A golpes con la vida
NOTAS RELACIONADAS
GUADALAJARA, México.— El boxeo se convirtió en la brújula que Víctor Terrazas perdió desde los 11 años.
Desde esa temprana edad, el apodado "Vikingo" vivió sin la guía de sus padres y se enfrentó casi solo a un mundo de pandillas, drogas, alcohol y delincuencia.
"Crecí en el Barrio del Auditorio, por el Benito Juárez, donde se hacen las Fiestas de Octubre, ahí hice todas mis vagancias. Mis papás tuvieron sus problemas y cada quien tomó su camino. Yo, a la edad de 11 años, ya vivía solo. Mi papá se fue 'al otro lado' [Estados Unidos] y mi mamá buscó a su pareja y se fue a vivir a Nebraska", relató Terrazas.
Probé alcohol, drogas, dormí en las calles, pero lo superé, gracias al boxeo he salido adelante para poder darle una educación a mis hijos, la educación que yo no tuve", recordó.
El "Vikingo" cuenta su pasado y se vuelve a situar en su presente, donde a sus 30 años está arropado y acompañado de su esposa y dos hijos, alejado del terror de su dura infancia y preparándose para el combate más importante de su carrera, el próximo 20 de abril en la Arena Ciudad de México, donde disputará ante Cristian Mijares el campeonato mundial supergallo del Consejo Mundial de Boxeo (CMB).
"Vivía donde me dieron oportunidad, con amigos y algunas familias, tuve una infancia dura, estaba acostumbrado a hacer puros negocios 'chuecos', a agarrar dinero fácil. Vivía con un camarada que me daba chance de quedarme en su casa, le decían el 'Teto'. Lo peor fue haber tenido el vicio de las drogas, fue lo peor de mi vida, gracias a Dios no estoy lastimado, ni mi cuerpo ni mi cerebro, y es lo que se me hace increíble, de todo lo que consumí y que no tenga nada en el cuerpo", señaló.
LA META: SOBREVIVIR
El "Vikingo" es un coleccionista de tatuajes que luce por todo su cuerpo, algunos relatan el amor que siente por su familia y otros son las huellas de cuando pertenecía a la pandilla de la "Info 13".
"Todos los díasa había pleitos, drogas, alcohol, en ocasiones comprábamos cosas y las vendíamos por otro lado o robábamos también, estéreos, lo que fuera, lo importante era sobrevivir porque yo no tenía familia que me tendiera la mano. Estuve detenido en la Curva en Zapopan, en varios lados, en la Federal también... son errores, son señales que Dios nos manda para ir reflexionando, recapacitando", contó sin dar más detalles.
Pero la vida tenía preparado otro destino para Terrazas. Cuando tenía 15 años, alguien lo invitó a entrenar boxeo, deporte que lo sacaría por completo de los vicios.
"Gracias a Dios conocí a Arturo 'Cuyito' Hernández y él me invitó al boxeo, a entrenar en la Arena Coliseo, tenía 15 años y ya estaba con mi esposa, ya estábamos viviendo juntos, y el primer día dije: 'Qué voy a estar yo como loco frente a un espejo haciendo sombra', y sentí que no era para mí, me salí, estuve como un mes fuera sin hacer nada, pero me regresó la inquietud y regresé a entrenar".
Pero su debut en el boxeo profesional no fue fácil y tuvo que compartir sus entrenamientos con su trabajo en una fundidora de metal donde él, con un marro, se dedicaba a partir el material.
"Cuando iniciaba y ya tenía a mi hijo, ésos fueron los momentos mas difíciles porque no ganaba mucho, por pelear eran 600 u 800 pesos y apenas si alcanzaba para los pañales o la leche del niño. Corría, trabajaba, entrenaba, y a veces nada más llegaba para decirle buenas noches a mi esposa y niño o salíamos un rato a caminar. Ésos fueron los momentos más difíciles de mi vida", dijo.
Hoy, casi 20 años después de esa dura infancia, Víctor el "Vikingo" Terrazas tiene una carrera de boxeador que le ha dado para vivir cómodamente.
El púgil jalisciense abraza a su esposa y a sus dos hijos, los motores de su vida, y espera el 20 de abril, cuando buscará comerse el mundo en otra pelea... solo una más de muchas que ha tenido en su vida desde que era un niño.
















