La buena alimentación no toma vacaciones
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El verano es el momento ideal para descansar de las obligaciones que hemos mantenido por meses. Pero cuidado, que algo que no podemos desatender durante esta época es la dieta familiar. Se acaba el año escolar y le damos la bienvenida a casi 90 días en los que nuestros hijos disfrutarán de un merecido descanso. Muchas familias se despiden del desagradable sonido del despertador y del cumplimiento de rutinas, horarios y deberes.
Llega el relax, los paseos y con ello se hace más habitual comer fuera de casa, por lo que en el menú diario se torna en recurrentes pizzas, hamburguesas, helados y comida chatarra en general. Alimentos poco nutritivos y altamente calóricos, que contribuyen al aumento de la obesidad infantil en Estados Unidos, que en la actualidad afecta a nueve millones de niños y adolescentes, según cifras de la Asociación Americana de Pediatría.
Por eso, el llamado de los especialistas es a no descuidar los hábitos alimenticios durante las vacaciones. Para Norma Korpics, nutricionista, una de las claves para que los niños mantengan una dieta balanceada durante este período, es enseñarles que "hay comidas que deben ser ocasionales y no permanentes, como los helados y las galletas, es decir, que se pueden comer de vez en cuando, pero no todo el tiempo". Para ella lo fundamental es poner énfasis en el consumo de "comida natural, como frutas, verduras y proteínas y evitar los alimentos que sean altamente procesados".
Llega el relax, los paseos y con ello se hace más habitual comer fuera de casa, por lo que en el menú diario se torna en recurrentes pizzas, hamburguesas, helados y comida chatarra en general. Alimentos poco nutritivos y altamente calóricos, que contribuyen al aumento de la obesidad infantil en Estados Unidos, que en la actualidad afecta a nueve millones de niños y adolescentes, según cifras de la Asociación Americana de Pediatría.
Por eso, el llamado de los especialistas es a no descuidar los hábitos alimenticios durante las vacaciones. Para Norma Korpics, nutricionista, una de las claves para que los niños mantengan una dieta balanceada durante este período, es enseñarles que "hay comidas que deben ser ocasionales y no permanentes, como los helados y las galletas, es decir, que se pueden comer de vez en cuando, pero no todo el tiempo". Para ella lo fundamental es poner énfasis en el consumo de "comida natural, como frutas, verduras y proteínas y evitar los alimentos que sean altamente procesados".
Atención al comer fuera de casa
Las visitas a los restaurantes y a las cadenas de comida rápida son otros de los panoramas que aumentan durante esta época del año y según la especialista los padres tienen la responsabilidad de detenerse y pensar antes de ordenar la comida para sus hijos. "No entiendo por qué mucha gente piensa que por comer fuera hay que darle a los niños solamente papas fritas y hot dogs, si se pueden escoger opciones mucho más saludables", comenta Korpics. Aconseja que lo mejor es evitar el menú de niños, pues son comidas muy procesadas, con demasiadas calorías y elevadísimos niveles de sodio. "Yo jamás ordeno comida del kids menu, porque abundan las hamburguesas y los nuggets de pollo. Es mucho mejor compartir con los niños un plato de adultos, pues así se puede escoger pollo o pavo, con puré de papas y vegetales como broccoli y espárragos, que es una muy buena opción". Añade que otra alternativa son las pastas, aunque hay que fijarse que estén preparadas con quesos naturales, que aporten calcio y proteínas. Lo importante, según ella, es que los niños aprendan desde pequeños que comer fuera no es sinónimo de ingerir únicamente comida chatarra, sino que "hay que mostrarles que existen opciones mejores y más saludables que las french fries".
¿Agua, jugo o refresco?
Además de toallas y bloqueadores solares, generalmente los paseos a la playa y a la piscina van acompañados por una hielera donde trasladamos una gran cantidad de papitas, sodas y galletitas, que están repletas de calorías vacías, es decir, que engordan y no nutren. Por eso, a la hora de decidir qué alimentos llevar para compartir con la familia, es necesario optar por lo s que sean más saludables, pero no por esto menos entretenidos. "Unos buenos snacks para el verano son los palitos de queso, que pueden ser envueltos con jamón de pavo y quedan deliciosos. También los paquetitos de galletas integrales, que pueden sustituir a los chips y son mucho más sanos", indica Norma.
Es igualmente importante pensar en qué bebidas vamos a adquirir, ya que es fundamental mantenernos bien hidratados para soportar el calor y las altas temperaturas. Sin lugar a dudas, la mejor alternativa siempre es el agua, que hidrata y purifica el organismo, aunque la nutricionista explica que si los pequeños son muy activos, se les puede ofrecer jugo ocasionalmente. Eso sí, las sodas quedan totalmente descartadas. "Las gaseosas no me gustan para nada, ni tampoco las dietéticas, pues aunque están libres de calorías, tienen endulzantes artificiales que son químicos y que creo personalmente que los niños no los deben ingerir siendo tan chiquitos", concluye la especialista.
¿Agua, jugo o refresco?
Además de toallas y bloqueadores solares, generalmente los paseos a la playa y a la piscina van acompañados por una hielera donde trasladamos una gran cantidad de papitas, sodas y galletitas, que están repletas de calorías vacías, es decir, que engordan y no nutren. Por eso, a la hora de decidir qué alimentos llevar para compartir con la familia, es necesario optar por lo s que sean más saludables, pero no por esto menos entretenidos. "Unos buenos snacks para el verano son los palitos de queso, que pueden ser envueltos con jamón de pavo y quedan deliciosos. También los paquetitos de galletas integrales, que pueden sustituir a los chips y son mucho más sanos", indica Norma.
Es igualmente importante pensar en qué bebidas vamos a adquirir, ya que es fundamental mantenernos bien hidratados para soportar el calor y las altas temperaturas. Sin lugar a dudas, la mejor alternativa siempre es el agua, que hidrata y purifica el organismo, aunque la nutricionista explica que si los pequeños son muy activos, se les puede ofrecer jugo ocasionalmente. Eso sí, las sodas quedan totalmente descartadas. "Las gaseosas no me gustan para nada, ni tampoco las dietéticas, pues aunque están libres de calorías, tienen endulzantes artificiales que son químicos y que creo personalmente que los niños no los deben ingerir siendo tan chiquitos", concluye la especialista.



















