'Oz the Great and Powerful' tiene magia (fotos)
Crítica de cine: 'Oz the Great and Powerful' tarda en llegar a su espectacular destino pero demuestra la sabiduría visual del director de 'Spider-Man'
Foto: Disney Enterprises
En el exceso es donde está el principal problema de Oz, the Great and Powerful, el filme inspirado en los libros de L. Frank Baum que, en cierta forma, representa una "precuela" del clásico familiar de 1939 The Wizard of Oz, dirigido por Victor Fleming (quien ese mismo año realizó también Gone with the Wind) y protagonizado por Judy Garland.
The Wizard of Oz supo resumir las aventuras de Dorothy en poco más de 100 minutos. Sam Raimi, el director de Oz, the Great and Powerful, necesita 130 para contar la historia de Oz (James Franco), un mago tan manipulador como parlanchín que, tras un incidente en una feria en Kansas, es transportado por un tornado a un mundo maravilloso... aunque solo en apariencia.
Porque una vez allí, sus residentes lo consideran como el salvador del lugar, acechado por una temible Bruja del Oeste que destruye a todo aquel que se oponga a su malvado reinado.
Oz el mago
Las tres, cada cual a su manera, rivalizan por lograr derrotar a la Malvada Bruja del Oeste... aunque esta, a lo mejor, no está tan lejos de lo que
parece.
Pronto, Oz será alistado para liderar a los buenos ciudadanos del reinado con el fin de librarse de tan terrorífica amenaza.
No hay duda alguna: Sam Raimi sumerge al espectador en un mundo maravilloso durante esas más de dos horas de Oz, the Great and Powerful, que se estrena hoy y ha sido clasificada PG.
Ideas fascinantes
Las ideas visuales que afloran segundo tras segundo son, en una palabra, fascinantes: desde ese entrañable prólogo en Kansas (al igual que en The Wizard of Oz, en blanco y negro y sonido monoaural, aunque en esta ocasión en tres dimensiones) hasta la primera aparición del mundo de Oz (cuando el encuadre se expande en formato panorámico, el color aparece y el sonido surge de todas partes), siguiendo por instantes mágicos y hasta emotivos (la presentación de la niña de porcelana, China Girl, una de las mejores secuencias del filme) y segmentos de impecable espectacularidad (el enfrentamiento final de Oz con la bruja... o brujas).
También merecen especial reconocimiento los actores, liderados por un James Franco mucho más carismático de lo habitual, y entre los que destacan Mila Kunis (que inyecta una dosis de tristeza a su personaje) y Rachel Weisz (simplemente arrebatadora... y, por supuesto, sibilina).
Pero hasta que todo encaja, hay muchos elementos que se cruzan por el camino de Oz.
Y ese puzzle final, si bien magnífico en su ejecución (los efectos visuales no tienen parangón), nunca alcanza la emoción que busca.
Hay magia en la película. Solo que el truco tarda demasiado en revelarse.




















