Productores hispanos cultivan la mayoría de fresas en California

Latinos representan dos tercios de los productores de la fruta en el estado.

Rogelio Ponce (centro), junto a sus hijos Rogelio y Steven, en la finca que cultivan en la zona agrícola de Watsonville.

Rogelio Ponce (centro), junto a sus hijos Rogelio y Steven, en la finca que cultivan en la zona agrícola de Watsonville.

Foto: AP
PUBLICADO: EST Jul 17, 2012 1:20 am EST

SALINAS.- Alejandro Ramírez tenía 15 años cuando cruzó la frontera entre EEUU y México para trabajar junto a su padre y su hermano en los cultivos de fresas en California.

Pasó 12 años trabajando para un productor de gran tamaño, vivía con su esposa y su hijo en un garaje y tuvo que aprender de todo, desde quitar malezas a plantar y manejar un tractor.

Ahora, Ramírez es ciudadano estadounidense y emplea a unos 80 trabajadores, todos ellos latinos, y cultiva sus propias fresas en más de 100 acres en Salinas, una de las regiones clave para el cultivo de fresas en California.

"Es mi orgullo", dijo Ramírez una tarde reciente, mirando los campos ondulados cubiertos de hileras bien delineadas de cultivos. "Hace 20 años no tenía nada. Las fresas son mi vida".

Y no es solo su caso. Las fresas les ofrecieron a los latinos más oportunidades de ser propietarios que cualquier otro cultivo. Los latinos hoy representan dos tercios de los productores de fresas de California, donde se cultiva el 90% de todas las fresas del país. La mayoría de los dueños de los demás cultivos principales son personas de raza blanca.

Para la industria de fresas, que representa $2.3 mil millones, es la segunda instancia que un grupo de minoría ha surgido de los cultivos de una manera tan rotunda. Los inmigrantes japoneses se hicieron cargo de la industria a medida que aumentaba su número, al comienzo del siglo XX.

Al igual que los japoneses, muchos productores latinos son exrecolectores o hijos de los trabajadores agrícolas que con su trabajo lograron arrendar o ser propietarios de tierra.

Como las fresas pueden cultivarse en parcelas pequeñas casi todo el año, y dan más fruto y ganancias por acre que casi cualquier otro cultivo, es fácil para los inmigrantes comenzar su negocio, señaló Hal Johnson, que ha creado variedades de fresas desde 1955 para los transportistas-productores más grandes de fresas en California.

"No existe casi ningún otro cultivo que le permita al recolector promedio, si trabaja con ahínco, convertirse en productor", señaló Johnson. "Si el recolector sabe organizarse y reúne a otros recolectores, puede crear su pequeño imperio".

Previo a la Segunda Guerra Mundial, los inmigrantes japoneses producían más del 90% de las fresas de California. Pero las enfermedades de las plantas y de la tierra agotaron sus ganancias y la guerra detuvo la industria casi por completo, cuando el gobierno de EEUU obligó a los productores japoneses a permanecer en campos de reclusión.

Después de la guerra, con la ayuda de los pesticidas que contribuyeron a eliminar las enfermedades y los investigadores como Johnson que crearon mejores variedades, la industria de fresas de California alcanzó su auge. Más recientemente, el aumento en la demanda de los consumidores de frutas frescas y orgánicas conllevó a los productores a aumentar la cantidad de acres dedicados a las fresas.

Muchos de los productores después de la guerra eran braceros hispanos, trabajadores agrícolas que llegaron al país por un contrato con el gobierno, y otros trabajadores mexicanos inmigrantes, señaló Johnson."Vieron el potencial e hicieron todo por alcanzarlo", dijo.

Francisco Ponce, quien emigró a California desde México en la década de 1950 para cultivar uvas y verduras. Pronto comenzó a plantar fresas en cuatro acres de Watsonville, donde pagaba una porción de sus cultivos por concepto de arrendamiento.

Su hijo, Rogelio Ponce Sr., creció entre las fresas y más tarde trabajó para un productor de gran tamaño, donde llegó a ocupar el puesto de encargado. Hace 20 años, vendió el hogar de su familia y con un socio comenzó a cultivar fresas en 25 acres.

Ahora sus dos hijos, Rogelio Ponce Jr. y Steven Ponce, ambos con estudios universitarios, trabajan junto a su padre. La familia cultiva 80 acres de fresas tradicionales y 20 acres de fresas orgánicas, así como también 50 acres de frambuesas en un terreno donde su abuelo materno, un bracero, en su momento trabajó como supervisor en un huerto de manzanas.

Los hijos también participan en una sociedad para la producción de fresas, donde cultivan otros 90 acres. Entre las dos empresas, los Ponce emplean a más de 300 trabajadores. La familia vende sus fresas a unos de los transportistas-productores más grandes de California.

"Lo primero que nos enseñó nuestro padre fue que las fresas pueden ser un buen negocio", dijo Steven Ponce. "No hizo muchísimo dinero, pero ha sido estable todos estos años. Fue mejorando poco a poco, y es así como nosotros adquirimos nuestra ética laboral. Cuando examinamos todo lo que nuestro padre logró, nos damos cuenta que somos muy afortunados. Fue un gran riesgo".

No todos los productores de fresas que son latinos prosperan. Algunos trabajan tierras donde pagan una porción de sus cultivos por concepto de arrendamiento, y quedan atrapados en situaciones financieras que los hunden en la deuda, dice Mike Meuter, abogado de la Oficina de Asesoramiento Legal Rural de California en Salinas.

Y a pesar del influjo de productores latinos, dijo, los trabajadores agrícolas, cuya mayoría son inmigrantes ilegales de México, continúan recolectando fresas como lo hacían desde hace varias décadas, y muchos de ellos trabajan demasiado y reciben una paga muy baja.

A veces son llamados a convertirse en productores gracias a las empresas de fresas que tradicionalmente refrigeran, comercializan, venden y transportan las fresas. Algunas de estas empresas también arriendan tierras a trabajadores agrícolas o les prestan dinero para cubrir los costos operativos, aunque con frecuencia cobran tasas de interés muy altas. A cambio, los trabajadores convertidos en productores deben vender sus fresas a las empresas que los patrocinaron, a menudo a precios por debajo del mercado.Muchos de los productores no hablan inglés y no entienden su contrato hasta que es demasiado tarde.

Ramírez, que cultiva fresas en Salinas, casi perdió su negocio luego de haber sido financiado por una de estas empresas. Su padre cultivaba fresas en México, pero tuvo dificultades e hizo pasar a Ramírez por la frontera, para que su hijo pudiera ayudar a pagar las deudas de la familia.

En 1986 Ramírez cumplió con los requisitos para recibir la amnistía, como trabajador agrícola. Estuvo empleado por un importante productor de fresas durante 12 años, donde adquirió varias habilidades."Nunca me contenté con un trabajo fácil", dijo Ramírez. "Cuando quitaba malezas, soñaba con cultivar fresas. Cuando cultivaba, soñaba con manejar un tractor. Pedía constantemente a mis supervisores que me dieran nuevas oportunidades. Tenía la ambición de hacer algo mejor".

Con la ayuda de dos hermanos, que también trabajaban en California, Ramírez comenzó a cultivar fresas en unos pocos acres en el año 1995. Recibió financiación de una empresa productora de fresas que lo obligó a hacer pagos y a entregar todos sus cultivos. Se endeudó rápidamente y tuvo que pedirle dinero a familiares, amigos y a los bancos para mantenerse a flote.

"Los primeros años fueron muy difíciles", dijo. "Luchaba para pagar el alquiler".

Con el tiempo dejó la empresa, comenzó a cultivar fresas para una cooperativa de gran tamaño y saldó sus deudas. Su hijo, Alejandro Jr., estudia agricultura en la universidad y piensa trabajar con su padre en el negocio de las fresas.

Los productores latinos dicen que tener raíces en el mismo país y hablar el mismo idioma que los trabajadores agrícolas es de gran ayuda.

"Es mucho más fácil relacionarme con mis trabajadores", dijo Peter Navarro, cuyo padre emigró de México en la década de 1950 y comenzó a cultivar fresas en 10 acres. Ahora Navarro cultiva 140 acres en Watsonville.

"Conozco las condiciones de vida en México", dijo Navarro. "Mi padre también era muy pobre. Sus orígenes modestos siempre me recuerdan que debo tratar bien a los trabajadores..

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