¿Reforma ó compensación a indocumentados?
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Estados Unidos siempre ha sido y continuará siendo una nación de inmigrantes.
Pero también somos un Estado de Derecho. Sin embargo, el proyecto de ley conocido como "La Banda de los Ocho" presentado en el Senado de Estados Unidos viola los mismísimos principios del Estado de Derecho, que son los que crean la oportunidad para los inmigrantes y convierten a Estados Unidos en un faro de esperanza para el mundo. Conceder residencia legal a los 11 millones de personas que llegaron aquí ilegalmente tiene una definición: amnistía.
La amnistía premia un comportamiento ilícito y disminuye la oportunidad y la prosperidad de los inmigrantes legales y de todos los americanos.
Además, el proyecto de ley del Senado impone significativos costos a los contribuyentes. En un momento en el que el país tiene déficits de billones de dólares y una deuda de $17 billones, el costo de poner en marcha una amnistía y la presión que añadirá a unos programas de asistencia social y derechos a beneficios que ya se encuentran en una situación delicada deberían suponer una tremenda preocupación para todos nosotros.
Después de décadas de promesas vacías sobre la inmigración, el Congreso simplemente carece de credibilidad para hacernos creer que cumplirá sus nuevas promesas. Ya se intentó antes un proyecto de ley para una amnistía integral y fracasó. En 1986 teníamos alrededor de tres millones de inmigrantes ilegales. El Congreso les concedió estatus legal con la promesa de controlar nuestras fronteras y arreglar nuestro sistema de inmigración legal.
En Estados Unidos hay ahora 11 millones de inmigrantes ilegales debido a que la amnistía fue inmediata, pero la frontera no se aseguró, las leyes laborales no se hicieron cumplir y nuestro sistema de inmigración legal no se arregló. El resultado de una amnistía es evidente: fomenta una mayor inmigración ilegal con la esperanza de acogerse a futuras amnistías.
Este nuevo proyecto de ley es muy parecido al anterior: una amnistía inmediata en forma de estatus provisional y nobles promesas de "estrategias" y "planes" para hacer cumplir las leyes en años posteriores.
En vez de recompensar a esos 11 millones de personas que infringieron nuestras leyes, el Congreso debería antes considerar cómo hacer que el sistema de inmigración funcione para los cuatro millones de personas que esperan pacientemente fuera de nuestras fronteras para poder venir a nuestro país de forma legal. Un sistema de inmigración racional haría que fuese más fácil cumplir la ley que infringirla.
En lugar de aprobar otro incomprensible proyecto de ley que quiere abarcar en conjunto todo el tema de la inmigración, el Congreso debería debatir y desarrollar reformas comprensibles mediante un proceso transparente y progresivo que aborde todas las cuestiones relativas a la inmigración. Esto creará confianza en el pueblo americano y unirá al país en vez de dividirlo.
















