votantes de Colorado en coincidencia con la relección de Barack Obama, pone en un aprieto al gobierno federal. La tenencia de marihuana para el consumo, aunque sea en cantidades ínfimas, es castigada en el país con multas de unos $1,000 y hasta un año de prisión.
De ser cultivada, las penas aumentan. En Colorado la marihuana está legalizada como medicina al igual que en otros 16 estados. En esta nueva instancia, sube un escalón en su aceptación social con fines recreativos. Eso crea un conflicto de intereses con el Departamento de Justicia y la DEA.
A los ojos del gobierno federal, la marihuana tiene más parentesco con la heroína que con la cerveza. No piensan de ese modo en Colorado. En los alrededores del Capitolio estatal, cada mediodía se reúne gente que, sin pudor, lía y empuña porros. Son jóvenes, en general. Lo hacen en grupos, sentados en círculos. La policía puede labrar actas contra prostitutas en la céntrica avenida Colfax, pero no se ensaña contra aquellos que echan humo de tonalidad verdosa. Está peor visto el tabaco.
"Cultivo de marihuana salvaje en los frentes de Denver", rezaba un periódico de 1934, reproducido en estos días para apoyar la llamada iniciativa 64.
Más allá del resultado de la consulta, la opinión de la gente está dividida. Mark, de 28 años, me dice que ha votado por Obama y que no importa si la marihuana pasa a venderse en los dispensarios como las bebidas alcohólicas en las licorerías. Spencer, de 27, me dice que ha votado por Mitt Romney y que, como no fuma, prefiere que el cultivo y la distribución de la sustancia sigan siendo limitados. Detrás de la iniciativa 64, emparentada con otras sometidas a la voluntad popular en otros Estados, estuvo el Medical Marijuana Industry Group (MMIG), lobby de gran predicamento político.
Por medio de una ley estatal, desde el cultivo hasta la venta de marihuana estarán regulados por el Estado, acaso como se propone el presidente de Uruguay, José "Pepe" Mujica, cual defensa contra el narcotráfico. En Colorado, dicen, existen normas estrictas para adquirir licencias. No son baratas. Permiten usar la marihuana como valor agregado de galletas, bebidas y pastillas, entre otros productos. Eso funciona desde 2000 con su uso medicinal para paliar los dolores crónicos de pacientes recetados. Este nuevo giro promete sentar un precedente o, acaso, plantear un pleito al gobierno federal.
En América latina, la violencia de los cárteles asociados con las pandillas y las organizaciones guerrilleras amenaza con dinamitar Estados. En la Argentina, Chile, Noruega, Finlandia, Suecia y China, las penas por el consumo de marihuana van desde la pérdida de la libertad hasta la obligatoriedad de someterse a terapias de desintoxicación. En países en los cuales se ha despenalizado el consumo, no el tráfico, como Italia, Suiza, Alemania, Bélgica, España y Portugal, no ha aumentado en forma considerable el consumo. Holanda ha vuelto a venderla a extranjeros en sus tiendas tradicionales después de haberlo prohibido.
En los Estados Unidos, el Departamento de Justicia apunta contra el lavado de dinero cuando rechaza la comercialización, razón por la cual los dispensarios de Colorado podrían quedar en la mira una vez que se instrumente la iniciativa. Millones de dólares riegan suelos en los cuales la marihuana era legal cuando se fundó el Estado, en 1876. Miles de puestos de trabajo dependen de ella. Millones de dólares reporta en
ingresos en concepto de impuestos.
En la última Cumbre de las Américas, realizada en Cartagena de Indias, naufragó la intención de algunos mandatarios, como el colombiano, Juan Manuel Santos, y el guatemalteco, Otto Pérez Molina, de discutir la despenalización de las drogas. Eran alentados por la Comisión Latinoamericana de Drogas y Democracia, encabezada por los ex presidentes Fernando Henrique Cardoso, Ernesto Zedillo y César Gaviria, y Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura.
Los Estados Unidos avisaron, antes del foro regional, que no iban a convalidarla y que, a pesar del funesto saldo de la guerra contra el narcotráfico en México y de las secuelas de ese flagelo en América Central, iban a insistir en el combate contra los cárteles.
La granada amenaza ahora con estallar en sus propias manos.









