Algunos clérigos no ven con buenos ojos a ninguno de los dos candidatos; ni a un mormón, ni a uno que apoya al matrimonio entre homosexuales, así que han pedido a sus fieles que mejor se queden en casa el día de las elecciones. El mensaje es preocupante para Barack Obama, el primer presidente afro-americano, que no puede darse el lujo de perder un solo votante en una carrera que se perfila como cerrada.
Estos pastores dicen que sus fieles se preguntan cómo es que un verdadero cristiano puede apoyar el matrimonio entre dos personas del mismo sexo, como lo expresó Obama en mayo. En lo que respecta al candidato republicano Mitt Romney, el primer mormón nominado a la presidencia por un partido principal, los creyentes se cuestionan la teología de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y su negación a aceptar que hombres de descendencia africana se conviertan en sacerdotes.
En 2008, Obama ganó el 95 por ciento de los votantes afro-americanos y se espera que reciba otra vez un apoyo mayoritario de esa comunidad. Sin embargo, la pérdida de votos, aunque sean unos cuantos, puede afectarlo negativamente.
"Cuando el Presidente Obama hizo pública su posición en cuanto al matrimonio homosexual, creo que puso una duda en nuestras mentes sobre la dirección por la que llevaría al país", dijo el Reverendo A.R. Bernard, fundador del Centro Cultural Cristiano en Nueva York, que es mayoritariamente afro-americano. Bernard, cuyo apoyo es muy solicitado en Nueva York y más allá de Nueva York, votó por Obama en 2008. Hoy, dice no estar seguro por quién votará este año.
Aún no está claro qué tan extendido es el sentimiento de que los cristianos afro-americanos harían mejor no votando. Muchos pastores han dicho que pese a sus dudas sobre los candidatos, el electorado negro ha luchado tanto tiempo por su derecho a voto, que les resulta muy difícil abstenerse.
Los líderes religiosos afro-americanos han lanzado iniciativas para que sus seguidores salgan a votar y expresen su voz acerca de una serie de temas, incluyendo la proliferación de leyes electorales que exigen una identificación con foto para votar; algo que los críticos alegan discrimina en contra de las minorías.