Peligroso vivir en territorios que se disputan las pandillas
Más conflictos pandilleriles en límites territoriales
Foto: Emilio Flores / La Opinión
La Cuatro Flags, cuya mala reputación creció en 2009, cuando la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) colocó a uno de sus miembros, José Luis Sáenz, en la lista de los diez fugitivos más buscados, suele meterse en problemas cruzando hacia el lado oeste de la carretera o protegiendo su frontera invisible.
Así fueron asesinados Vargas y Orozco, el 3 de abril y el 7 de junio, respectivamente. Los homicidio ocurrieron a menos de media milla de distancia uno del otro, apenas divididos por la 101.
Los límites territoriales de la Cuatro Flag, como los de otras 12 pandillas que operan en Boyle Heights, son los lugares más violentos de ese vecindario, algo que podría repetirse en otros sitios, concluye un estudio de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), que se basó en el modelo matemático que desde hace 80 años determina el rango de caza de animales salvajes.
Dicho método científico se usó por el argumento de que la manera como la pandillas marcan sus territorios, los defienden o invaden a otros, es muy parecida a la que emplean los leones y las abejas.
"Suena radical pero de alguna manera no lo es, si piensas que los animales viven en mundos determinados por espacios y los humanos pueden comportarse de la misma manera", comentó Jeffrey Brantingham, autor del estudio y profesor de antropología de UCLA.
Uno de los hallazgos del reporte fue que el 83% de las balaceras, ataques con arma mortal y homicidios donde estuvieron involucrados pandilleros de Boyle Heights se registraron a sólo tres cuadras de estos límites geográficos, que cambian constantemente según el nivel de violencia.
"Quisimos saber cuál es la relación entre los territorios de las pandillas y la distribución de la violencia. Nuestras observaciones concluyen que la violencia se concentra alrededor de los límites territoriales de las pandillas", abundó Brantingham.
Actualmente, las agencias del orden asignan los terrenos de las pandillas basadas en el grafito o en los lugares donde sus miembros pasan el rato. En estos mapas, las calles, parques o canchas de escuelas juegan un papel determinando de suma importancia.
El análisis de UCLA precisa que, contrario a lo que podría suponerse, el lugar más peligroso no es el interior de una zona dominada por una banda, sino la división geográfica entre dos grupos rivales o los sitios donde se dedican a la distribución de narcóticos, por ejemplo, los lotes abandonados.
El objetivo de la investigación es que, usando este método, las corporaciones policiacas sepan hacia dónde dirigir los interventores de pandillas, programas y agentes.
"Los mapas de los territorios de las pandillas proporcionan a la Policía una mejor comprehensión decómo asignar los recursos", señala George Tita, coautor del estudio y catedrático de criminología de la Universidad de California en Irvine. "Así que averiguar el método más exacto es muy importante para el despliegue efectivo de las fuerzas del orden", añadió.
En Boyle Heights, un barrio de 6.5 millas cuadradas y con 92,000 habitantes, la gran mayoría de origen hispano, operan unas 29 pandillas (el estudio observó a 13), que a menudo rompen la tranquilidad de las comunidades aledañas a las cuatro carreteras que cruzan por su jurisdicción: 5, 10, 60 y 101.
Uno de los lugares más conflictivos del vecindario, según fuentes policiacas, es precisamente el puente sobre la autopista 10 que conecta con el complejo de vivienda pública Ramona Gardens, donde domina la pandilla Hazards, que tiene lazos con la Mafia Mexicana. La carretera es su frontera sur.
Anita Ortega, comandante de la estación Hollembeck, que vigila el barrio de Boyle Heights, no quiso comentar sobre el reporte de UCLA, al considerar que está basado en crímenes que ocurrieron entre 1999 y 2002. "El comportamiento de las pandillas ha cambiado en los últimos diez años", indicó.
"En los últimos tres años hemos visto una disminución del crimen", agregó Ortega.
Brantingham mencionó que decidieron no usar datos recientes para hacer un análisis más preciso y extenso, que les permitiera confirmar la filiación delictiva de víctimas y sospechosos. "Hacerlo con información nueva nos tomaría varios años más", justificó.
Los investigadores aseguran que el comportamiento defensivo de las bandas se repite en otras ciudades. Este caso ocurrió en Pico Rivera hace ocho años: a una cuadra al norte del bulevar Washington, fuera de sus terrenos, un pandillero de la "Rivera 13", Anthony García, asesinó a balazos a un integrante de la banda "Pico Nuevo", la más numerosa de ese municipio.
En algunos casos, los crímenes relacionados con pandillas han ocurrido por defender el negocio de la venta de drogas, pero en otros, para ganar reputación, resalta el estudio de UCLA.
"Las evidencias sugieren que el grado de competencia no es extremo, que sólo es necesario una poca cantidad de ofensas entre pandillas para formar nuevos territorios", dijo Brantingham.


















