy estamos en el siglo XXI, aunque a veces no parezca.

El no presentarse como un candidato racial no ha impedido que Obama gane el voto prácticamente absoluto de sus hermanos de raza. La proporción de voto afroamericano por Obama está llegando a niveles que rozan lo asombroso: 80 y 90% en la mayoría de los estados. Para ellos está claro quien es su gallo.

Clinton, por su parte, ha tenido un apoyo sólido de los votantes latinos. En California y Texas, los latinos le dieron a Clinton el margen de victoria y consistentemente la han apoyado a lo largo y ancho del país, con pocas excepciones.  Los afroamericanos tras Obama y los latinos tras Clinton. Una división que trae sus propios inconvenientes, entre dos comunidades cuya relación ya es lo suficientemente complicada.

Pequeño diario de viaje

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Como no pude entrar por cuestiones técnicas a escribir en mi blog hasta hoy, les copio algunas viñetas de mis viajes por Texas. Enjoy! 

28 de febrero

10.a.m.

Estoy en el camino de Houston a Dallas. Un letrero avisa que me voy a perder algo irrepetible.

“Estampida de búfalos, 3ra semana de septiembre”.

Desafortunadamente es apenas febrero.

A la derecha de la carretera 45 norte, aparece de pronto una estatua gigantesca, la más grande que he visto en mi vida. ¿Será Washington? ¿Jefferson? ¿Bush?

No, es Sam Houston, quien me imagino que dio su nombre a la ciudad de Houston. Houston, según la socorrida wikipedia, es un personaje de mucha influencia por estos lares en el siglo 19, que llegó a  ser incluso presidente de la República de Texas y luego de Tennesse.

Por cierto, Houston murió en Huntsville, donde paré a comer al mediodía. Según yo, Huntsville era un “pueblecito” simpático donde me zampé un excelente steak -que buena es la carne en Texas, que bueno que no soy vegetariana- hasta que mi amigo Ricardo Bada me señaló, desde Alemania, que Huntsville es la capital mundial del “asesinato legal”. En efecto, la socorrida Wikipedia y otras páginas de internet me ayudaron a ilustrarme sobre la historia de Huntsville, donde durante casi un siglo ha estado la prisión de condenados a muerte y la cámara de ejecuciones oficial del estado de Texas que, como saben tiene el record de ser el estado que más personas ha ejecutado en el país.

Menos mal que sólo me enteré de eso después que salí de comerme el famoso steak. Quizá se me hubiera atragantado.

1:00

A una 40 millas de Fort Worth veo un letrero COWBOY CHURCH, Iglesia de vaqueros, servicios dominicales a tal hora y tal hora. Hay una iglesia para vaqueros, rodeada de vacas, como es natural.

También hay un pueblito que se llama Palestina.

Texas….un mundo aparte

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Mi compañera Eileen Truax y yo hemos estado recorriendo este inmenso estado, no digo que de punta a punta, pero sí de lado a lado y de arriba hacia abajo o viceversa.  Eileen ha estado en la frontera con México, en Brownsville y pueblecitos de los alrededores y luego voló a Dallas, donde aprovechó para visitar Crawford, el afamado pueblo donde tiene su rancho el nunca bien ponderado señor presidentísimo George W. Bush, y donde la gente se queja de que la cosa está tan en quiebra como su gobierno.  Como ustedes todos recordarán, Texas es el lugar de donde salió el querido Bush, aunque no nació aquí y adonde tendrá que volver muy pronto aparentemente, a meterse en su rancho para no salir jamás -eso quisieran muchos, entre los que me cuento. Como dato curioso, los discursos de Barack Obama en Texas ahora incluyen este chiste, muy carcajeado él entre sus seguidores: “Y a partir de enero, les vamos a devolver a Bush. Verán qué hacen con él”. 

Por mi parte, he estado en Houston, pasé por Fort Worth y luego vine a Austin. Como fui manejando a todas partes pude ver el Texas profundo, los pueblecitos perdidos, las zonas en donde la radio del carro sólo capta emisoras cristianas y el programa de Rush Limbaugh, que es lo mismo que decir la derecha más recalcitrante. Nunca había visto tantas camionetotas en mi vida, parece que ser Texano y manejar un mamotreto inmenso traga-gasolina son sinónimos. Aquí no mucha gente ha oido hablar de la dependencia energética, ni de la necesidad de reducir el consumo de combustible ni de cuidar el medio ambiente. Aquí se es texano, grande exagerado y orgulloso. En Houston encontré a los conductores más agresivos que he visto en mucho tiempo. Y eso que yo crecí en Caracas y vivo en Los Angeles, que ya es decir.

Eso sí, encontré, como me pasó en Iowa, mucha gente encantadora, amable. Todo es sí madam y no madam. La atención en restaurantes y hasta en los changarros más pequeños es amabilísima.

Texas y su momento en la historia

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La contienda por la nominación presidencial está entrando momentos críticos, tensos.  Hay dos estados que pueden hacer mucho por definir la situación que amenaza con poner en crisis al partido demócrata, si no hay un triunfador claro y el proceso no luce transparente: estos son Ohio y, como no, el inmenso cuasi país que es Texas.  Ambos votan el 4 de marzo.  Nos llama la atención Texas porque la población de origen mexicano, ya sea tejanos de muchas generaciones, ya sea nuevos inmigrantes, tendrá mucho que decir en esta decisión. Estaremos allí con un equipo de reporteros de La Opinión y de nuestro hermano periódico Rumbos, y yo estaré blogueando desde allá. Así que estén pendientes.

Texas es, por supuesto, el estado adoptivo del actual presidente George W. Bush. En realidad, los Bush no son de Texas, sino de los rincones más patricios de la costa este, Massachussets y Connecticut, y vienen de familia política y muy bien conectada por décadas. El papá Bush, presidente número 41 de este país, fue a Texas de joven a trabajar en el negocio de la explotación petrolera. Petróleo y política fueron los dos negocios de la familia, aunque también hicieron su buena plata -particularmente su hermano Neil, pero también los demás- con aquellos bancos de Ahorro y Préstamo que terminaron por irse a la quiebra y tuvieron que ser rescatados con miles de millones de la reserva federal.  

En fin. Curioso como la historia de la familia Bush siempre se cuenta usando tres palabras básicas: petróleo, dinero y gobierno. Poder sería la cuarta, resumen de las anteriores.   Continúe leyendo.. →

Super martes de infarto

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No hay nada predecible en este martes electoral que estamos por comenzar. Todo, absolutamente todo es posible. Lo único que se puede vaticinar es que cualquier cosa que pase será histórica, y que no va a haber un minuto de aburrimiento.

Particularmente en lo que se refiere a como votarán los latinos, un tema que aparentemente preocupa al mundo entero -he recibido llamadas al respecto de Francia, Inglaterra, Luxemburgo (¿donde?), Canadá,  España, Alemania. ¿Quién lo hubiera imaginado?  Los europeos están transfigurados con esta elección, supongo que no pueden creer que en este país al que muchos de ellos ven desde afuera con una mezcla de admiración y desprecio, esté realizándose una elección tan interesante e histórica.

Hoy, dos conocedores de la comunidad y el voto latino, gente de gran credibilidad como Arturo Vargas, de NALEO y Antonio González, del Instituto de Registro de Votantes del Suroeste, me dijeron que prácticamente ninguna de las encuestas que hay por ahí estimando la tendencia del voto latino tiene mucha credibilidad.

González en particular, señala que la inamovilidad que el voto latino ha mostrado en las encuestas Field de California (donde OBama, a pesar de estar ganando terreno nacional y estatal está estancado en 20% del voto latino) tiene que ver con las pequeñas muestras latinas que esas encuestas contienen. Para González, además, las encuestas usuales no sondean a los nuevos votantes, ya que la mayoría utilizan lo que ellos llaman “votantes de alta frecuencia”, que han votado ya en más de una ocasión y no los posibles nuevos votantes.

Y todo el mundo espera que haya muchos nuevos votantes, no solamente nuevos ciudadanos, o gente que antes no votaba y ahora lo hace motivados por la importancia de esta elección, sino los jóvenes que, por todos lados, parecen estar participando en números sin precedente en esta elección. Por todos lados escucho de amigos cuyos hijos adolescentes están de voluntarios para alguna campaña, generalmente la de Barack Obama. También se de amigas cuyas hijas adolescentes están entusiasmadas por la candidatura de Hillary Clinton, aunque ella atrae principalmente a mujeres adultas y mayores.

En todo caso, el voto latino será un misterio hasta que haya algún estudio prestigioso sobre cómo votaron. Y como eso solo puede saberse con las encuestas de salida -en ninguna parte una autoridad de elecciones clasifica quien voto por raza u origen étnico- pero por los momentos, todos los numeritos existentes parecen incompletos.

¿Mantendrá Hillary Clinton su histórico arrastre entre el voto latino, producto de sus años de estar en la palestra política y del cariño -casi nostalgia por su gobierno- que muchos le tienen a Bill Clinton? ¿O dará alguna sorpresa Barack Obama?

Si me preguntan a mí, yo digo que probablemente las dos cosas. Hillary va a mantener una mayoría del voto latino, porque ha sido mucho el tiempo que su campaña ha trabajado para ganarlo. Pero Obama, quien en los últimos días ha puesto una energía nunca antes vista entre los jóvenes y recibido el apoyo de numerosos políticos -y el de este periódico, por decisión de su junta editorial- va a tener más apoyo del que registran esas encuestas. Esa es mi apreciación, dado el nivel de entusiasmo que veo a pie de calle por este candidato.

Veremos, en muy pocas horas, si tengo razón.

Una movilización sin precedentes

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Creo que, al igual que ha ocurrido en otras fechas electorales en el país, que este martes se verá una asistencia récord a las urnas en más de 20 estados, particularmente el nuestro.

El viernes se dieron a conocer cifras y predicciones sobre California y lo que se proyecta es un entusiasmo que no se ha visto en muchas décadas. En el estado, la gran mayoría de los entusiasmados se han registrado y votarán por un demócrata.

La última vez que California se emocionó tanto por una primaria fue en 1980, volcándose a las urnas para iniciar el ascenso imparable de Ronald Reagan hacia la presidencia, en momentos de gran crisis económica y problemas en el medio oriente. ¿Les suena? La diferencia es que ahora el entusiasmo es por alguno de los candidatos demócratas, ya que el 61% de los nuevos registrados en los últimos 60 días antes de la primaria, lo hicieron por ese partido. Sospecho que un buen trozo de ellos son latinos y nuevos ciudadanos.

Según el secretario de estado de CA, alrededor de un cuarto de millón de personas se registró para votar en los últimos dos meses. Se estima que un 55% del total de registrados saldrá a votar, que puede no sonar a mucho, pero es una cifra récord. En comparación, sólo el 44% votó en la aburridísima elección primaria de 2004, en donde no había competencia porque John Kerry ya tenía asegurada la candidatura -fallida- a la presidencia.  En aquella oportunidad, sólo unas 150,000 personas se registraron para votar en días previos a la primaria.

Este año, California está más volcada de lo que recuerdo jamás -yo no estaba aquí en 1980- y el entusiasmo e interés por esta contienda es palpable.

De debates y otros chismes

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Creo que la pregunta favorita de toda la sala de prensa hoy en el debate demócrata fue la que se le hizo a Hillary Clinton sobre las intervenciones de su esposo, el expresidente, en su campaña por la presidencia.   Se ha dicho mucho en estos días que Bill se ha encargado de ser el “malo”, atacando libremente a Barack Obama, a cuyo mensaje llamó “un gran cuento de hadas” y otras lindezas, que se ha peleado en cámara con reporteros y cosas por el estilo.

La pregunta de hoy, que despertó una gran carcajada en la sala de prensa en el Kodak Theatre de Hollywood, donde se llevaba a cabo el encuentro fue la siguiente:

“Algunos han cuestionado el papel del expresidente Clinton en esta campaña. Si usted no ha podido controlarlo durante la campaña, ¿podrá controlarlo en la Casa Blanca?”.

Lo bueno para Hillary es que se le vió el sentido del humor. Ante la interrogante, soltó una gran carcajada y luego empezó a decir lo usual, “yo soy la candidata, la presidencia es un trabajo solitario y yo voy a ser la última responsable, etc”.

No obstante, es una pregunta que creo que muchos se hacen. Clinton fue un buen presidente, pero era, por decirlo de alguna manera, un poco inquieto.  Y el papel que ha tenido en la campaña de su esposa ha sido controversial. Pero la verdad es que no hay precedente para un ex presidente que hace campaña para su esposa que quiere ser también presidente. 

Bueno, si hay precedente, aunque no en los Estados Unidos. Argentina es el más reciente, aunque ahí la sucesión fue directa, de un esposo a una esposa.

Creo, sin embargo, que lo que algunos tienen en mente es si llevar a Bill de nuevo a la Casa Blanca, aunque sea de “primer caballero”, no traerá malas mañas del pasado.  También podría decirse que eso sería muy preferible a los ocho años de Bush. Qué daríamos por estar hablando hoy de un affair del presidente en vez de una sangrienta guerra.

En todo caso, fue refrescante ver reirse a los reporteros que normalmente no reaccionan ni muestran emoción ninguna ante nada de lo que están cubriendo. Es parte del trabajo no tomar partido abiertamente, a menos que uno sea columnista, y a veces parece que nada nos hace gracia, ni nos sorprende.

A veces, también actuamos como seres humanos normales.

Y por fin, el momento estelar del voto latino

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En los últimos días he recibido una avalancha de llamadas de medios de todas partes, incluyendo Europa, América del Sur, México y otros diversos, de periodistas que se disponían a venir a California a cubrir este super importante Super Martes próximo. La historia que todos querían cubrir era la de la influencia del voto latino y, como usualmente no es un tema que manejen a diario, llaman para que les echemos una manita con información y datos.

Esto lo cuento porque como La Opinión tiene mil años enfocándose en el crecimiento -lento, pero seguro- de la influencia política latina en los Estados Unidos, a nosotros nos parece una historia natural. La diferencia, ahora, está en que estamos presenciando la contienda presidencial estadounidense que más atención ha atraído en décadas, potencialmente histórica, colorida y llena de símbolos y significado. Y en ese contexto, hay muchas razones para pensar que el voto latino, particularmente el de California y algunos otros estados clave, pueden mover la competencia hacia uno u otro candidato.

Hay análisis, por ejemplo, que dicen que si Obama logra subir al 40% el apoyo latino en California, puede llegar a disputarle el estado a Hillary Clinton. Una de las razones por las cuales esto es importante ahora, faltando apenas cinco días para la hora cero del Super Martes, es porque aunque en California la mitad de los electores lo hacen por correo y al menos la cuarta parte ya envió sus boletas marcadas. Es decir, que no pueden cambiar de opinión a estas alturas. Se presume que en esas boletas, Hillary tiene la ventaja que han mostrado las encuestas realizadas hasta hace pocos días y que si Obama va a lograr aumentar su porcentaje de apoyo, no sólo entre los latinos, sino el estado en general, debe convencer a algunos indecisos en los últimos días para lograrlo.

No obstante, los latinos son un grupo que no suele votar por correo sino hacerlo en persona el día de la elección. Es por eso que mucho del esfuerzo de los últimos días, en medios y a nivel de calle, se está haciendo para lograr ese voto latino, que en todas las encuestas hasta ahora ha favorecido a Hillary, simple y sencillamente porque la senadora tiene una larga trayectoria, es bien conocida por los latinos y ha dedicado mucho tiempo a cultivarlo, incluyendo a la prensa en español, cosa que en el campo de Obama solamente se hizo en los últimos días.

En la Florida, estado donde ninguno de los demócratas hizo campaña, por el tema aquel de las reglas internas del partido, que penalizaron al estado por adelantar demasiado sus primarias, los nombres de los candidatos demócratas igualito estaban en la boleta y los votantes igualito votaron. Hillary ganó, con el 50% del voto y Obama logró el 33%.  De esa cuenta, Obama logró el 30% del voto latino, más del 20% que logró en Nevada. La última encuesta en California de hace aproximadamente una semana proyectaba 59% del voto latino para Hillary y 30% para Obama.  Eso fue antes de la intensa campaña de los últimos días, del apoyo a Obama por Ted Kennedy y de todas las movilizaciones que se están llevando a cabo.

Veremos qué pasa el martes. Será fascinante ver el resultado de este encuentro de titanes: dos candidatos con recursos, imagen, mensaje y gran apoyo.  Y de cómo los latinos reaccionan ante cada uno de ellos. Sospecho que va a depender mucho de su sexo y edad, y de que diversos sectores de la comunidad votarán de manera muy diferente. Es muy emocionante para nosotros que ahora esto sea noticia a nivel mundial. Para nosotros siempre lo fue.

¿Como fue Clinton -Bill- con los inmigrantes?

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Varias personas me lo han recordado en estos días: las cosas para los inmigrantes no fueron tan rosita bajo la presidencia de Bill Clinton.  Claro, económicamente el país estaba mejor y había más trabajos. Pero no hay que olvidar varias medidas que Clinton patrocinó o aceptó, y que fueron nefastas para los inmigrantes.

Por ejemplo, la ley de reforma del sistema de bienestar social aprobada en 1996, que eliminó la ayuda en efectivo y las estampillas de comida para los inmigrantes legales que llegaran al país despues del 22 de agosto de ese año. Según un estudio de la Academia Nacional de la Tercera Edad en Georgetown, de los ahorros que produjo esta ley el 44% provino de los bolsillos de los residentes legales pobres. Muchos de ellos eran personas mayores con más de 20 años en el país y que habían trabajado la mayor parte del tiempo, según el mismo estudio.

 Ese mismo año, también se aprobó una restrictiva ley de inmigración llamada IRAIRA, cuyos efectos todavía se hacen sentir: la eliminación de la 245 i, las prohibiciones de entrada por 10 años o para toda la vida por estadía ilegal aunque fuese temporal, la ampliación de los delitos que excluyen a un inmigrante para siempre de este país, aunque este hubiera sido cometido décadas antes y muchas otras lindezas que aún afectan a los inmigrantes.  

Clinton también ordenó implementar la Operación Guardián en la frontera, reforzamiento militar en el borde con México que resultó, a lo largo de los años, en el desvío del tráfico de indocumentados hacia las peligrosas montañas y desiertos de Arizona, causando cientos de muertos. La lista sigue.

 ¿Que todo fue causa de un ambiente anti inmigrante que comenzó en California gracias a Pete Wilson? Puede. Lo malo es que, desde Washington, había una actitud de que para poder nivelar las cosas había que tomar medidas para “calmar” las quejas de esos grupos, que por aquel entonces eran más o menos marginales y que hoy en día son mucho más organizados. No se calmaron mucho que digamos, de hecho, justo diez años después vinieron con la Sensenbrenner, aquella ley que criminalizaba hasta a las iglesias que ayudaran a los inmigrantes y que culminó en las grandes protestas de 2006.

He pensado mucho en estas cosas, ahora que estamos en una campaña presidencial y todo el mundo quiere el voto de los latinos y de los inmigrantes. La memoria es corta. La gente olvida.  De esos olvidos está llena la historia del mundo.



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