Una victoria histórica para Obama, con peros y todo
La decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos de declarar constitucional las partes principales de la Ley de Reforma de la Salubridad fue una victoria de proporciones históricas para el Presidente Barack Obama.
Theodore Roosevelt fue uno de los primeros presidentes en creer que en Estados Unidos debía haber una ley de Salud Pública que les proporcionara un seguro de salud a todos los norteamericanos. Eso fue hace más de 100 años. En el siglo que ha transcurrido muchos trataron y no lo lograron.
Para Obama este fue su gran triunfo. Valida su presidencia. Ya nadie le puede decir que estuvo cuatro años en el poder sin hacer nada significativo.
Sin embargo, la victoria del presidente viene con sus peros, sus dudas, y su posible costo político.
Los peros y las dudas son muchos. Una ley de más de 2,000 páginas que no va a entrar en pleno vigor hasta el año 2014 tiene demasiados acápites que se prestan a interpretaciones y a dudas. En muchos de ellos, el Tribunal Supremo no aclaró, sino que enredó más la cuestión.
Por eso hay que concentrarse en dos puntos: ¿Cómo fue que la Corte Suprema llegó a su conclusión? Y ¿qué consecuencias puede traer esta decisión en los comicios presidenciales de noviembre?
Primero miremos la decisión. Todo el mundo pensaba que la decisión iba a ser de cinco votos contra cuatro, con el magistrado Anthony Kennedy decidiendo a favor o en contra de la ley. Era Kennedy con los cuatro jueces liberales o Kennedy con los cuatro jueces conservadores.
Eso no fue así. En efecto la decisión fue de cinco a cuatro a favor de la constitucionalidad de la ley. Pero el juez que decidió no fue Kennedy sino el presidente del Tribunal Supremo, John Roberts, hasta ahora considerado por todos un juez del ala conservador de la corte.
Un breve aparte; durante las audiencias en el Senador para confirmar a Roberts, el entonces senador Obama votó en contra de su confirmación por considerarlo demasiado conservador. Roberts dijo en aquella oportunidad que él no iba a ser un juez parcializado con la izquierda o con la derecha. Dijo que él sería un árbitro.
En efecto, eso fue lo que hizo la semana pasada. Pero lo hizo en forma inesperada. Su voto, junto con los cuatro tribunales del bando liberal dijeron que la ley era constitucional. Pero la forma que lo hizo molestó a los liberales que se opusieron a su razonamiento antes de votar por su propuesta y a la vez le dio una oportunidad política a los republicanos en las elecciones de noviembre.
Roberts, quien escribiera, la decisión del tribunal dijo que el mandato a que todo el mundo en el país comprara una póliza de seguro o pagara una penalidad violaba la ley del comercio interestatal de la Constitución. Sin embargo, a continuación dijo que si bien no era válida como penalidad, sí era constitucional si se consideraba un impuesto ya que el Congreso tiene la potestad de pasar impuestos.
Esto le puede ocasionar problemas electorales a la campaña de Obama. Por tres años el presidente y sus asesores han insistido que la ley impone una penalidad, no un impuesto. Y se vanaglorian que en sus tres años y medio en la Casa Blanca él no ha pasado ninguna ley que imponga un impuesto a la clase media.
Ya no puede, o no debe decir eso, ya que la constitucionalidad de su victoria histórica tiene como base un impuesto que decenas de miles de estadounidenses tendrán que pagar.
Eso, sin embargo, es menos importante que su victoria. Obama logró algo que ni Franklin D. Roosevelt, ni Harry Truman, ni John F. Kennedy, ni Lincoln B. Johnson, ni Bill Clinton pudieron hacer.
Su logro es histórico y no debe minimizarse. El futuro dirá si en las elecciones le perjudica o ayuda.
Theodore Roosevelt fue uno de los primeros presidentes en creer que en Estados Unidos debía haber una ley de Salud Pública que les proporcionara un seguro de salud a todos los norteamericanos. Eso fue hace más de 100 años. En el siglo que ha transcurrido muchos trataron y no lo lograron.
Para Obama este fue su gran triunfo. Valida su presidencia. Ya nadie le puede decir que estuvo cuatro años en el poder sin hacer nada significativo.
Sin embargo, la victoria del presidente viene con sus peros, sus dudas, y su posible costo político.
Los peros y las dudas son muchos. Una ley de más de 2,000 páginas que no va a entrar en pleno vigor hasta el año 2014 tiene demasiados acápites que se prestan a interpretaciones y a dudas. En muchos de ellos, el Tribunal Supremo no aclaró, sino que enredó más la cuestión.
Por eso hay que concentrarse en dos puntos: ¿Cómo fue que la Corte Suprema llegó a su conclusión? Y ¿qué consecuencias puede traer esta decisión en los comicios presidenciales de noviembre?
Primero miremos la decisión. Todo el mundo pensaba que la decisión iba a ser de cinco votos contra cuatro, con el magistrado Anthony Kennedy decidiendo a favor o en contra de la ley. Era Kennedy con los cuatro jueces liberales o Kennedy con los cuatro jueces conservadores.
Eso no fue así. En efecto la decisión fue de cinco a cuatro a favor de la constitucionalidad de la ley. Pero el juez que decidió no fue Kennedy sino el presidente del Tribunal Supremo, John Roberts, hasta ahora considerado por todos un juez del ala conservador de la corte.
Un breve aparte; durante las audiencias en el Senador para confirmar a Roberts, el entonces senador Obama votó en contra de su confirmación por considerarlo demasiado conservador. Roberts dijo en aquella oportunidad que él no iba a ser un juez parcializado con la izquierda o con la derecha. Dijo que él sería un árbitro.
En efecto, eso fue lo que hizo la semana pasada. Pero lo hizo en forma inesperada. Su voto, junto con los cuatro tribunales del bando liberal dijeron que la ley era constitucional. Pero la forma que lo hizo molestó a los liberales que se opusieron a su razonamiento antes de votar por su propuesta y a la vez le dio una oportunidad política a los republicanos en las elecciones de noviembre.
Roberts, quien escribiera, la decisión del tribunal dijo que el mandato a que todo el mundo en el país comprara una póliza de seguro o pagara una penalidad violaba la ley del comercio interestatal de la Constitución. Sin embargo, a continuación dijo que si bien no era válida como penalidad, sí era constitucional si se consideraba un impuesto ya que el Congreso tiene la potestad de pasar impuestos.
Esto le puede ocasionar problemas electorales a la campaña de Obama. Por tres años el presidente y sus asesores han insistido que la ley impone una penalidad, no un impuesto. Y se vanaglorian que en sus tres años y medio en la Casa Blanca él no ha pasado ninguna ley que imponga un impuesto a la clase media.
Ya no puede, o no debe decir eso, ya que la constitucionalidad de su victoria histórica tiene como base un impuesto que decenas de miles de estadounidenses tendrán que pagar.
Eso, sin embargo, es menos importante que su victoria. Obama logró algo que ni Franklin D. Roosevelt, ni Harry Truman, ni John F. Kennedy, ni Lincoln B. Johnson, ni Bill Clinton pudieron hacer.
Su logro es histórico y no debe minimizarse. El futuro dirá si en las elecciones le perjudica o ayuda.



















