PUBLICADO: Apr, 11, 2013 12:00 am ESTApr 11, 2013 12:00 am EST
SAN FRANCISCO.— Parecían una multitud, que en realidad no eran —en su mejor momento, la manifestación habrá sumado 800 individuos—; pero el reclamo por una reforma migratoria inmediata e inclusiva resonó en la calle principal de ésta, una ciudad de migrantes. Los sanfranciscanos unieron su presencia y sus voces a la movilización nacional que el 10 de abril se realizó en todo el país. Alto a las deportaciones, reunificación familiar, acceso igualitario a servicios de salud, entre otros, fueron los pronunciamientos de los inmigrantes indocumentados y sus aliados. Antes de caminar por la calle Market, rumbo al llamado edificio federal, en la esquina de la avenida Golden Gate y la calle Hyde, un puñado de quienes marcharon, la abogada Almudena Bernabeu y el sacerdote Richard Smith entre ellos, se reunieron con personal de la oficina de la senadora Dianne Feinstein, en el número 1 de la calle Post. Bernabeu mencionó que una pareja de lesbianas, conformada por una ciudadana y una inmigrante sin documentos, planteó su caso personal. Ante el riesgo que una de ellas sea deportada a Brasil, sería óptimo que, contrayendo matrimonio, la ciudadana pudiera extender los beneficios de residencia legal a su pareja. Aun cuando la reforma migratoria se concrete, no es seguro que se otorgará derecho a los gays de extender beneficios migratorios a sus parejas. En San Francisco, que en los años setenta y ochenta fue el epicentro de la lucha a favor de los derechos de la comunidad LGBT (Lesbiana, Gay, Bisexual y Transgénero), esa demanda se tornó protagónica durante la marcha. En Oakland, Berkeley y San José hubo también movilizaciones en reclamo de una reforma migratoria. Por reportes iniciales, la de San Francisco fue la manifestación con mayor número de asistentes. Sindicatos de trabajadores de limpieza —que hace tres años fueron afectados por las llamadas “redadas electrónicas”— y de trabajadores de hoteles, se solidarizaron con las demandas de los inmigrantes. La clase política tuvo escasa presencia. Salvo el encuentro inicial con el equipo de la senadora Dianne Feinstein, John Avalos, un mexicoamericano que es supervisor citadino, fue uno de los pocos funcionarios públicos que se unió a la manifestación. “Es fantástico tomar las calles en defensa de los derechos de las familias inmigrantes y las parejas homosexuales”, comentó Avalos sobre la movilización.